La francmasonería es una peligrosa secta que mantiene un control absoluto sobre sus miembros. Su principal objetivo es dominar las naciones, por medio de manipulaciones y complots, en beneficio de un grupo selecto de judíos que se hallan en la cúspide de esta organización delictiva.

Los nuevos masones son reclutados por su utilidad para la casta judía que controla la secta. La mayoría de masones son solo piezas de repuesto seleccionadas por su posible utilidad. Nunca se les dice nada sobre los verdaderos planes de sus amos. Aun así ellos juran lealtad ante sus dueños invisibles.

A pesar de verse a sí mismos como hombres libres que luchan por la libertad, los masones se hallan atados incondicionalmente a esta perversa organización. Y jamás podrán escapar de ella. Cualquiera que traicione el secreto masón será arruinado mental y económicamente, si no es asesinado.

El compositor austriaco Wolfgang Amadeus Mozart se unió a la masonería pensando que así podría revertir su precaria situación financiera. Pero al ingresar se dio cuenta de las verdaderas intenciones de dicha institución. Intentó escapar de las garras masónicas pero fue eliminado por sus compañeros.

Se dice que la última obra de Mozart, su inconclusa Misa de Réquiem, fue compuesta para su propio funeral. Pero ¿qué hace que una persona sensata y digna se involucre tanto en servir a la masonería? Tal vez sea por buscar un poco de poder haciéndose de amigos influyentes. Pero esa no es la única razón.

Al ingresar a una logia masónica el adepto debe transitar por una serie de rituales que quiebran su voluntad y lo convierten en esclavo de la secta. Imitando los antiguos ritos de iniciación de religiones primitivas, los masones han logrado controlar a sus miembros creando escenarios ominosos.

Chavín de Huántar fue un centro ceremonial del antiguo Perú, en Sudamérica. Se hallaba formado por oscuros salones y túneles subterráneos dotados de sistemas acústicos especiales. La persona que allí ingresaba se hallaría pues desubicada por las formas, luces, sonidos y sombras.

Este sistema de control psicológico fue utilizado por muchas religiones en el pasado, y aun hoy es usado por los francmasones en sus diversas ceremonias. El ritual masónico es de suma importancia para la manipulación de los miembros, ya que sin él la obediencia no podría ser plena.

Toda institución que desee lograr sus objetivos, sean estos buenos o malos, necesita una férrea unidad. Todos juntos de manera inquebrantable deben luchar por alcanzar las mismas metas. La forma sana de hacerlo es demostrando, sin forzar a nadie, que las ideas del grupo son las mejores.

La manera enferma y deshonrosa de logar la unidad es mediante el engaño y la manipulación. Técnicas como la privación del sueño y el alimento, seguido por una teatral, amedrentadora y altisonante ceremonia, resulta en el quebrantamiento de la voluntad. Y eso es lo que hacen los masones.

Es muy probable que el nuevo prosélito se una a la masonería por intereses personales: buscando algo de éxito económico, social o profesional. Pero tan pronto ingresa a la masonería deja de ser un hombre libre y todas sus acciones estarán en adelante al servicio de esa cúpula que lo controla.

El masón promedio no sabe a quien sirve, y nunca lo sabrá. Solo obedece ciegamente a sus líderes, movido por el miedo que han inoculado en su inconciencia. No sabe que sirve a los judíos creadores de la masonería. Piensa que lucha por causas nobles. Pero al final será desechado como inservible basura.

Mientras tanto los judíos al mando se llenan de lujos y banalidades materiales. El poder, el sexo, el dinero fácil y toda la pueril ostentación que tanto los obsesiona, todo lo obtienen gracias a los masones que, desde sus respectivos cargos, presurosos harán lo que sus maestros y líderes les indiquen.

La masonería es una secta perversa llena de secretos, distorsiones y mentiras. No hay honor ni dignidad dentro de ella; solo temor e hipocresía. La masonería no es compatible con el espíritu del hombre blanco que busca la verdad y la luz. La masonería solo es útil al judío que gusta de reptar en la sombra.

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