El protocolo XIII de los llamados sabios de Sión comienza diciendo que “La necesidad del pan cotidiano obligará a los gentiles a callar y a ser nuestros siervos humildes”. Declarando así las intenciones del judaísmo internacional de utilizar las naturales carencias humanas para convertirlas en medios de dominación.

El deseo de alimento y cobijo es una tendencia fundamental de todo ser vivo que busca mantener su existencia de acuerdo a las leyes de la naturaleza. Mediante la especulación económica y el control directo de los medios de producción, los judíos constantemente provocan situaciones de escases.

La guerra es uno de los métodos preferidos por los hebreos para provocar escases de productos y alimentos. Bajo excusas, como la defensa de la democracia o la lucha contra la tiranía, generan conflictos bélicos contra naciones soberanas poseedoras de productos como alimentos, gas, minerales o petróleo.

Si los judíos logran apoderarse de estos recursos siempre encarecen artificialmente los precios, pero (como dueños de bancos y bolsas) aun si no logran adueñarse de la producción siempre pueden especular indicando que al estar el país “escogido” en estado de caos, los productos del mismo son escasos y por lo tanto al ser más solicitados sus precios aumentan.

Todas estas tretas, engaños y argucias económicas hacen de las guerras el campo de acción favorito del judaísmo, aún a pesar del dolor y sufrimiento que generan. Pero también pueden intervenir directamente en los gobiernos que tienen bajo su control. En este caso su principal arma para disminuir artificialmente la producción son los impuestos y tributos.

Al incrementar los costos de producción, agropecuarios o industriales, por medio del incremento en los pagos al estado, se reduce la producción, lo que artificialmente genera una escases de víveres, los cuales encarecen. También se produce la reducción de salarios, ya que por falta de ventas (al bajar la producción) las pagas disminuyen.

Al estar en constante carencia nos vemos obligados a realizar cualquier tipo de actividad, por más denigrante, inmoral o ilegal que sea, ya que de oponernos podríamos morir de hambre. La prostitución, la delincuencia, la esclavitud laboral, los desahucios por hipotecas y demás males, son producto de la escasez programada.

Pero esta permanente carencia es generada artificialmente por judíos que, siguiendo las enseñanzas del Talmud, creen ser dueños y amos de la vida y actos de los demás seres humanos. Mediante artimañas y argucias pueden ellos colocarte en una situación de tan extrema necesidad que fácilmente podrán requerir todo de ti, incluso tu propia vida.

Nuestro deber como hombres de raza blanca es enfrentar la muerte y luchar contra esta subrepticia y cobarde forma de dominación. Ya es momento de desligarnos de sus tentáculos y, como lo hizo el régimen del socialismo nacional, ser soberanos e independientes al generar nuestros propios medios de producción.

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