He visto cómo desde hace varios años, y en particular desde plataformas virtuales, se han comenzado a difundir conceptos que debido a sus ideales resultan muy llamativos para los que aun creemos en la verdad y el honor.

Estos grupos defienden, al igual que nosotros, valores tradicionales como la solidaridad opuesta al egoísmo individualista. Y reconocen que no todos somos iguales, por lo que los mejores deben guiar a los menos favorecidos.

También luchan contra conceptos políticos como la democracia y su capitalismo explotador impregnado de falsas ideas progresistas y liberales prestadas del ya obsoleto y fracasado comunismo.

Presentan posturas contrarias al padecimiento psiquiátrico conocido como homosexualismo, y rechazan el asesinato deliberado de niños inocentes llamado aborto. Incluso llegan a criticar la masonería.

Lo que muy pocos dicen es que la masonería es la herramienta social de los judíos destinada a manipular a los grupos de poder en todo el mundo, y así poder imponer todo lo que estos nuevos grupos dicen rechazar.

Pero su principal carencia es la absoluta falta del concepto de raza, la cual es reemplazada por idearios nacionalistas que ciertamente rechazan también la inmigración, pero por motivos equivocados.

Este nacionalismo no es para nada malo, e incluso es especialmente bueno si se trata de naciones homogéneas donde la raza predominante es blanca. Aun a pesar del riesgo que implica separar raza de nación.

Pero en países que han sufrido la devastación del mestizaje el panorama es aun peor, ya que muchos comienzan a identificar la patria con un ente multicultural creado por todos, incluyendo razas parasitarias que nada aportan.

Los datos científicos y la experiencia cotidiana nos muestran que la raza amarilla no siente amor ni empatía, que los negros son impulsivos y torpes, y que los amerindios, hindúes y semitas son razas mestizas.

Muy pocos mestizos heredan lo mejor de sus padres, por lo que las naciones mestizas suelen ser iguales o peores que las negras o amarillas. Por lo que cabe la pena preguntar: ¿pueden otras razas comportarse como blancas?

La respuesta es que no. Y por lo tanto, por más buenas que sean las intenciones de estos grupos nacionalistas, fascistas, de derechas, o como se quiera llamarlos, la verdad es que si no defendemos nuestra raza todo fracasa.

No es posible respetar la verdad, el honor, ni los valores tradicionales de nuestros antepasados a menos que lo llevemos en la sangre. La raza no es solo el color de la piel sino nuestra actitud frente al mundo.

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