Resulta importante saber por qué muchos judíos norteamericanos estan profundamente involucrados en movimientos racistas y explícitamente antisemitas. La razón de su aparente interés por promover el orgullo racial es detener el desarrollo de los movimientos blancos. Es decir que mediante sus acciones dificultan nuestro objetivo.

La raza blanca merece todo el reconocimiento por haber sido la única que ha aportado significativamente al desarrollo de la humanidad, y por lo tanto no debe dejar de existir. Los judíos por el contrario no aportan nada y solo desean controlarnos, así lo manda su cultura basada en el Talmud. Los valores morales que llevamos grabados en nuestra sangre nos obligan a oponemos ante tal oprobio.

Detenernos es el objetivo y meta primordial de los semitas. Porque la raza blanca no es sumisa y se subleva ante quien la amenaza. Y para detener el movimiento racialista blanco los judíos aplican sus consabidas técnicas de infiltración, haciéndose pasar por supremacistas solo para generar desinformación y atacar con calumnias a los legítimos activistas de nuestra causa.

Mediante grandilocuentes participaciones en diversos medios nos hacen quedar (a los verdaderos racistas blancos) como idiotas o torpes tontos que solo saben agredir y odiar a los demás. Nos reducen también a peleas triviales sobre quién es más blanco, quién es mestizo, o quien es más violento o políticamente correcto. Haciéndonos olvidar que nuestro verdadero objetivo es la solución real del problema judío.

Es decir que, mientras la judiada posa como gente blanca dedicándose a superficiales peleas entre impostores o con verdaderos líderes arios, los hombres blancos realmente actúan desenmascarando el poder judaico, instaurando áreas blancas independientes, y preparándose para defenderlas. La lucha es ahora, y es por eso que los judíos quieren que el movimiento nacionalista blanco se estanque en banalidades.

Ejemplo temprano fue William Potter “Bill” Gale, quien en 1956 se hace ministro de la llamada Identidad Cristiana, una rama protestante que supone que los actuales arios son los judíos de la Biblia, y que los sionistas son demonios impostores. En realidad Bill Gale era hijo del judío Charles Grabifker, y su supuesto antisemitismo era una fachada orquestada con el fin reconocer a los simpatizantes blancos y tenerlos vigilados.

Caso similar es el de Daniel “Dan” Burros, miembro del American Nazi Party y de los United Klans of America. Burros fue descubierto como judío y su historia fue publicada el 31 de octubre de 1965. Se dice que ese mismo día se disparó en el pecho y murió en el intento. Nada sabemos sobre la veracidad de su suicidio, pero lo que sí sabemos es que gracias a su fachada “racista” pudo recaudar muchos nombres y apellidos.

En 1977 el judío Francis Joseph Cohen bajo el pseudónimo de Frank Collin se hizo ver como neonazi e intentó marchar con esvásticas en el poblado de Skokie, en Illinois, en ese momento densamente poblado por judíos que alegaban ser sobrevivientes del falso holocausto. Collin fue representado por el jurista semita Burton Allen Joseph del judío grupo ACLU, quien defendió el derecho de Collin a realizar su bizarra manifestación basándose en la manida libertad de expresión.

Un caso curioso es el de Matthew Hale, quien no era judío sino un novel y exacerbado racista muy activo en los medios de comunicación americanos a fines del siglo XX. En 1999 Hale presentó una demanda reclamando la licencia para ejercer como profesional en leyes que le habría sido negada por su impostura radical. En un inicio Matt Hale fue defendido por el abogado judío Alan Morton Dershowitz y luego por el judío homosexual Glenn Greenwald.

Ejemplos menos relevantes son personajes como Jordan Gollub quien luego de pertenecer a los Christian Knights of the Ku Klux Klan fue expulsado en 1989 por ser judío. También tenemos a Andrew Britt Greenbaum, judío conocido desde 1998 como Davis Wolfgang Hawke, que se hizo pasar por supremacista blanco para crear páginas donde, además de declarar su falsa admiración por Hitler, estafaba también vendiendo píldoras sexuales.

Lo evidente aquí, como es evidente en cientos de blogs y páginas web donde incontables judíos se hacen pasar por antisemitas, es que siempre exudan algo ridículo. ¿Por qué? Porque aparte de ser una muy buena forma de recaudar información y datos sobre personas con ideologías contrarias a las suyas, su histriónico pero falso antisemitismo les permite presentar a los verdaderos racistas como tontos extremistas sin fundamentos.

Además el judío infiltrado, haciéndose pasar por promotor de nuestra causa, puede conseguir mucho dinero. Debido a su debilidad por los bienes materiales, su primordial interés no parece ser sólo calumniar a otros líderes blancos, sino recaudar la mayor cantidad de fondos por innecesarios motivos, ya sea cobrando por la membresía de sus grupos o mediante la suscripción en algún redundante boletín.

El judío infiltrado es siempre exagerado y representa un papel de orate, porque es lo único que ve en un racista blanco. En cambio nosotros, diametralmente opuestos al pérfido judío, sabemos que somos sanos, sabios y vigorosos. Sabemos que nuestra raza es superior, y sabemos también respetar los universales valores éticos y morales que nos guían. Por eso lucharemos siempre contra nuestros enemigos.

¡Los racistas no somos tontos! Los verdaderos arios nos identificamos con la mujer que cuida a sus hijos en casa, con el hombre que diariamente trabaja para alimentarlos, y con esos niños blancos que son el futuro de nuestra bella estirpe. El judío quiere hacernos creer que estar orgullosos de nuestra raza es algo perverso, ridículo y risible. Pero nosotros conocemos la verdad, y no nos dejaremos engañar.

Fuentes: Subverted Nation / Southern Poverty Law Center / Conspiracy School / Metapedia / Jewish Policy Center / Wikipedia

Anuncios