La relación entre feminismo y educación ha sido pocas veces explorada. Pero representa un pilar fundamental en la lucha judeomasónica contra la familia. El propósito de atacar a la familia radica en destruir los valores que ella representa y así provocar un estado de incertidumbre que nos fuerce a buscar estabilidad en su gobierno mundialista.

Antiguamente el padre era el encargado de llevar sustento al hogar y la madre la encargada de guiar, educar y encaminar a sus hijos. El padre como autoridad suprema dentro del círculo familiar indicaba las directivas generales en cuanto a disciplina, pero era la madre la encargada de inculcar la honradez, la obediencia y el honor.

Hoy en día el feminismo ha trastocado estos roles y por tanto las virtudes que transmitimos a las nuevas generaciones. El feminismo, al buscar la igualdad absoluta entre hombres y mujeres, les ha negado a las madres la responsabilidad y la dicha de criar ellas mismas a sus hijos. Pero ¿cómo actúa el feminismo?

El feminismo corroe los pilares sociales desde su más íntima célula interior. Destruye los ladrillos en los que se funda una sociedad sana, y por lo tanto es uno de los más perversos métodos ideados por la judeomasonería. El feminismo destruye la naturaleza femenina al buscar que las mujeres hagan exactamente lo mismo que los hombres.

Las ciencias fisiológica y psicológica nos muestran que si bien hombres y mujeres tenemos muchas cosas en común, de igual manera somos diferentes en muchas otras. Además la gran mayoría de actividades impuestas como obligaciones sobre los hombres, y que cumplimos con disgusto, son también exigidas a las mujeres.

Un ejemplo claro es la imposición aparentemente moral de morir por intereses judíos. Antes solo los hombres eran empujados a la batalla, hoy las mujeres también deben participar en la masacre. Antes solo los hombres podían votar, hoy es común el sufragio femenino, aun cuando la realidad no responde a democracias, mayorías, ni elecciones.

Pero dentro de casa el feminismo es todavía más ruin. Ya que al apremiar a la mujer mentalmente (éxito) y económicamente (escasez), se ve ella forzada a trabajar durante las mejores horas su día, dejando a los hijos al cuidado de terceros. Hallándolos luego dormidos, inquietos, ansiosos, o muy cansados.

Muchos de esos terceros son expertos maestros profesionales educados en técnicas aparentemente novedosas, que en esencia han sido creadas por equipos de eruditos (en su mayoría judíos) que realmente se hallan dedicados a inocular ideologías destinadas a destruir la unidad familiar, las tradiciones y la identidad cultural.

Y aun si los que quedan al cuidado de los niños son los tíos, abuelos, vecinos o cualquiera que esté dispuesto a suplir a la madre. Sea o no una persona con experiencia. Son los padres los que realmente deciden, y al no estar presentes en los momentos críticos, carecen entonces de la información necesaria para tomar dichas decisiones.

Ante los ojos de la madre su vástago tiene siempre la razón. Su instinto natural le impulsa a proteger y defender a sus hijos. Mientras tanto los padres substitutos no pueden criticar, castigar, ni educar adecuadamente a los niños; ya que se sienten, y realmente son, incapaces e impotentes para contradecir a los padres.

El niño crece así en un entorno permisivo, donde todos los excesos son validos, y donde no existen límites entre el bien y el mal, o entre lo correcto e incorrecto. Lo cual, apoyado por la constante propaganda mediática, promueve todo tipo de vicios que solo benefician a los judíos y sus ancestrales ansias de poder mediante la corrupción.

Los judíos se alimentan del exceso, la vulgaridad y el vicio. La hipersexualidad, la pornografía, la prostitución, el homosexualismo, el alcoholismo, la drogadicción, la música chatarra, la diversión fácil pero costosa, y muchas otras actividades similares que son promovidas por la judería. Y es que son ellos sus principales financistas.

El judío recibe en las sombras los beneficios pecuniarios de esa falsa educación que él mismo ha creado. Una educación feminista y políticamente correcta que incita al vicio. Y al mismo tiempo genera una sociedad sin valores y con sentimientos de vacío y frustración. Con lo cual se pavimenta el camino para la aceptación del nuevo orden.

Este nuevo orden, gracias a sus inmensas y astutas influencias en el cine, la música, la prensa y las grandes cadenas de noticias (aunado a la educación progresista de la que ya hemos hablado) genera una masa de aletargados zombis que cual borregos buscaran certezas y seguridades solo en lo que se les muestra, mas no en la verdad.

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