También conocida como “controversia de Navidad”, la guerra contra la Navidad es una dolencia que afecta principalmente a los países anglosajones, nórdicos y de tradición protestante. Es principalmente el intento judío de erradicar todo rastro de cultura occidental de los pueblos con raigambre europea.

La guerra contra la Navidad se enmarca dentro de un proyecto mucho más extenso, liderado por acaudalados judíos dueños de medios y bancos, para abolir la natural existencia del hombre blanco. Esto a pesar de que el nacimiento de Cristo se representa dentro de un entorno judaico que recuerda la tradición hebrea.

A los judíos les encanta preservar y defender su cultura, al igual que a los latinos, africanos, musulmanes o chinos. Siempre que estos grupos se encuentran en medio de una sociedad europea y caucásica, intentan ellos aislarse en guetos donde puedan mantener las tradiciones y costumbres de sus ancestros.

Pero el hombre blanco, y sólo el hombre blanco, debe aceptar la diversidad. En las escuelas ya no se pueden observar cruces cristianas, símbolo de la religiosidad y moral europea por más de dos milenios. Y del mismo modo los judíos, motivados por el odio, pretenden vetar el uso de pesebres y árboles de Navidad.

Argumentan ellos que nuestros símbolos y tradiciones religiosas ofenden a quienes no piensan como nosotros, llámense ateos, musulmanes o sionistas. Sin embargo el candelabro llamado “Menorah” que simboliza la religión judía, es erigido todos los años frente a la Casa Blanca y en el palacio de Westminster en Inglaterra.

Se puede colocar una medialuna islámica o una estrella sionista en cualquier establecimiento público, a nadie le importa si esto ofende o pervierte la natural noción de lealtad que un hombre blanco le debe a sus ancestros europeos. Pero si un cristiano de origen europeo reivindica su cultura será vapuleado.

Incluso, imitando a sus contrapartes estatales, variados establecimientos públicos, obviamente financiados por la mafia judía, han modificado sus celebraciones navideñas para un público más ambiguo. Ya no celebran una feliz Navidad, si no unas simples pero felices fiestas, y ya no arman árboles de Navidad, solo árboles festivos.

Felizmente las personas afectadas en naciones de mayoría cristiana como Suecia, Noruega, Sudáfrica, Canadá, Estados Unidos y Australia, han reaccionado contra este frontal ataque a las costumbres europeas. Establecimientos de consumo masivo como Sears, Kmart o Walmart se han visto obligados a reponer la decoración navideña.

Las personas de raza blanca caucásica queremos celebrar el nacimiento de Jesús. No nos importa que sólo esté permitido insultarnos a nosotros los europeos y a nuestra religión, porque si levemente ofendes a un musulmán o a un judío, serás encerrado por “delitos de odio”. Aún así, y gracias a nuestra cultura, celebramos en diciembre la paz y la virtud.

Al final tampoco importa si eres pagano, cristiano o ateo. Las campanas, las velas, él árbol, papá Noel, el muérdago, la corona y tantas otras tradiciones navideñas corresponden al europeo culto precristiano del solsticio de invierno. Y todo esto fue asimilado en Navidad sin que por ello nuestra tradición se haya visto vilipendiada o mancillada.

Los musulmanes y los judíos, los budistas y los blasfemos, todos ellos podrán quejarse, pero la Navidad es una festividad Aria y occidental por excelencia. Y si cualquiera de esos inmigrantes y extranjeros pretenden ingresar en nuestras tierras, deberán primero aprender a comportarse de acuerdo a nuestras normas y tradiciones.

Hoy en día el poder judío nos prohíbe cantar villancicos mientras los musulmanes protestan contra el uso de nuestra tradicional simbología cristiana, y los veteranos de guerra americanos son impedidos de recibir tarjetas en los hospitales si la palabra Navidad está inscrita en ellas. La excusa es una imaginaria igualdad y una falsa tolerancia.

¿Es justo este acoso contra el blanco? Si un refugiado quiere vivir entre nosotros, debe primero aprender a comportarse y hablar como nosotros. Debe celebrar y sufrir como nosotros. Jamás respetaremos al forastero si él no nos respeta primero. Aceptaremos sus pintorescas supersticiones solo si ellos respetan primero nuestras tradiciones.

Fuentes: Perú Católico / Protestante Digital / Foros de la virgen / Católicos Alerta / Noticia Cristiana / El Nuevo Día / Rightpedia

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