Hace un par de milenios si alguien caminaba por las calles de Roma o viajaba a lo largo del territorio europeo, cualquiera que lo viese sabría indicar sin lugar a dudas no solo la raza del transeúnte, si no también el grupo, la tribu e incluso la ciudad o pueblo del que provenía. No se puede decir lo mismo en nuestros días.

Y no es solo por el rampante mestizaje que depreda la raza blanca. La principal causa de confusión enquistada en la mente de la gran mayoría para reconocer la diferencia entre las razas, se halla en la masiva propaganda judía difundida por los medios de comunicación que se encuentran bajo su control.

Mediante el cine, la televisión y la prensa escrita constantemente se difunde la idea de que para pertenecer a la raza blanca un individuo debe estar absolutamente libre de cualquier tipo de mestizaje. Según esta teoría la sangre blanca dejaría de ser pura aun si la mezcla interracial sucedió en el pasado más remoto.

Jamás son tan exigentes al momento de calificar a evidentes mestizos como negros o chinos. Porque el verdadero objetivo de tan extremos requerimientos, al momento de indicar quién pertenece a la raza blanca, responde a la necesidad judía de evitar a toda costa que las personas de raza blanca posean una identidad propia.

Para identificar la completa pureza de cualquiera que quiera ser llamado blanco los judíos, y los millones de individuos manipulados por sus doctrinas, suelen fijarse en superficiales aspectos físicos externos. Si un hombre o mujer no posee cabello rubio y ojos azules, entonces para ellos ya no es blanco.

Es cierto que el cabello y ojos claros corresponden a genes recesivos, por lo que para manifestarse requieren que ambos padres los posean. Sin embargo, aun si ambos padres son de ojos oscuros y cabellos negros, pero poseen los genes recesivos opuestos, sus hijos pueden manifestar dichas características.

Es decir que, si a cualquiera se le califica solo por este tipo de características, aun a pesar de verse muy blanco, no podría encajar dentro del cien por ciento de pureza que exigen los judíos y sus secuaces, ya que su padre, o su madre o algún lejano ancestro habría tenido ojos negros o cabellos marrones.

El mecanismo psicológico detrás de las afirmaciones impuestas por el sistema dominante, para definir quien puede ser blanco, radica en que solo podría ser racista quien es completamente puro, y como nadie lo es, nadie debe ser racista. Se corta así toda posibilidad de organización blanca que luche contra la judería.

Heinrich Himmler, comandante en jefe de las SS durante el régimen Nacional Socialista, habría quedado impresionado luego de leer el De origine et situ Germanorum, conocido también como Germania, escrito por el historiador romano Publius Cornelius Tacitus alrededor del siglo primero de nuestra era.

En dicho texto el autor destaca la homogeneidad física de los germanos, a los que califica de robustos rubios con ojos azules, por lo que deduce que jamás habrían mezclado su sangre con la de otros pueblos. Este dato llamó la atención de Himmler quien comenzó a reclutar soldados con este fenotipo para integrar las SS.

Sin embargo, Cornelius Tacitus nunca visitó la Germania de la que habla y basó sus escritos en los datos proporcionados por otros autores. Aun así el ideal ario del Socialismo Nacional alemán se hallaba plagado de propaganda gráfica que presentaba hombres y mujeres de dorados cabellos y esbeltas figuras.

El prototipo alemán de los afiches, sin embargo, era solo una gracia estética, ya que no se hallaba reflejado en la legislación pertinente. Las leyes de Núremberg, publicadas para distinguir a los verdaderos alemanes de los judíos, dividieron a sus habitantes en cuatro grupos que en nada apelaban a rasgos físicos.

Los judíos puros eran nietos de cuatro abuelos judíos, y judíos también eran los nietos de tres judíos. Los nietos de dos judíos y dos alemanes eran mestizos de primer grado, y los nietos de tres alemanes y un judío eran mestizos de segundo grado. Los nietos de cuatro alemanes, sin importar anteriores ancestros, eran alemanes.

Cabe señalar que los mestizos de segundo grado, con un solo abuelo que no era alemán, a pesar de ser considerados ciudadanos plenos, solo podían casarse con alemanes puros. El objetivo era mejorar la raza. Porque de haberse permitido el matrimonio entre iguales, sus hijos seguirían siendo mestizos de segundo grado.

Hoy sabemos que el judío no es una raza, pero Adolf Hitler lo consideraba como tal, por lo que las leyes de Núremberg pueden ser entendidas como leyes raciales. De ahí que llame la atención que los mestizos de segundo grado, con solo un cuarto de sangre judía, fuesen tratados como alemanes con todos sus derechos y deberes.

En los Estados Unidos de América, luego de la libertad otorgada a los esclavos negros, la situación se tornó algo más difícil. En un principio se aplicó de facto la misma idea implementada en la Alemania de Hitler, es decir que con un cuarto de sangre negra o nativa, la persona era considerada blanca.

Pero las cosas se complicaron para los norteamericanos cuando en un intento incluso pueril, quien sabe si manipulado por la judiada masónica, pretendieron hallar la proporción perfecta de sangre blanca. Se formuló así la regla de una sola gota, donde se indicaba que una sola gota de sangre ajena contaminaba la raza blanca.

Incluso Madison Grant en su libro The Passing of the Great Race de 1916 llega a decir que: “El cruce entre un blanco y un indio es un indio, entre un negro y un blanco es un negro, entre un hindú y un blanco es un hindú, y el cruce entre cualquiera de las tres razas europeas y un judío es un judío”.

Siguiendo las bien estudiadas pero aparentemente equivocadas hipótesis de Grant, el nieto con un solo abuelo judío sería judío también, contradiciendo las leyes dictadas en Núremberg. Ante tan drástica división algunos estados norteamericanos comenzaron a dictaminar ciertos límites para que sus habitantes sean considerados blancos.

Se hablo del abuelo del abuelo del abuelo, que era un sesentaidosavo de mezcla, como límite para ser blanco. Pero se debieron hacer cientos si miles de excepciones ya que muchas familias quedaban divididas debido a la carencia de registros sobre sus antepasados. Al final la regla de una gota fue un lamentable fracaso.

El afamado racista David Lane, dijo al respecto que: “Aquellos que alardean de su pureza, tienen dos padres, cuatro abuelos, ocho bisabuelos, y más. Quinientos años atrás y tienen un millón de ancestros. (…) hunos, mongoles y moros. No hay arios cien por ciento puros, pero aun existimos como entidad biológica única”.

También el racista americano William Luther Pierce nos decía: “¿Quién puede decir que no tiene en lo absoluto ancestros de sangre que no es aria en su árbol familiar? Yo no. Mucha gente puede decir quienes son sus padres y abuelos. Solo unos pocos americanos pueden llegar hasta la cuarta generación”.

Y luego continúa indicando: “Dudo que muchos lleguen a seis generaciones con algo de certeza. Y los judíos y liberales usan ese hecho para confundir a la gente afirmando que todos somos mestizos, que no existen razas puras, y demás. Por lo que no habría nada bueno en preservar la raza blanca porque no existe”.

En 1975 Thomas B. Fitzpatrick, un dermatólogo americano reconocido por sus estudios sobre cáncer de piel, ideó una escala que dividía los colores de piel en seis tipos. Los tres primeros fueron clasificados como blancos variando de acuerdo a su capacidad de producir melanina o no. Los otros tres eran marrones.

El grosor de labios y nariz, o la forma de los parpados, han sido también estudiados. Existen pues criterios científicos de tipo médico, fisiológico y psicológico que, a pesar de no ser determinantes, nos ayudan a definir con mayor precisión a que raza pertenece cualquier ser humano.

Hoy tenemos a la mano estudios que prueban que las diferencias raciales no son solo cosméticas. El comportamiento y actitudes de cada raza son diferentes, así como son diferentes sus respuestas intelectuales y emocionales. Incluso la predisposición a cierto tipo de enfermedades varía de acuerdo a la raza.

Que los judíos y sus borregos adoctrinados sigan criticando a todo blanco que defiende su raza, diciéndole que solo es un mestizo, responde únicamente a la intención de la judiada por reprimir el surgimiento de grupos antisemitas que se opongan a sus perversos planes de dominio mundial.

Fuentes: Metapedia / Der Bruder Schweigen Archives / Stormfront / Wikipedia / El País

Anuncios