La imagen de los atentados (de falsa bandera) del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York permanece en la mente de millones de personas alrededor del mundo. La mayoría de norteamericanos aun piensan que su mayor enemigo es el terrorismo islámico. Miedo que se ve alimentado por películas, noticias y documentales manipulados.

Las estadísticas demuestran que la mayoría de atentados terroristas no son perpetrados por musulmanes. Los ataques terroristas dentro de la Unión Europea realizados por motivos religiosos no superaron el 2% entre los años 2009 y 2013. Y esto incluye no solo a los musulmanes sino a todos los cultos y credos.

Según la Europol la gran mayoría de atentados en la Unión Europea son realizados por organizaciones separatistas. Estamos hablando de más del 55% en 2013 y hasta el 76% en 2012. Grupos como el Frente de Liberación Nacional de Córcega que en diciembre de 2013 atacó con cohetes dos estaciones de policía en Francia.

Les siguen de cerca los militantes de izquierda, en 2013 fueron acribillados dos miembros del partido político Amanecer Dorado. Los asesinatos fueron reivindicados por comunistas anti-fascistas. En Italia la Federación Anarquista Italiana se ha visto involucrada en numerosos ataques que incluyen enviar bombas a periodistas.

En los Estados Unidos los atentados islamistas se encuentran muy por detrás de otros grupos terroristas. Según el FBI solo el 6% de atentados entre 1980 y 2005 fueron realizados por musulmanes. Siendo superados ampliamente por pandillas latinoamericanas, extremistas de izquierda y grupos judíos.

Tampoco se habla del terrorismo budista que ha aniquilado a cientos de civiles musulmanes en Birmania. O del 15 de junio de 2014, cuando una turba de budistas liderados por miembros del Bodu Bala Sena atacó los hogares y negocios de los musulmanes en Ceilán. El incidente culmino con alrededor de 50 heridos y 4 mahometanos muertos.

El terrorismo judío es el peor de todos, desde la edad media en que envenenaban pozos y asesinaban niños inocentes con el único propósito de satisfacer su odio hacia los europeos, hasta nuestros días en que aniquilan miles de civiles con sus guerras en todo el mundo y se divierten masacrando a mujeres y niños palestinos.

En 2013 fueron provocados por colonizadores judíos 399 actos de vandalismo contra pobladores palestinos, incluyendo tortura y asesinato. El 31 de julio de 2015 el niño palestino Ali Dawabsheh fue quemado vivo mientras sus asesinos escribían cerca del crimen un graffiti con la palabra “venganza” acompañada de una estrella de David.

Pero el terrorismo judío también ataca a los cristianos. El 26 de febrero de 2015 el seminario ortodoxo griego de Jerusalén fue atacado y en sus muros quedó inscrito en hebreo: “Jesús es una puta”. Basta decir que en 2013 aproximadamente el 23% de ataques terroristas judíos fue dirigido contra los seguidores de Jesucristo.

Y los cristianos no se quedan atrás. En los Estados Unidos se han registrado 8 asesinatos y 17 intentos de asesinato, 42 bombas, 181 incendios, y cientos de tentativas similares desde 1977 contra clínicas abortivas que practican el asesinato de niños no nacidos. En 2010 una de cada cinco clínicas abortistas fue atacada.

Si hablamos de musulmanes… es mucho más probable morir en un accidente de tránsito, por una negligencia médica, incluso aplastado por tu refrigerador, antes que morir en un atentado terrorista perpetrado por islamistas, como nos han hecho creer los judíos y sus medios de manipulación.

El primer objetivo de los judíos al presentar a los musulmanes como los más terribles terroristas de la humanidad es simple: que la mayoría del mundo occidental los apoye en la invasión de sus vecinos países árabes. Para ello han montado un escalofriante teatro que muestra a todo seguidor del Corán como portador de una bomba.

A parte de generar caos en medio oriente y así permitir el dominio hebreo, otro de los propósitos al sobrevalorar el impacto del terrorismo religioso, ya tal vez el más peligroso por ser el menos evidente, es el progresivo recorte de la libertad y la privacidad de los ciudadanos con el pretexto de la seguridad nacional.

En verdad los musulmanes, como cualquier otro inmigrante, solo se dedican a parasitar los sistemas de beneficencia. Y como siempre terminan vendiendo drogas, prostituyendo a sus mujeres, y asaltando a la gente blanca. Todo el histrionismo sobre la amenaza del terrorismo islámico es solo teatro pro-sionista.

La mayoría de muertes por terrorismo, en todo el mundo, se deben a la intervención del ejército norteamericano (controlado por el lobby judío), y a atentados judíos de falsa bandera perpetrados bajo la fachada de grupos yihadistas, como Al Qaeda o DAESH, creados por los servicios sionistas de inteligencia (CIA y Mossad).

Es sabido que las tierras invadidas por norteamericanos o por supuestos grupos islamistas, muchas de ellas ricas en petróleo y minerales, terminan en manos de comerciantes judíos que las adquieren a muy bajos precios. Además estas guerras impulsan a muchos musulmanes a emigrar a Europa e invadir nuestra tierra.

El control mundial avanza cuando vemos cómo son magnificados por la prensa nuevos atentados yihadistas de falsa bandera. Esto a pesar de que miles de cámaras en la calle y en establecimientos públicos vigilan todos nuestros movimientos mientras los gobiernos pro-sionistas nos siguen por internet y por las redes de telefonía móvil.

¡El miedo debe ser desterrado! Debemos entender que al hablar de terrorismo islámico estamos apoyando el expansionismo y la supremacía judía. Los musulmanes son tan desagradables como lo son gitanos, orientales y sudacas. Pero no por eso debemos temerles ni pensar que son terroristas. El verdadero enemigo es el judío.

Fuentes: The daily beast / Think progress

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