Muñecas gordas, mestizas y feas para las niñas blancas. Ídolos deportivos o musicales de origen negro y judío para los adolescentes blancos. Y todo forma parte de un complot contra la raza que más ha aportado a la humanidad.

Existe una perversa tendencia, de origen oriental, promovida principalmente por judíos adeptos al marxismo cultural y al pensamiento políticamente correcto, que viene destruyendo nuestra cultura y nuestra raza.

Se pueden trazar sus orígenes en las filosofías panteístas de chinos e hindúes, pero solo se le percibe de manera exacerbada entre los primeros cristianos. Y hoy en día también resurge dentro del cristianismo moderno.

Apartado del ideal europeo que propugna el reconocimiento de los individuos en base a sus cualidades innatas y sus méritos adquiridos, el igualitarismo pretende que todos sean tratados de igual modo sin importar lo que hagan.

Una persona sorda no puede ser tratada como un experto músico que reconoce las notas de cualquier instrumento con solo oírlas. No sería ético maltratar ni al sordo ni al músico, pero objetivamente no son iguales.

Si un hombre se dedica a la delincuencia y al vicio, en tanto que otro es responsable y trabajador, pues el primero deberá ser de algún modo controlado para que no dañe a la sociedad, en tanto que el otro deberá ser premiado.

Un hombre obeso o una mujer anoréxica no pueden ser modelos de vida saludable, pero deben ser animados si la persona gorda trabaja para bajar de peso y la anoréxica reconoce su enfermedad y lucha contra ella.

Un negro no puede ser modelo de vida civilizada, y un judío no puede ser confiable. Pero si el negro se esfuerza por adaptarse y el judío abandona su resentimiento, entonces ellos deben ser reconocidos.

El problema es que el igualitarismo pretende convertir la excepción en norma, y quiere que todos los obesos, anoréxicas, negros y judíos sean tratados como iguales sin haber hecho nada para merecerlo.

Desde hace milenios que la civilización creada por el hombre blanco premia la superioridad de aquel que destaca por sus elevados logros. Y castiga al que se hunde por su degenerada naturaleza. Ese es el corazón del idealismo Ario.

Los enemigos de nuestra raza quieren que nos sintamos iguales a cualquier tribu primitiva para hacernos creer que nuestros actos hacia otras razas menos favorecidas son injustos, y así fomentar el inmigracionismo multicultural.

Los enemigos de nuestra herencia quieren que nos sintamos iguales a cualquier deforme o lisiado, homosexual degenerado, delincuente, o enfermo mental, para así rebajar los patrones éticos y estéticos de nuestro pueblo.

Solo mediante el idealismo Ario y el premio del más apto será posible recuperar nuestra identidad como pueblo: nosotros aspiramos a ser siempre mejores y no queremos que los mejores sean tratados como los peores.

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