En el comunismo el gobierno controla las empresas, en el capitalismo las empresas controlan el gobierno. En ningún momento los ciudadanos comunes podemos controlar nada ya que siempre somos controlados.

El sistema capitalista de explotación se formó poco a poco, de manera casi natural, cuando los judíos comenzaron a utilizar todo tipo de artimañas destinadas a incrementar sus ganancias en desmedro de los demás.

La principal amenaza a ese modo de vida parasitario era el pueblo explotado, engañado y dispuesto a rebelarse. El sanguinario comunismo fue diseñado deliberadamente para mantener el control hebreo. Para aplicarlo usaron a los masones.

La primera comunidad masónica de la cual se tienen documentos históricos reales fue fundada en Londres en 1717. Cualquier otra leyenda sobre egipcios, templarios o personajes bíblicos es pura especulación.

En 1723 James Anderson (1680 – 1739) publica los primeros deberes, reglamentos y rituales aprobados por los masones. A partir de entonces la masonería comienza a reclutar adeptos por toda Europa y América.

En 1773 un joven Mayer Amschel Rothschild (1744 – 1812) se reúne en Frankfurt con otros banqueros hebreos autodenominados “Los Sabios de Sión” para armar un plan de control mundial por medio de las finanzas.

Para logar sus objetivos estos “Sabios de Sión” utilizarían la masonería, que ya se hallaba infiltrada entre los nobles y las clases adineradas, para consumar la más grande estafa jamás ideada a nivel internacional.

Luego de la secreta reunión de los “Sabios de Sión” la masonería se transformó en el caballo de batalla y el arma secreta de la judería internacional guiada por los antivalores del Talmud hebreo.

Es así que en 1775 los masones norteamericanos inician una guerra de independencia contra la corona británica. La finalidad fue crear un estado dominado por judíos utilizando a los masones como tontos útiles.

Los masones, inducidos por sus superiores en la secta, lucharon por su “independencia” y así dotaron a los talmudistas de una tierra sin el control de los gentiles. Su primer gran negocio fue el tráfico de esclavos negros.

Resulta por demás cómico que hoy en día los afrodescendientes se unan con sus opresores judíos para culpar al hombre blanco de todas sus desgracias. Lo triste es ver a tantos blancos que se creen el cuento.

Pero lo de Norteamérica fue solo un golpe de suerte para los judíos. Lo que ellos necesitaban era una propaganda convincente que, aparentando estar a favor del pueblo, pudiese embaucar a millares de ingenuos idealistas.

Con ese fin es que en 1776 el judío Adam Weishaupt (1748-1830), con veintiocho años, funda la masónica “Orden de los Perfeccionables” que poco después pasaría a ser llamada “Orden de los Iluminados” o “Illuminati”.

Los objetivos meticulosamente trazados por los Illuminati eran claros y muy similares a los del posterior comunismo. Entre ellos destaca la supresión de la propiedad privada y las clases sociales.

Promovieron también la eliminación de las monarquías y los gobiernos tradicionales para remplazarlos por un gobierno mundial. Y abogaron por la disolución de la familia y la implantación del ateísmo como doctrina oficial.

La revolución francesa perpetrada en 1789 concluyó con el cumplimiento de las directrices judeomasónicas de los Illuminati. Para camuflar su intervención los masones se autodisolvieron ese mismo año.

Es táctica común desde entonces que, para evitar ser reconocidos, los francmasones se autoeliminan cuando sus objetivos han sido logrados. La masonería luego es reorganizada para cumplir los mandatos de Sión.

El recalcitrante y fundamentalista judío Adolphe Crémieux (1796 – 1880) guardaba una copia de los protocolos de los llamados “Sabios de Sión” para adoctrinar a los noveles judíos en sus respectivas sinagogas.

Adolphe Crémieux también era francmasón, a los 22 años se une a la logia “Bienfait Anonyme” dependiente del “Gran Oriente de Francia”. A partir de entonces comienza una pomposa carrera política en beneficio propio.

Según el periodista Victor Emile Marsden (1866 – 1920) los “Protocolos de los Sabios de Sión” fueron robados de la logia “Mizraim” en 1884. Es sabido que Adolphe Crémieux perteneció a la masónica logia “Mizraim”.

Crémieux financió, apoyó e hizo popular al judío Kissel Mordechai (1818 – 1883) mejor conocido por el pseudónimo de Karl Marx, quien escribe el “Manifiesto Comunista” en 1848 a sus cortos treinta años de edad.

Marx escribe su “Manifiesto” instigado por Crémieux para que los judíos puedan controlar la disidencia y manipular a los enemigos de su capitalismo. Los fieles masones serían instrumentales para tal fin.

Luego de muchas idas y vueltas, conspiraciones, revueltas y asesinatos, es recién en febrero 1917 que la conspiración masónica comunista obtiene casi por casualidad el que sería su primer logro destacable.

Siguiendo el plan trazado en los “Protocolos de Sión” y el “Manifiesto Comunista” es que los masones disfrazados de ideólogos revolucionarios comienzan a incitar a los trabajadores y obreros rusos contra el Zar.

El personaje principal durante estos sucesos fue Alexander Kerensky (1881 – 1970). Algunos autores lo sindican como medio judío, pero lo que si es cierto y absolutamente comprobado es que Kerensky se hizo masón en 1912.

A fines de octubre del año 1917 el joven Kerensky deja sin resguardo las instalaciones del Palacio de Invierno. Es entonces que Vladímir Ilich Ulianov (1870 – 1924) y el partido bolchevique toman el control de Rusia.

Ulianov, mas conocido como Lenin, era medio judío y medio masón, sufría un problema degenerativo cerebral, y solo fue cabeza de lanza para su compañero Lev Davídovich Bronstein (1879 – 1940).

Lenin se hizo masón en 1908 en la logia “Art et Travail”. También se unió a la “B’nai B’rith” exclusiva para judíos, y participó en la “Conferencia Masónica Internacional” de Copenhague en 1910 junto a Trotsky.

El masón, alcohólico y político inglés Winston Churchill (1874 – 1965) comentó en un desliz para el “Illustrated Sunday Herald” que Lenin y Trotsky eran masones. Pero Lenin fue tan solo un bajo subordinado en esta trama.

Lev Davídovich Bronstein bajo el pseudónimo de Trotsky es el verdadero mentor de la revolución rusa. Judío completo de nacimiento y masón a carta cabal, Trotsky representa la brutalidad judeocomunista a gran escala.

El judío Trotsky se hizo masón en 1897 y al igual que Lenin perteneció a la logia “Art et Travail” y a la “B’nai B’rith”. Y curiosamente también fue miembro de la logia “Mizraim” de Adolphe Crémieux.

En su autobiografía Trotsky confiesa que llego a promover el comunismo gracias a sus estudios de la masonería. Trotsky formó parte de la logia “Shriners” a la que sospechosamente pertenecía además Alexander Kerensky.

El masón y comunista judío Christian Rakovski (1873 – 1941), obligado a confesar sobre Trotsky, afirma que los masones no judíos son carne de cañón y deben ser aniquilados una vez conseguido el poder.

Es por eso que en el cuarto congreso de la llamada “Internacional Comunista” celebrado en 1922, el judío y masón Trotsky declara que la masonería “representa un proceso de infiltración de la pequeña burguesía”.

La prohibición comunista de la masonería fue solo una excusa, en realidad casi todos los masones judíos usurparon altos cargos de poder durante el régimen bolchevique. La autoeliminación masónica nuevamente fue una patraña.

El objetivo, finalidad y meta del comunismo en Rusia era exterminar a la población blanca, crear un estado multicultural, y dominar sobre los mestizos. Pero tras su rotundo fracaso solo demostró su ineficiencia.

Dicen los judíos que, de acuerdo a su sagrado Talmud, son ellos los que deben controlar los designios de la humanidad. Pero no supieron hacer nada para sostener el poder obtenido en Rusia.

Los judíos no saben dirigir una nación, y con terribles sufrimientos dirigen sus grupúsculos conspiradores. El comunismo fracasó y ahora pretenden implantar el “Marxismo Cultural” para imponer sus falsos ideales.

Pero el pueblo blanco no es idiota. Ya fracasaron una vez, y nuevamente fracasarán, porque son torpes e incapaces. El mismo Lenin aceptó que no tenía idea de cómo hacer funcionar el marxismo.

Fuentes: Herencia e Identidad / Henry Makow / Alerta 360 / Tao TV / UNED / Peru 21

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