Ser judío es una enfermedad que se transmite de padres a hijos, de abuelos a nietos, de marido a mujer y viceversa. Ser judío es en fin una enfermedad mental que se contagia dentro de la familia. Y es una enfermedad porque manifiesta todos los síntomas de cualquier otra psicopatología, y por lo tanto, si no es muy grave, se puede curar.

Al principio el judío fue un mestizo semita del desierto, sin identidad propia, siempre copiando a los imperios aledaños, y con una cultura primitiva y poco desarrollada. Con una religión sanguinaria y altamente sexual, pedófila e incestuosa. Y que en vista de su propia inferioridad albergó desde un inicio una enfermiza envidia contra culturas más avanzadas y un profundo desprecio ante otras tribus igual de primitivas que la suya propia.

Se destacaron sin embargo por su habilidad en el comercio injusto, la estafa y la explotación de los más bajos vicios humanos; y gracias a su encrucijada ubicación entre Asía, África y Europa, lograron asentarse en los más recónditos rincones del planeta. Crearon así colonias que se repartieron desde China e India hasta Etiopía y Somalia.

Una de sus primeras incursiones destinadas a acaparar bienes monetarios y materiales la hicieron en lo que entonces era Persia, hasta que en 539 a. C. el rey Ciro el Grande los expulsó de sus tierras por sus malas artes. Se asentaron entonces al norte, en lo que hoy es Uzbekistán. Luego de muchos siglos de convivencia y explotación económica, mediante sobornos y fraudes, lograron acaparar grandes cantidades de dinero que utilizaron para conquistar a sus vecinos.

Alrededor del siglo VII, haciendo uso de chantajes, intimidaciones y amenazas consiguieron adueñarse de las tribus mestizas turcas que los rodeaban, y así fundaron el brutal Imperio Jázaro obligando a todos sus súbditos a practicar el judaísmo. Para el siglo XI el gran imperio judío de los jázaros fue aniquilado por la enfermiza bestialidad de sus nietos los musulmanes. Algunos judíos jázaros lograron retraerse en la ciudad de Bujará. Sin embargo, la mayoría de ellos huyó hacia lo que hoy es Rusia, Polonia, Austria y Alemania.

Luego cuando los judíos jázaros se repartieron por todo lo largo y ancho de Europa se hicieron llamar asquenazíes, para diferenciarse de los judíos sefardíes que llegaron muchos siglos antes durante el apogeo del Imperio Romano. Y así, sin importar su origen, embaucando a sus víctimas los judíos lograron casarse con pudientes europeos y europeas, adueñandose así de los logros Arios, instalándose incluso en América para aprovechar la conquista del nuevo mundo.

En América colonizaron Nueva York y desde allí dominan hoy al mundo entero. Pero su patología es la misma. La enfermedad es igual y ha sido transmitida a lo largo de siglos y siglos de desarrollo humano. La cultura del odio y la envidia implantada en ellos desde su surgimiento en el desierto sigue sembrando cizaña hoy en día.

La psicótica enfermedad de ser judío es evidente por sus características: Primero el victimismo, ya que ellos (los judíos) haciéndose pasar por seres odiados supuestamente por solo ser lo que son; nunca reparan en su condición de explotadores, embaucadores y usureros. Nunca reconocen sus propias y terribles faltas por las cuales son siempre rechazados y expulsados de toda tierra que pisan.

Luego la paranoia, porque piensan siempre (y realmente lo creen) que son ellos los perseguidos. No reconocen que nadie odia porque se le ocurre un día odiar sin motivo. En realidad se les rechaza y aleja por sus detestables actitudes pedantes, prepotentes y abusivas. Además de su perversa promoción del vicio con únicos fines lucrativos.

También observamos en ellos (los judíos) un exacerbado delirio de grandeza y profusa megalomanía. Ya que en su alterada y atormentada mente piensan que son justamente los salvadores de la humanidad. Y por ello hacen siempre todo lo posible por conquistar y dominar nuestro condenado planeta. Y lo están logrando debido a su pericia en el delito, la violencia, el abuso, la intimidación y la tortura.

Por último debemos entender que lo que la cultura judía transmite, sin importar si el afectado por su pérfido virus mental es religioso o no, es una anormal visión del mundo que es creída, aceptada y promovida por los propios enfermos. Ellos mismos están tan adoctrinados por sus dogmas que piensan que sus horrorosas creencias son la pura y sagrada verdad.

Estos pocos signos son evidentes señales de su enfermedad, y son tan claros como el agua destilada. Los judíos son enfermos esclavos de su cultura, la cual es siempre transmitida por lazos familiares desde la más temprana edad.

Pero a diferencia de tiempos pasados, hoy muchos judíos (debido a su mestizaje por conveniencia con europeos) son prácticamente blancos. Es por ello que, con poca o bastante psicoterapia, dependiendo del grado que haya alcanzado la enfermedad de ser judío, tan aciaga dolencia podría ser curada.

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