La mujer judía durante milenios ha sido utilizada por su tribu como carnada sexual. Atendiendo los mandatos de sus superiores en la sinagoga se presta a hacer cualquier cosa. El clima de sumisión dentro de la cultura hebrea la obliga a cumplir con cualquier mandato que se le imponga.

Los israelitas sienten un odio profundo hacia la naturalidad sana de la mujer blanca. Es por eso que basándose en fundamentalismos religiosos y culturales consideran que la mujer blanca es una prostituta. Esto por el solo hecho de no pertenecer a su secta.

Shiksa es la palabra que utilizan los judíos para referirse a las mujeres blancas que no practican su religión. Dicho vocablo literalmente significa abominación impura. Lo que sin lugar a dudas manifiesta los serios desordenes mentales del pueblo judío. Cuya paranoia y complejo de inferioridad es alarmante.

Todas las acusaciones de los judíos contra los demás son siempre proyecciones de sus propios defectos. La sola idea de calificar a las mujeres blancas como impuras demuestra que de algún modo ellos mismos saben que a sus propias mujeres las tratan como sumisas esclavas y prostitutas.

La Biblia cristiana es bastante instructiva en este aspecto. En ella se narra la historia de Ester, una devota judía cuya misión es seducir sexualmente al emperador persa. De ese modo lo convence para ejecutar a su primer ministro Haman, así como lo convence también para exterminar a setenta mil personas más. Los judíos recuerdan esta sangrienta masacre como si fuese una fiesta nacional.

El emperador romano Tito, antes de asumir el poder, se vio enfrentado como militar a la primera revuelta judía contra el dominio latino el año 70 de nuestra era. Durante esa época mantuvo relaciones sentimentales con la princesa judía Berenice, hija de Herodes Agripa. Y fue ella quien lo convenció de no tomar medidas drásticas contra los hebreos. Dando lugar a posteriores e innecesarias rebeliones en Israel.

Popea Sabina, la segunda esposa del emperador romano Nerón, fue una devota judía que siempre abogó por los intereses de la secta hebraica. Fue ella quien ordenó el asesinato de Julia Agripina, la progenitora del emperador, quien conocía y se oponía a las malas artes de los semitas en Roma.

La judía Popea Sabina sedujo a Nerón mientras este se hallaba casado con su primera esposa Claudia Octavia. Esa hebrea instigó a Nerón para asesinar a Claudia, y al no poder hacerlo lo obligó a declararla infértil. Al par de semanas se casó con el emperador.

Sabemos ahora que el incendio de Roma fue accidental, pero la judía Popea Sabina, quien era siete años mayor que Nerón, fue la que lo indujo a culpar a los cristianos. Por ese mismo motivo Nerón dedicó especial atención a la persecución de los seguidores de Jesús, ya que la judía, obedeciendo mandatos rabínicos, siempre controló emocional y sexualmente al joven emperador romano.

El muy preciso y sensato historiador, senador, cónsul y gobernador romano conocido como Cornelio Tácito afirmaba que la judía Popea Sabina lo poseía todo, menos honestidad. Y del mismo modo la historia se repite una y otra vez. Los perversos semitas hebreos envían a sus mujeres con el execrable objetivo de seducir a los líderes blancos. De este modo, conquistando sus cuerpos y mentes, logran controlar las naciones Arias.

Las mujeres blancas deben hoy reclamar su lugar. Los hombres blancos no pueden seguir siendo manipulados por impuras y repugnantes prostitutas judías que solo sirven a los intereses de sus rabinos y sus sinagogas. Hoy en día nuestras mujeres son educadas por los medios de control masivo dominados por judíos. Pero es tiempo de cambiar.

El hombre blanco debe conocer sus deberes para con su pueblo. El hombre blanco debe evitar a toda costa el contacto con mujeres judías. Y las mujeres blancas deben dejar de creer en las mentiras que les imponen el multiculturalismo y la mezcla racial. ¡Hombres y mujeres de raza blanca, unámonos en esta lucha contra la judería mundial!

Fuentes: Wikipedia / John de Nugent / Biblia Paralela

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