Muchos se preguntarán qué significa Hasbará, otros ya lo saben. Para el estado terrorista colonial de Israel la Hasbará es una dependencia oficial directa del Primer Ministro. Su objetivo es justificar los crímenes del país judío. Utilizan todos los medios a su disposición para transmitir su mensaje de odio hacia el pueblo palestino. Su mensaje central es que los judíos son buenos y todos los que se oponen a ellos son malos.

Tienen voceros en todos los grandes medios de comunicación occidentales, cuyos dueños y directivos casualmente también son judíos. Además poseen agentes pagados para involucrarse en debates y discusiones por internet. Están entrenados para responder las dudas más comunes sobre la legitimidad de la invasión sionista en base a un manual de mentiras y medias verdades armado por embaucadores profesionales.

Para ellos el pueblo palestino nunca existió, no existe y no existirá, esto a pesar de que los filisiteos, también llamados palestinos por los romanos, son mencionados hasta en la Biblia. De todos modos, sea como sea que se llamen, esa gente si que existe y durante mucho tiempo ocupó pacíficamente el territorio que hoy los judíos quieren arrebatarles a bombazos mientras les quitan el acceso a medicamentos, alimentos y agua.

Si hasta hoy los palestinos siguen vivos es porque los judíos tienen miedo de ser abiertamente descubiertos en sus mentiras. No los matan a todos porque saben que esto generaría el rechazo inmediato del mundo entero. Pero lo que a diario hacen los judíos en Israel no es menos atroz. El constante maltrato al que son sometidos los palestinos, las vejaciones, la opresión y las muertes han provocado rechazo y protestas.

Piedras lanzadas contra tanques blindados y cohetes inocuos propulsados por fertilizantes son la mayor amenaza contra Israel. Pero según la Hasbará todos los palestinos son terroristas, los niños más pequeños son especialmente peligrosos, y todas las mujeres deben ser castigadas por ser madres de extremistas violentos. Cualquier matanza, tortura y abuso judío queda así explicado y perdonado.

Tanto es el descaro de Israel que sus esbirros han llegado a afirmar que todo el sufrimiento palestino que vemos a diario es un montaje armado para las cámaras. En 2005 el activista pro-israelí Richard Landes publicó un video titulado Pallywood, donde se embarca en enrevesadas teorías conspirativas destinadas a convencer sobre la supuesta falsedad de toda foto o video que muestre la brutalidad judía.

En dicho video se habla de Adnan Hajj, quien trabajaba como fotógrafo para Reuters. De las 920 fotografías que había tomado se demostró que dos habían sido torpemente modificadas, y fue despedido. En una se mostraba un avión israelí lanzando tres proyectiles en lugar de uno, en la otra, que muestra los efectos de un bombardeo, se había modificado la forma del humo sobre las viviendas.

En realidad las fotografías sin retoques son bastante elocuentes, y en particular la imagen original de las columnas de humo sobre Beirut es mucho más dramática que la foto modificada. Pero lo más deplorable sobre el documental, y que muestra la clase de psicópata que es Richard Landes, es que quiere hacer pasar por falsos hechos comprobados y verdaderos como la muerte del niño Muhammad al-Durrah.

El 30 de setiembre de 2000 Muhammad al-Durrah, de 12 años de edad, fue acribillado por soldados israelíes mientras se escondía detrás de su padre. Su cadáver fue sepultado públicamente, su padre fue hospitalizado y existen registros médicos verificables. Pero los judíos insisten en que todo fue actuado o que en todo caso el padre colocó a su hijo intencionalmente frente a las balas para luego hacer quedar mal a los hebreos.

Cuando la policía fronteriza israelí asesinó a dos palestinos en 2014 en Beitunia todo fue captado por cámaras de seguridad. Entonces también se habló de engaño, farsa y actuación, aunque pronto se comprobó que los jóvenes realmente murieron en el incidente. Frente a las indiscutibles pruebas del crimen las autoridades judías no tuvieron más opción que encerrar a los culpables para guardar las apariencias.

Algunos sionistas muestran como prueba de fraude el que los grandes medios occidentales informan sobre sucesos distintos con imágenes de las mismas personas en un mismo lugar. Pero las personas allí retratadas realmente sufren, lloran y mueren sin importarles que en la foto salgan etiquetados como palestinos, sirios o afganos. En todo caso la culpa es de los medios que colocan la primera toma que encuentran.

Resulta ridículo pensar que los palestinos deban armar un falso escenario para inculpar a los judíos. Como si fuese imposible conseguir imágenes que demuestren el odio visceral y genocida de los hebreos. Existen cientos de escenas reales y comprobadas que muestran las continuas atrocidades cometidas por los israelíes.

Dispararle a un prisionero atado y vendado, usar a un niño como escudo humano, golpear salvajemente a un estudiante en un puesto de control, dejar a una mujer herida de muerte mientras soldados israelíes destrozan su casa, ancianos golpeados brutalmente por colonos judíos. Todo registrado por las cámaras y categóricamente confirmado sin lugar a dudas. Entonces ¿a quién debemos creerle?

Fuentes: Ibrahim Ibn Yusuf / +972 magazine / Wikipedia

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