Existe un muy extendido error en considerar al judío como una raza; en primer lugar no existe (ni existió) una “raza judía”, y esta es una más de las mentiras del judeocristianismo, el judío en principio fue cualquier habitante del desierto desde Siria hasta Egipto, es decir habitante de una extensa planicie de arena surcada por algunos ríos y valles fértiles, las razas y culturas de estos pueblos eran diversas y hasta luchaban entre si, los agricultores y pescadores que se asentaron en este terreno provenían de lugares tan lejanos como África, Europa o Asia (este territorio se hallaba en el punto de encuentro de los tres continentes mencionados), y el comercio les obligó a intercambiar tanto productos como habitantes, algunos que viajaban de un lado a otro terminaban formando familias en el pueblo vecino; la mezcla de razas era increíblemente activa y las razas originales fueron perdiendo su identidad para convertirse en una confusión de impureza racial increíble.

Fue Moisés (el mismo personaje que curiosamente recibió de “dios” las tablas de la ley) quien reunió este conjunto disperso de pequeños pueblos para transformarlos en su propio imperio; todo empezó cuando los padres de Moisés llegaron al gran territorio que era Egipto, como a muchos de los habitantes del desierto, la sequía también les obligó a pedir permiso al gobierno egipcio para poder utilizar alguna parte de las fértiles tierras de los faraones; Moisés nació en Egipto, e incluso fue criado por nobles, pero por ser hijo de extranjeros no podría obtener ningún cargo importante entre la nobleza egipcia, es así que, decidido a obtener el poder sin importar los medios, se lanza a convencer a las masas de extranjeros, les dice que los egipcios abusan de ellos, cuando en realidad es probable que tan solo les cobrasen un justo alquiler por el terreno que se les permitía cultivar, pero las masas le creen y parten con él hacia la “tierra prometida”.

Esta tierra prometida nunca existió realmente, y era tan solo un invento de Moisés para convencer a un pueblo que, por otra parte, se hallaba ansioso de tener un pedazo de terreno propio para poder trabajar en él, estos hombres eran en su mayoría agricultores y no guerreros, pero a pesar de esto se les obligó a luchar por sus vidas; Moisés había prometido una tierra que no encontraba, la gente empezaba a darse cuenta del engaño y se rebelaban contra él, en un principio Moisés trató de conseguir territorios por medio de la guerra, pero la fortaleza de unos cuantos hombres dedicados al cultivo de la tierra era inútil comparada a los ejércitos bien establecidos de sus enemigos, pero el mayor problema se hallaba en la desilusión de la gente, ya no creían en su líder y esto le traía problemas al pastor de estas ovejas descarriadas.

Y Moisés se transformó en líder no solo político, sino que además apeló a un poder sobrenatural (como era costumbre en aquella época); llegó un día, después de haber estado días de días en la punta de un cerro, alejado seguramente del pueblo que lo presionaba, pensando en cómo habría de convencer nuevamente al gentío, y empezó a escribir algunas normas que serían fundamentales para someter la voluntad de sus seguidores y así mantenerlos sumidos en la obediencia y el letargo, pero su autoridad ya no era suficiente, debía apelar a factores divinos (la gente era muy supersticiosa en la antigüedad y en muchos casos sigue siéndolo hoy); bajó de la montaña y sedujo nuevamente al pueblo afirmando que era dios quien le entregaba las leyes que él mismo había pensado. Las secuelas son obvias, el primer resultado se dio a corto plazo, Moisés pudo ganar pronto un territorio propio que gobernó a sus anchas, y del segundo resultado aún podemos ver las nefastas consecuencias, la creación del pensamiento judío y por extensión del cristiano.

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