Existen dos formas de educar al pueblo. Una es mediante la represión, el castigo y el aprendizaje forzado. La otra es mediante la propaganda y el entretenimiento. La masa siempre será atraída por la segunda y rechazará la primera.

La mayoría de personas no estudia en el colegio ni en la universidad con el afán de conocer. La gran mayoría solo estudia con el deseo de obtener algunos papeles que indiquen que es apto para trabajar dentro de la maquinaria del sistema.

El judío conspirador internacional lo sabe, y por eso invierte mucho más en propaganda y entretenimiento. Sin embargo, para justificar sus reformas, que solo a él benefician, acude al ámbito académico alterándolo a su favor.

Saben ellos que su peor némesis es la unidad del pueblo enemigo, y por ello intentan desunirnos. Lo logran enfrentando a obreros contra industriales, mujeres contra hombres, cristianos contra paganos y padres contra hijos.

La moderna educación implantada por la judería halla su fundamento en el enfrentamiento final entre generaciones. Ellos afirman que los viejos valores del honor y la lealtad son ahora caducos. Y pretenden implantar nuevas normas.

Ejemplo de esta infiltración destructiva es la llamada “clarificación de valores” en la educación formal establecida. Este sistema supuestamente fue diseñado para que dentro del moderno desconcierto moral cada uno encuentre su camino.

La clarificación de valores afirma que cada uno debe decidir qué es lo bueno y lo malo apelando únicamente a sus propios intereses. Por lo que un judío estará seguro que lo bueno es ser judío en tanto que un nazi pensará lo contrario.

Pero si cada cual puede definir libremente qué es lo correcto e incorrecto, qué es lo que se puede y lo que no se puede hacer, entonces nada se clarifica y todo se confunde más. Porque habrán miles de versiones morales diferentes.

Mediante la educación formal y la propaganda y los medios de entretenimiento como la música y el cine, los judíos han infiltrado la idea de que el egoísmo personal es mucho mas importante que el bien de la comunidad.

El bien común de nuestro pueblo y de nuestra raza ha sido siempre más importante que el perverso egoísmo que hoy nos imponen. Pero los hebreos quieren destruir nuestras naciones blancas para implantar su sanguinario dominio.

Si el niño hace lo que se le ocurre de acuerdo a sus impulsos y no obedece a sus mayores, es probable que termine lanzándose de una ventana o estrangulando a su hermano menor porque según él solo estaba jugando.

Ahora, según el plan semita, se enseña que la satisfacción personal es más importante que el desarrollo y bienestar de nuestro pueblo. Y es por eso que las mujeres blancas comienzan a buscar lo que les gusta y no lo mejor para su raza.

Los judíos mediante su comprada y forzada influencia en los medios académicos han convencido a hombres y mujeres que lo mejor es satisfacer sus impulsos y rechazar a padres, madres, hijos e hijas, ancestros, patria y raza.

El honor, el respeto, la sinceridad y la lealtad no son nada para ellos. Quieren inducir el vicio, el amor por el placer inmediato y el apetito sexual como formas aparentemente normales de vivir. Pero todo este discurso es parte de su mentira.

Vivimos en comunidad porque los mejor capacitados protegen a los menos experimentados. Y los judíos lo saben, por eso sus comunidades son tan cerradas y autoritarias. Pero desean nuestra desunión como hombres blancos.

Ellos quieren conquistarnos y dominarnos, pero no lo pudieron hacer en el pasado y no lo harán ahora. Nuestra raza es fuerte y sabe educar a sus hijos en la verdad. Solo baste mostrarles la virtud y rechazarán el vicio.

Fuentes: Apologetics Press / Catholic Culture / GERM / Patria Argentina

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