Nos dicen que somos libres, pero nos adoctrinan mediante sus medios de comunicación. Podemos mostrar nuestra sexualidad sin tabúes, y cualquiera puede gritar hinchado de narcisismo que es marica o puta, pero al mismo tiempo estamos obsesionados con el sexo, lo que nos convierte en objetos y limita nuestro desarrollo integral.

Como el ladrón inconsciente que feliz por su gran robo quiere contárselo a todos, sin darse cuenta que a la mayoría de personas no les gusta que les roben. Así actúan los modernos liberados sexuales, con sus marchas y exhibicionismo. Y entonces, ante el rechazo, su excesiva necesidad de admiración busca excusas.

No es verdad que las mujeres ahora tengan más poder por exhibirse públicamente. Ellas no tienen ningún poder real. Solo siguen ideas impuestas por la élite judía. Presentar a la mujer como objeto sexual es una estrategia deliberada y constantemente aplicada por ellos en la publicidad y el negocio del entretenimiento.

El principal motivo por el que se usan el erotismo y la pornografía como medios de manipulación social es porque el sexo es sumamente adictivo. Cualquier escena que muestre sexo explícito genera rápidamente grandes cantidades de dopamina en el cerebro que produce una sensación inmediata de placer.

Al convertir el sexo en una adicción de masas se transforma también la sociedad. Como en cualquier otra enfermedad por dependencia, los adictos al sexo muestran desinterés por su entorno social, y son capaces de aceptar cualquier cosa, incluso la esclavitud, para satisfacer sus vicios.

Pero eso no es todo, el sexo como actividad puramente mecánica y desligado de su dimensión psicológica hace que el enfermo sexual genere carencias emocionales y afectivas, por lo que buscará satisfacer sus necesidades acudiendo al prostíbulo o a la pornografía, que paradójicamente son la causa de sus problemas.

La pornografía destruye a la familia porque, en lugar de ver al otro como persona real, compleja y llena de matices afectivos y conductuales, nos hace ver al otro como un simple objeto. Esto ha generado gran cantidad de divorcios y la destrucción del modo de vida occidental. Y los culpables son siempre los mismos.

La mayoría de prostitutas que aparecen en los videos pornográficos son judías, la mayoría de hombres que participan en estos videos son también judíos. Desde los camarógrafos hasta los directores y productores, son todos judíos. La pornografía es un negocio judío. Y los judíos se sienten orgullosos de esta miseria.

Sin embargo casi la totalidad de participantes en este sórdido negocio han reconocido que para realizar las más duras grabaciones de sexo explícito deben estar ebrios o drogados. La frustración y depresión producto de este estilo de vida ha llevado al suicidio a cientos de actores y actrices.

Las estrellas porno mueren, en promedio, a los 36 años. 208 actores porno han muerto de sida, drogas, suicidio y homicidio el 2014. El 66% de ellos tiene Herpes incurable. Hay 2,396 casos de Clamidia y 1,389 casos de Gonorrea reportados desde 2004. Y el 70% de enfermedades de transmisión sexual ocurren en mujeres.

Los judíos participan en esto porque así lo manda su tribu. Pero ellos también quieren imponer su sórdido estilo de vida a la gente blanca. En 2003 la American Academy of Matrimonial Lawyers registró que el 58% de divorcios fueron el resultado de la adicción a la pornografía de los maridos. ¿Acaso desean extinguir la raza blanca?

La pornografía introduce anti-valores que destruyen a nuestro pueblo generando comportamientos antinaturales contrarios a nuestra supervivencia. Además, la obsesión por el sexo, que es una enfermedad mental muy común entre judíos, es utilizada para ensimismar a la población no-judía y así esclavizarla fácilmente.

¡Debemos rechazar esta basura judía para vivir de manera digna y honorable como verdaderos hombres blancos!

Fuentes: Diario Público / Familias / Metapedia / Pink Cross / Wikipedia

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