Los judíos, a lo largo de la historia, han demostrado ser un grupo de conspiradores que pretenden obtener el mayor beneficio con el menor esfuerzo, siempre a costa del sufrimiento ajeno. Para lograrlo han desarrollado un bien organizado plan que al fin les permitiría dominar el mundo.

Desde tiempos remotos la primera estrategia judía para obtener dinero fácil se sostenía en los vicios de los individuos más inmorales de la sociedad. Sabiendo que ciertos comportamientos perversos provocan adicción es que los judíos promueven el sexo, las drogas, el alcohol, entre otros.

Además, su estrategia de defensa ha sido siempre dividir para vencer. Y es que para lograr distraer a sus enemigos, los judíos siempre promueven disputas innecesarias. Obrero contra empresario, hombre contra mujer, padre contra hijo, ateo contra creyente y así sucesivamente. Todo por evitar la lucha de blancos contra judíos.

Cuando confundidos y atiborrados por diversas ideologías se crean múltiples bandos defendiendo cada uno sus creencias, es entonces que los judíos se disponen a financiar mediante préstamos y prebendas a todos los grupos, para de este modo poder cobrar con dinero y beneficios a quien temporalmente vaya ganando.

Por último, si los líderes que ellos mismos colocaron se muestran rebeldes y no quieren colaborar con los judíos que los crearon, entonces recurren a una última pero muy eficaz estrategia, es decir que recurren al chantaje y al soborno. Dándoles dinero a los corruptos y amenazando a los incorruptibles.

Pero ¿cómo logran los judíos conseguir tan fácilmente sus objetivos? Y ¿cómo es que invierten sus dineros malamente obtenidos mediante el vicio, el engaño y el fraude? ¿Por qué encontramos tantos judíos con sorprendente frecuencia en ciertos ámbitos de la sociedad en tanto que son inexistentes en otros?

Los bancos y las finanzas están copados de judíos porque sin dinero no son nada. En un inicio los judíos solo eran embaucadores y asaltantes, pero luego de ver a los Templarios utilizar papeles que podían ser cambiados por monedas en cualquier parte. Entonces decidieron ingresar al negocio.

Estos judíos estafadores comenzaron a crear billetes sin que nadie haya depositado nada. Y para darles validez promovieron guerras sembrando enemistades entre los pueblos, porque las guerras necesitaban préstamos judíos. Perfeccionaron así el arte que hoy llamamos propaganda y que versa sobre convencer a los incautos.

Para no ser señalados directamente y con el objetivo de crear mayores beneficios a favor de sus negocios de préstamos y de vicios, los judíos se presentaron, gracias a su propaganda, como buenos políticos y abogados, para promulgar decretos, edictos y leyes lucrativos solo para ellos.

Por último, los judíos se dedicaron también al ámbito de la medicina, ya que así tenían acceso directo a la intimidad de monarcas y poderosos. Y mientras podían enterarse de los más profundos secretos de la nobleza, también podrían ir inoculando venenos y sales mortales para asesinar a quienes ellos consideraban como amenaza a su sitema de corrupción y vicio.

Hoy los judíos presumen de ser renombrados economistas, dueños de bancos y expertos en finanzas. Utilizan además, para promover sus ideologías disruptivas, todos los medios de propaganda a su alcance. Son dueños de canales televisivos, productoras de música y cine. Y controlan las más renombradas universidades.

Son abogados, expertos en causas que solo convienen a sus intereses pero que presentan como justas. Y más que nada los judíos gustan de hacerse políticos, jueces y fiscales, dedicados siempre a promulgar leyes solo a su favor. Y cómo no notar que la industria médica, repleta de vacunas y drogas psiquiátricas, es también suya.

Resumiendo podemos decir que la estrategia judía se basa primero en promover vicios. Segundo, en generar divisiones ideológicas. Tercero, en financiar a todos los bandos divididos. Y por último en el chantaje y el soborno. Para lograr estos objetivos utilizan su dinero con el fin de infiltrarse en altos cargos.

Desde un inicio se hicieron banqueros y economistas, para resguardar los tesoros de las naciones. Luego se hicieron abogados, políticos y leguleyos, para crear leyes a su favor. Se hicieron también profesores, periodistas, artistas y productores, para convencernos con su propaganda. Y por último se hicieron médicos para matarnos. ¡Piénsalo!

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