La confianza, la actividad voluntaria y la caridad son mucho más comunes en la gente de raza blanca. La depresión, la psicosis y el suicidio son menores; y la satisfacción de vida es mayor en sociedades racialmente homogéneas. Aspectos como la salud, el medio ambiente, el rendimiento educativo, el desarrollo económico, la innovación, la corrupción, la economía informal, la moral tributaria, el crimen y los conflictos étnicos; todos están relacionados con la raza.

Los grandes imperios de la humanidad emergieron gracias al ingenio y la creatividad de una sola raza homogénea. Al mezclarse la sangre de sus fundadores con la de grupos extranjeros esas mismas sociedades declinan y mueren. Sin embargo luego del triunfo de la judería en la Segunda Guerra Mundial comenzaron a imponerse conceptos falsos pero políticamente correctos que presuponen, sin ningún fundamento, que la mezcla racial es la solución a todos nuestros problemas.

Según las mentiras mesticistas las guerras, la pobreza, la desigualdad y el hambre, entre muchas otras desgracias humanas, terminarán cuando todas las razas y culturas se mezclen creando un solo pueblo mundial. Todo a pesar de estar históricamente comprobado que el mestizaje, a la larga, produce seres resentidos, envidiosos y mediocres, sin identidad ni deseos de luchar por los suyos. Los judíos lo saben y por eso atentan contra la unidad racial.

La raza blanca en su gran diversidad ha desarrollado variados fenotipos como el cabello que va desde el negro, pasando por el castaño y el rojo, hasta llegar al rubio. O la gran variedad de formas y colores de ojos en el pueblo europeo. Y es así que, basándose en estas delicadas diferencias, los pérfidos sionistas pretenden generar conflictos e introducir soslayadamente el concepto de mestizaje. Su principio es dividir para ganar.

El famoso racista norteamericano David Lane afirmó que a pesar de las diferencias: “Si alguien se ve blanco, actúa como blanco, y lucha por los blancos, entonces, hasta que sus actos prueben lo contrario, es de los nuestros”. Aun así supuestos racistas e incluso antirracistas acusan a otros de no ser suficientemente blancos por no tener ojos azules ni cabellos dorados.

Es evidente, por ejemplo, que el subtipo blanco celta, con sus cabellos y ojos oscuros, ha sido el motor intelectual y artístico de países como Francia y Alemania. Y por su mismo coraje y valentía es el creador de imperios como el Romano, Español e Inglés. Aunque los pueblos nórdicos tienen todo el derecho, e incluso la obligación, de ser reconocidos como dignos representantes de nuestra raza ya que, luego de la derrota de Hitler, fueron difamados, vilipendiados y hasta exterminados.

Como siempre la judiada, con su esquizofrénico doble discurso, por un lado acusa a la rubia de tonta y por el otro culpa al hombre o mujer que no es de tipo nórdico de no pertenecer a la raza blanca. La intención es clara, pretenden hacernos creer que si no presentas ciertas características que solo ellos definen como blancas, entonces eres un mestizo más, y por lo tanto estás en la necesidad de mezclar tus genes con otras razas.

Ahora pretenden engañarnos en Europa, pero hace más de cien años ya lo hicieron en Latinoamérica. Hoy la mayoría de sudacas son mestizos, pero también existen blancos desplazados que deben reivindicar sus derechos. Les dijeron los judíos y masones a los blancos americanos que todos somos mestizos, que no somos rubios, que estamos mezclados. Y los blancos, tras el triunfo de la masonería judía en las guerras de independencia americana, creyeron y comenzaron a unirse con grupos indígenas inferiores.

Contrario al mito impuesto por la casta hebrea, la estirpe española llegó a las Américas con sus propias mujeres y tuvieron hijos blancos. E incluso los pocos mestizos que entonces nacieron, luego se casaron con europeas con el fin de mejorar su raza. Los censos muestran que, durante la colonia, la mayoría de españoles no se mezcló con las razas nativas. Según cuentan los cronistas, los conquistadores españoles les tenían pánico a las nativas salvajes y nada delicadas. Y por su parte los nativos decidieron continuar con sus ancestrales costumbres y lazos endogámicos.

En fin, los únicos que respaldan la mezcla son los mismos judíos. Así lo demuestra Hermann Goedsche, que trabajó como espía de la policía secreta prusiana y conservó importante información sobre los planes judíos para el control mundial. En 1868 Goedsche, bajo el pseudónimo de Sir John Retcliffe, publica la novela titulada Biarritz. Y en uno de sus capítulos narra la reunión de poderosos rabinos que secretamente hablan sobre su plan de dominio global.

En el texto se lee: “No debemos preocuparnos en ocultar el matrimonio de nuestros hombres con mujeres cristianas, porque mediante ellas ingresaremos en círculos cerrados. Si nuestras hijas se casan con gentiles no serán menos útiles”. El mestizaje por interés es un concepto judío. Es por eso que hoy vemos muchos judíos con apariencia de blancos. Pero, la actitud del blanco es diametralmente opuesta, nosotros no deseamos mezclarnos por conveniencia.

Fuentes: Henry Makow / Contra-periodismo Matrix / Metapedia / Der Bruder Schweigen Archives

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