El Marxismo Cultural es un término que de froma general hace referencia a la influencia cultural y política de ciertos elementos de la izquierda contemporánea. Las raíces del Marxismo Cultural pueden ser halladas en lo que comúnmente es conocido como Escuela de Frankfurt.

El término ‘Marxismo Cultural’ surgió informalmente para describir a los pensadores afiliados o simplemente asociados al Instituto de Investigación Social de Frankfurt en la Universidad Johann Wolfgang Goethe en Fráncfort del Meno, Alemania, durante el periodo de entreguerras.

Críticos tanto del capitalismo como del socialismo soviético, los miembros del Instituto de Investigación Social de Frankfurt buscaron abordar las aparentes deficiencias del marxismo clásico en busca de un cambio social. Su trabajo llegó a ser conocido como Teoría Crítica.

Durante los 1960s la Teoría Crítica ganó empuje en segmentos del pensamiento izquierdista de Europa y Norteamérica. Hoy su influencia se siente en todos los medios académicos occidentales, dominando las ciencias sociales y las disciplinas de humanidades.

Los estudios de género o sobre el privilegio blanco son claros ejemplos. La justicia social, el feminismo o el poscolonialismo, por nombrar unos pocos, son todos movimientos inspirados por (o nacidos directamente de) la Teoría Crítica, y por lo tanto bajo la sombra del Marxismo Cultural.

Ya sea el género, la familia, la raza, la cultura o la religión, todo aspecto de la identidad personal debe ser cuestionado, toda norma o referencia de la sociedad debe ser retada, e (idealmente) alterada para beneficiar a grupos supuestamente oprimidos.

El marxismo clásico pensaba que el conflicto ocurría entre la burguesía y el proletariado. El Marxismo Cultural piensa que dicho conflicto existe entre los oprimidos y los opresores, entre los privilegiados y los que no tienen privilegios. La clase trabajadora ha sido remplazada por las minorías.

Si los heterosexuales son opresores, la solución es fomentar otras formas de sexualidad. Si los blancos son privilegiados, la diversidad racial es la solución para revindicar a los desfavorecidos. Si los cristianos son autoritarios, el anticristianismo es necesario.

Theodor Adorno, miembro original de la Escuela de Frankfurt, escribió un libro titulado ‘La Personalidad Autoritaria’ en el que define la paternidad, el orgullo familiar, el sentimiento cristiano, la adhesión a roles de género tradicionales y el amor por la patria, como fenómenos patológicos.

Esta tendencia de calificar como enfermedades las opiniones y patrones de vida, que no condicen con sus fines políticos, es una de las características del Marxismo Cultural. Los puntos de vista divergentes son descritos como miedos irracionales o fobias.

Una persona blanca es tachada de islamofóbica si se siente incómoda en un área llena de musulmanes. Pero cuando los pakistaníes presentan preferencias grupales, transformando áreas enteras de nuestras ciudades en su pequeño Pakistán, entonces no existe ni enfermedad ni fobia, solo multiculturalismo.

Por eso el Marxismo Cultural inventó la ‘Corrección Política’ para poder cuestionar y modificar el lenguaje cotidiano. Los inmigrantes ilegales ahora son rebautizados como migrantes indocumentados y la discriminación contra los blancos es llamada acción afirmativa.

El odio racial y el sexismo han sido redefinidos como cualidad única y exclusiva propia solo de los supuestos poderosos, lo que conlleva a declaraciones absurdas como que: “no hay sexismo contra los hombres”, o que: “un negro no puede ser racista contra un blanco”.

También mantienen una visión parcializada y tendenciosa en favor de grupos marcados por ellos como oprimidos. Por eso repiten lemas publicitarios como: “el Islam es una religión pacífica”, “las vidas negras importan”, o “el feminismo solo busca la igualdad”.

En realidad la única consecuencia tangible del Marxismo Cultural es lograr la marginación de la cultura europea tradicional mediante falaces argumentos. Por eso los nuevos izquierdistas, progres y liberales, son intolerantes e incapaces de soportar las divergencias y nunca aceptan las críticas.

En 1923 el multimillonario judío Felix Weil establece la escuela de Frankfurt dirigida entonces por el judío Georg Lukács. Su ideología se basó en las teorías popularizadas por los judíos Karl Marx y Sigmund Freud. En 1930 el instituto pasa a ser dirigido por el judío Max Horkheimer.

Influyentes miembros de esta escuela son los judíos Theodo Adorno, Erich Fromm, Herbert Marcuse y el homosexualista Magnus Hirschfeld que popularizó el término ‘racismo’. Destacan además los judíos Franz Boas, Ashley Montagu, Noel Ignatiev, Tim Wise, Steven Seidman y Leonard Zeskind.

Entonces cabe pensar: ¿Quién financia y promueve esta terrible destrucción de la cultura blanca occidental? La respuesta salta a la vista. ¿Haremos algo para combatir o nos quedaremos de brazos cruzados sin actuar?. ¡La decisión está en tus manos!

Fuente: Youtube

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