El Perú es un país a orillas del Océano Pacífico que durante épocas prehispánicas fue ocupado por variadas culturas, y luego se convirtió en un importante virreinato de España. Aunque debo decir que por estas tierras he conocido personas decentes y admirables en todo sentido, debo lamentar que hayan sido tan pocas, y lo que es peor, o eran extranjeros o descendientes de españoles. Para mal de todos la raza indígena abunda, seguida de negros y chinos.

Todos conocemos a los negros, explosivos y alterados. Siempre exagerando muecas y lanzando estridentes gritos innecesarios. Vociferando sus intimidades a todo pulmón en paraderos, bodegas y callejones. Explosivos, efusivos y desordenados. Torpes de entendimientos y convertidos en famosos personajes solo por sus cualidades puramente físicas que los hacen buenos para bailes, tambores, deporte y muy de cuando en cuando como torpes políticos representantes de la perniciosa diversidad cultural peruana.

Pero la mayor desgracia para este bello país llamado Perú la conforman sus primitivos habitantes, los indígenas y cholos, así llamados estos últimos por ser mezcla prevalente de indio con todo lo demás. Ellos no entienden el concepto de bien común, ni el de bienestar nacional. No son capaces de ayudar a nadie si es que esto no los beneficia de algún modo. Siempre solapados y disimulando sumisión y amistad, al primer momento en que vean la posibilidad de traicionarte lo harán. Porque siempre actúan con el único fin de sacar ventaja en perjuicio ajeno y beneficio propio.

Cuando los españoles llegaron al Perú, con una mentalidad cristiana y católica, intentaron tratar a los autóctonos como seres dignos. Les trajeron universidades y escuelas, les dieron educación, cultura y modernidad. Ampliaron sus expectativas de vida y exterminaron los cultos homicidas que practicaban el sacrificio humano. Además abolieron el régimen tiránico de los incas que obligaba a trabajar a hombres, mujeres y niños sin ningún tipo de remuneración o beneficio. De no ser por la conquista europea los amerindios vivirían aun en la barbarie.

Pero el beneficio otorgado por la cultura europea a indios y cholos no sirvió de nada. Ahora pueden manejar costosas camionetas, chatear con modernos teléfonos, jugar con aplicaciones de realidad aumentada, y vivir en casas llenas de lujos como agua caliente, cable e internet. Pero siguen comportándose como primitivos. No respetan las normas de tránsito. Empujan como llamas por las veredas para abrirse paso. Por donde caminan dejan todo sucio, lleno de basura, lleno de orines y maloliente. No respetan nada y solo se fijan en estar cómodos en medio de su inmundicia.

Los chinos no son muy diferentes a los indios. Viciosos del cigarrillo como los cholos son adictos al alcohol. Pero al ser minoría no se atreven aun a quitarse la máscara y mostrarse tal como lo han hecho en otras latitudes del mundo. Si algún día llegas a cruzarte con un chino o japonés que también sea peruano, ten mucho cuidado. Son silenciosos y aparentan obediencia, pero se puede ver el rencor en sus ojos. Nunca confíes en ellos.

Lo peor del peruano promedio ya pasó, pero ahora llega lo más triste. La última casta y la que domina el país es la más viciada y pérfida de todas. Una especie mestiza que anhela ser dueña del mundo. Y que para mala suerte de todo blanco peruano se halla ya en total control de las riendas del país. Me estoy refiriendo a los judíos y sus lacayos los masones. Porque unos sin los otros no lograrían nada. Los principales judíos son amos y señores de la masonería en el Perú. Y mediante sus tentáculos masónicos los judíos promueven la violencia, el narcotráfico, el terrorismo, la trata de mujeres, la prostitución, el vicio, la aberración, la homosexualidad, el aborto, el feminismo, y muchas más cosas que nos dividen y debilitan.

La mayoría de masones son tontos útiles que, gracias al patrocinio de sus adinerados dueños judíos, llegan a copar altos cargos políticos y económicos, así como medios de entretenimiento mediante la música, la televisión y la literatura. Y si alguien en Perú es político, periodista, artista o literato de mediana o grande fama cuyos artículos, canciones, películas y libros son publicitados a diestra y siniestra; ese alguien es necesariamente un esclavo de la sinagoga peruana.

Los más poderosos judíos siempre parecen blancos en este maltratado país de Sudamérica. Caminas por las calles y puedes verlos en exclusivos restaurantes y discotecas. Siempre vagando sin nada que hacer más que manipular al pueblo, engañarnos con tretas economicistas y pensar en la próxima división social que podrán explotar. Pero su apariencia es caucásica y cuando alguien los descubre en sus maléficas maniobras, solo se limitan a culpar a los “pitucos” blancos de distritos como Surco, La Molina, San Borja, Miraflores y San Isidro.

Y a pesar de que en estos barrios viven personas blancas que con su propio esfuerzo han logrado salir adelante, otros tantos son judíos y masones que solo viven del esfuerzo ajeno. Incluso estos judíos y masones han logrado orquestar grupos que falsamente se presentan como neonazis y fascistas con el fin de captar información de verdaderos nacionalistas blancos, así como movilizar gente violenta, desadaptada o malamente informada que pueda dejar mal parado el nombre y el honor de la sangre Aria en el Perú.

El problema en Perú no es que los españoles se equivocaron al considerar a los autóctonos como seres dignos de los beneficios que les otorgaron. Tampoco lo son las minoritarias etnias negras o amarillas. Y mucho menos los tan mencionados judíos con sus traidores masones. El gran problema peruano son los blancos, en especial los jóvenes, que viven obnubilados por las estúpidas idioteces que les presenta la judería.

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