La divisa del grado 33 de la masonería del rito escocés se resume en esas tres palabras. Orden del caos. Y hace referencia al nuevo orden mundial que debe surgir de las cenizas de un caos generalizado. La judería, que controla la masonería, resume así su plan para implantar un gobierno mundial hebraico.

A lo largo de la historia se ha demostrado que los masones siguen un esquema aplicado una y otra vez, siempre de manera similar, para entregar el poder a los judíos. Ellos promueven la inmoralidad y la rebeldía para luego organizar a estos rebeldes inmorales como soldados contra el antiguo régimen.

Realizan sus revoluciones de manera simultánea en distintos países previamente desgastados por guerras fratricidas, de modo tal que no puedan ayudarse mutuamente. Y cuando el control ya está en manos semitas, acostumbran disolver las logias masónicas con el fin de distanciarlas de toda sospecha.

Durante el auge del Imperio Romano los judíos se infiltraron entre las clases altas y gobernantes mediante sobornos y chantajes. La fuente de su dinero era la estafa y el fraude. Pero los romanos no notaron el riesgo que representaban los israelitas, y los aceptaron como parte de su pueblo.

Los judíos sedientos de poder comenzaron a influir cada vez más en las decisiones de los poderosos en provecho de sus propios intereses. La moral decayó, las virtudes estoicas fueron olvidadas. Y poco a poco Roma se transformo en una tierra decadente dividida por intereses particulares.

La aversión al trabajo físico, el desmedido deseo de poder y su insaciable búsqueda de placeres materiales caracterizan al judío. Que los señalen como los parásitos que son los hace hervir en furia. Por ello dedican su vida a conspirar contra el mundo entero para dominarlo y destruirlo.

Desde la caída de Roma y durante la edad media la población europea comenzó a rechazar la influencia judía en sus naciones. Los invasores semitas fueron expulsados, acusados y sentenciados públicamente. Los judíos, viéndose expuestos, juraron venganza contra las naciones blancas.

En 1649 es asesinado el rey Carlos I de Inglaterra con tan solo 48 años de edad. Su muerte fue gestada por inmigrantes judíos que deseaban el poder sobre los bienes y el gobierno de la corona inglesa. Su excusa fue la búsqueda de la libertad religiosa y el pluralismo político en el parlamento.

Los hebreos, hábiles con la palabra y el engaño, sedujeron primero a los escoceses para que adopten las posturas religiosas del judío Jehan Cauvin (pronunciado Cohen), más conocido como Juan Calvino. Luego incitaron a los líderes del parlamento inglés a demandar mayores derechos.

Juan Calvino, creador del calvinismo, nació y vivió cien años antes de la revolución inglesa. Su propósito dentro de la gran sinagoga mundial fue desviar el disgusto popular únicamente contra la Iglesia Romana, ocultando así la infiltración judía que introdujo el exceso y la avaricia en el Vaticano.

Un siglo después los embaucadores judíos convirtieron a Escocia en calvinista. Luego pudieron reclamar la libertad de credo como excusa para provocar revueltas. Encontrando en Carlos I a un simpatizante de la religión católica, los judíos encontraron también el momento de atacar.

Anteriormente, y a lo largo del territorio europeo, los parlamentos o asambleas eran reuniones de jefes tribales ante el supremo líder del pueblo o nación. Durante dichas juntas el rey escuchaba a los suyos y de acuerdo a su propia sabiduría adoptaba las decisiones pertinentes para cada caso.

A fin de completar la conspiración, los consejeros judíos azuzaron a los líderes del parlamento, quienes desconocieron la autoridad del rey y solicitaron mayores facultades para si mismos. El rey Carlos I, abrumado y confundido, fue víctima del caos generalizado y cedió ante los conspiradores.

Fue la primera vez que los judíos no solo provocaban la corrupción y el desorden, como lo hicieron en Roma, sino que tras el evidente caos ellos quedaron como dueños del poder en Inglaterra. Manipularon las leyes a su antojo. Y por último notaron que podrían hacer lo mismo en otros estados.

Los judíos conciben entonces una agrupación secreta que les permitiría tomar el poder de otras naciones de manera sistemática. Es así que a inicios del siglo XVIII se crea la masonería. Tardaron varios años dando forma a su programa hasta que a fines del mismo siglo logran aplicar sus estrategias.

La masonería formula dos detallados planes para controlar y dominar al hombre blanco. Primero, decide adueñarse de Norteamérica para convertirla en un enclave masónico. Segundo, asume la difícil tarea de apoderarse de los gobiernos Europeos y destruir las antiguas monarquías.

El parlamento inglés, completamente dominado por judíos y masones, impuso severas cuotas a sus colonias americanas desde 1764. Luego los masones americanos utilizaron esa excusa para soliviantar a las masas de colonos contra Inglaterra. El resultado fue una sangrienta e innecesaria guerra civil.

El 4 de julio de 1776 los masones Thomas Jefferson, John Adams y Benjamin Franklin presentan públicamente la Declaración de Independencia. Destaca también el masón George Washington, primero como comandante del ejército revolucionario y luego como presidente de los Estados Unidos.

Al tener el control de ambos bandos los judíos inclinaron la balanza en desmedro de Inglaterra, a favor de los masones independentistas. Y tras haber provocado desorden, revueltas y matanzas, se hicieron con el poder definitivo de los Estados Unidos de América al ratificar la constitución en 1788.

Simultáneamente, con el fin de controlar a los países europeos, se crea en 1776 a los Illuminati de Baviera como rama adjunta de la masonería. El judío Johann Adam Weishaupt sería el encargado de dirigir dicha organización. Este grupo subversivo inmediatamente ideó un perverso programa.

Su plan consistía en destruir a la nobleza enfrentándola al pueblo que sería soliviantado por oradores subversivos. También planearon eliminar la propiedad privada otorgándosela al estado y pretendieron prohibir cualquier tipo de creencia religiosa promoviendo el ateismo como único dogma.

Apocados y ninguneados los cimientos de la civilización europea (como lo fueron el nacionalismo, la familia y la virtud) las esperanzas del pueblo tendrían que pasar a manos de una camarilla internacional. Del caos generalizado surgiría, presentándose como salvador, un nuevo gobierno mundial.

Carlos Teodoro de Baviera reveló las nefastas intenciones de los Illuminati y, tras publicar su correspondencia, prohibió toda sociedad secreta el 22 de junio de 1784. Entonces los masones judíos Illuminati se desplazaron hacia Francia donde instigaron el caos aplicando el plan ya mencionado.

Se unen así a los esfuerzos de masones como el Barón de Montesquieu, que abogaba por la separación de poderes en perjuicio de la monarquía, y a las ideas del también masón Jean-Jacques Rousseau, que abiertamente afirmaba la libertad, igualdad y obligatoria fraternidad entre los hombres.

El campo francés ya había sido preparado por masones como François-Marie Arouet quien, bajo el pseudónimo de Voltaire, criticó a la Iglesia tildándola de intolerante y opresora. El masón Jean le Rond d’Alembert estuvo encargado de difundir estas ideas mediante la publicación de L’Encyclopédie.

El 14 de Julio de 1789 los líderes masones, entre los que destaca el francmasón Maximilien Robespierre, incitan a los pobladores de Paris para que asalten la fortaleza de la Bastilla. La destrucción es evidente, las revueltas se extienden por todo el país. Y del caos surge un nuevo gobierno.

Los masones como oradores subversivos cumplen su deber en Francia. La multitud obrera y agropecuaria se rebela contra la nobleza. Miles son decapitados y reina el caos. El nuevo orden es instaurado y el nuevo gobierno pertenece a los judíos. Solo queda dolor y sufrimiento.

Poco después Hispanoamérica también cayó bajo la influencia judía masónica. La guerra de independencia en México fue iniciada por el sacerdote y masón Miguel Hidalgo y Costilla en 1810. El masón Bernardo O’Higgins participó en el proceso de independencia de Chile desde su inicio también en 1810.

Nuevamente en 1810 se da inició a otra revolución contra el imperio español, esta vez en Argentina, a la que en 1812 se une su más célebre personaje, el masón José de San Martín. Durante el proceso independentista de Venezuela destaca el masón Simón Bolívar, discípulo de Francisco de Miranda.

Sebastián Francisco de Miranda y Rodríguez nació en Caracas el 28 de marzo de 1750. Fue uno de los fundadores de la masonería en América Latina. Pero es mayormente conocido por ser el principal precursor de la emancipación americana y por estar involucrado en la independencia venezolana.

Cabe destacar que el masón Francisco de Miranda participó activamente en el proceso de independencia de los Estados Unidos, territorio en el que vivió entre los años de 1783 y 1784, siendo conocida su amistad con diversos masones americanos que también intervinieron en dicho proceso

Se involucró además en la revolución francesa donde sirvió como general del ejército revolucionario, durando su estadía en el país europeo desde 1791 hasta 1798. Retorna a Caracas en diciembre de 1810, y el 5 de julio de 1811 firma la declaración de independencia de Venezuela.

El caos generalizado producido por los procesos de independencia contra la corona española se enmarca en un corto periodo de tiempo que involucra, además, la guerra de España contra los ejércitos napoleónicos de 1808 a 1814, y la paralela guerra civil de los llamados patriotas contra la monarquía.

La conspiración resulta evidente ante los ojos de la historia. Quien no quiera verla se halla totalmente ciego. La judería que domina a los masones en todo el mundo es la verdadera causa y origen de la destrucción de nuestra cultura. Incluso José Martí, líder de la independencia cubana, era masón.

Durante el siglo XIX aparecen en Europa nuevos fetiches ideológicos. Surgen personajes como el judío Kissel Mordechai, apodado Karl Marx, que institucionaliza la lucha de clases. Y el masón Charles Darwin, promotor del materialismo científico ateo mediante el invento del evolucionismo.

Mientras tanto el filósofo Friedrich Nietzsche, cercano y muy amigo de judíos, promueve la muerte de Dios y el relativismo moral. En tanto que el supremacista judío Sigismund Schlomo Freud da forma al psicoanálisis como justificación para la inmoralidad y el libertinaje sexual.

Ya en el siglo XX, hacia 1905, se comienzan a producir asonadas revolucionarias en Rusia. El imperio y el Zar, debido a su marcado antisemitismo, se habían transformado en una muralla infranqueable para el dominio judío. Pero no fue hasta 1917 en que los hebreos tomaron el control de aquel país.

Masones como Aleksandr Kérenski y judíos como Vladímir Ilich Uliánov (autodenominado Lenin) y Lev Davídovich Bronstein (conocido como Trotski) llegaron al poder mediante la aplicación masiva del terrorismo, los motines militares, las movilizaciones rurales, y los paros laborales.

La banca judía afincada en Nueva York fue la encargada de financiar a los revolucionarios en Rusia gracias a las inversiones de los magnates judíos Jakob Heinrich Schiff y Max Moritz Warburg. Una vez alcanzado el poder los nuevos amos se dedicaron a masacrar al pueblo ruso.

El judío y masón Trotski implantó una política de terror, donde todo aquel que se opusiera al régimen comunista era torturado y luego asesinado de la manera más cruel posible. El genocidio y la muerte, al igual que en Francia, fueron las estrategias aplicadas para mantener controladas a las masas.

Casi al mismo tiempo, en noviembre de 1918, se produce la revolución en Alemania. Programada y aplicada por el judío Karl Liebknecht y la también judía Rosa Luxemburg, logró una mediocre victoria al derrocar a la monarquía que fue suplantada por una democracia mas no por un gobierno judío.

Se repetía entonces el esquema utilizado durante las guerras de independencia contra la corona española. La primera guerra mundial había comenzado en 1914 producto de las intrigas sembradas entre los dirigentes europeos. Rusia en 1917 y Alemania en 1918 se hallaban desgastadas por los enfrentamientos.

El malestar popular fue utilizado para instaurar la lucha de clases popularizada por el judío Marx. Los objetivos del llamado comunismo marxista fueron los mismos trazados por los Illuminati. Destrucción de las monarquías, eliminación del nacionalismo y rechazo materialista contra la religión.

Tras la muerte del líder judío y masón apodado Lenin, y el acenso al poder de Stalin (cuyo nombre real era Iósif Vissariónovich Dzhugashvili), los israelitas perdieron poder aunque mantuvieron una fuerte influencia en Rusia. Sin embargo sus planes de dominio mundial habían fracasado.

Los trabajadores del mundo no se unieron, y la judiada internacional no fue capaz de concretar las revoluciones que tenía planeadas. Una que otra guerra les pudo servir para lucrar mediante préstamos, pero el plan general debía cambiar radicalmente o serían condenados al fracaso.

Con el objetivo de vislumbrar nuevas alternativas los judíos Georg Lukács y Felix Weil crean la escuela de Frankfurt en 1923. En dicho instituto marxista se da forma al llamado pensamiento crítico, el cual busca extrapolar la lucha de clases a otros ámbitos donde fuese más efectiva.

El esquema del inocente oprimido contra el malvado opresor debía ser aplicado a nuevos espacios. Ya se había ahondado en la lucha del obrero y el campesino contra el gobierno tiránico (jamás contra la banca judía), y bastante se había dicho del malvado yugo eclesiástico contra el inocente feligrés.

Pero hasta el momento poco se había desarrollado el campo de la sexualidad y menos el tema racial. Tampoco se sabía a ciencia cierta cuales serían los métodos a ser utilizados para difundir las nuevas ideas degeneradas. Pero era evidente que la educación, la prensa y el arte serían útiles.

Prácticamente todos los integrantes de Frankfurt fueron judíos, entre ellos destaca Theodor Adorno, que intentó difundir ideas revolucionarias mediante la música. Fue el mismo Adorno quien compuso luego los temas más conocidos de los Beatles para introducir la drogadicción y el libertinaje.

La homosexualidad y toda forma de perversión sexual es apadrinada por el judío Herbert Marcuse, quien es considerado santón del jipismo por su crítica a la virtud. También podemos mencionar al sociólogo judío Leo Löwenthal que analizó la influencia de la literatura depravada sobre la sociedad

Conjuntamente comienzan a adueñarse de los movimientos feministas una cúpula de judías que intentan promover la liberación de la mujer, afirmando que durante milenios ellas habrían sido oprimidas. Esto a pesar de que el rol histórico del hombre ha sido siempre el de protector y compañero.

En realidad el feminismo busca que la mujer trabaje en fábricas y empresas, apartada de sus hijos, dejando el camino libre para que la judiada los adoctrine en el consumismo y el vicio. Para lograrlo utiliza argumentos como la igualdad de géneros y la lucha contra la opresión.

Las más destacadas feministas son judías, aunque su cultura es sumamente machista, lo que demuestra una evidente manipulación de los rabinos y sus sinagogas. Es conocido el severo control que poseen los líderes no solo religiosos sino culturales del judaísmo sobre sus mujeres.

La ya mencionada judía Rosa Luxemburg, la judía Emma Goldman, o la más reciente Susan Sontag, también judía, son recalcitrantes ejemplos de esta manipulación que pretende destruir la familia. Y aún así pretenden enseñarnos su masónica libertad e igualdad pero sin fraternidad de géneros.

Y mientras estas y muchas otras señoritas judías seguían el plan hebreo apoyando el feminismo para los pueblos europeos. También se consideró involucrar a negros, mestizos, orientales y amerindios en la nueva lucha contra la envidiada y por lo tanto odiada cultura europea.

El mestizo Richard von Coudenhove-Kalergi se unió a la logia masónica Humanitas de Viena en diciembre de 1921. Desde entonces comenzó a divulgar ideas de una Europa multicultural y multirracial. Para él todo el mundo tendría que mezclarse excepto los judíos que debían reinar.

Su plan indica que las razas puras, en especial la europea, son un riesgo para el dominio mundial hebreo. Los occidentales blancos no son dóciles y pretenden honrar la virtud. Para que la judiada pueda controlar el planeta Coudenhove-Kalergi ideó un programa mesticita y destructor.

Para Kalergi los mestizos son seres inferiores, carentes de inteligencia, sumisos y manipulables. Para lograr un mundo pacífico, donde los pueblos no pudiesen sublevarse ni luchar entre si, era necesario crear artificialmente las condiciones para la extinción de la raza blanca mediante un mestizaje masivo.

Se propone como método la inmigración masiva que permite la invasión de extranjeros en Europa quienes llegan con la disculpa de buscar mejores condiciones de vida. También se promueve la creación de movimientos separatistas para crear pequeños estados artificiales fácilmente dominables.

Los encargados de dirigir el nuevo orden serían miembros de la noble raza judía. La cual habría demostrado ser superior al estar involucrada en la conducción de sistemas como el comunismo y el capitalismo. El objetivo final sería instaurar la así nombrada desigualdad justa entre judíos y mestizos.

En los Protocolos de Sión, texto publicado por Sergei Nilus en 1903, se afirma que es indispensable provocar el caos social mediante la lucha de clases, de géneros y toda división posible. También es necesario el desorden moral mediante la promoción de vicios que permitirían reinar a los judíos.

Afirmando ser los salvadores ante tanto caos (que ellos mismos han provocado) se presentarán como la única alternativa de gobierno. Pero tal como lo indican los Protocolos, el gobierno hebreo será déspota y autoritario. La sangre deberá correr para que los respeten.

Sabemos nosotros, hombres blancos, que su gobierno judío acabará como el fracasado gobierno ruso. Tanta muerte y destrucción no nos subyugarán. Sus planes de control mundial no triunfarán. Del caos no nace el orden, solo nace más desorden y caos. ¡Los judíos ya han fracasado!

El honor, la virtud y la lealtad son valores arios. Ni los judíos, ni los pueblos inferiores o mestizos lo entienden. El pueblo ario no será dominado por la represión, sino por el honor. ¡Protejamos a nuestros hijos! ¡Protejamos a nuestras mujeres! ¡Luchemos por nuestra raza!

Subverted Nation / Supervivientes / Biblioteca de Chile / Fenix News

Anuncios