La naturaleza es cruel para el que no la entiende, las carencias, la enfermedad y la muerte nos impiden disfrutar plenamente de esto que llamamos existencia. Nuestra vida es demasiado corta para dominar el universo hasta la eternidad. Nuestras dolencias y frustraciones son demasiado humanas si deseamos ser dioses.

Ahora imagina a cualquier judío miembro de un grupo humano que durante siglos y milenios ha creído ser el único pueblo elegido para controlarlo todo y a todos. El susodicho judío ha recibido desde su más temprana infancia la nefasta idea de ser un ser diferente al cual todos odian por ser diferente y superior.

De acuerdo a sus perversas enseñanzas el judaísmo pretende colocar a los suyos como regentes de todo cuanto sea posible haciendo uso siempre de comportamientos abiertamente inmorales. Sin embargo sabe que a pesar de sus esfuerzos jamás podrá lograr lo deseado porque la tumba lo espera.

Es por ello que con mucho dinero y todo tipo de recursos a su alcance comienza a diseñar un plan. El objetivo es apoderarse de los cuerpos, mentes y sentimientos de aquellos que no son como él y que secretamente envidia. Porque el fruto de la envidia es el odio y como producto de la propia inferioridad nace la vanidad.

Obnubilado por su narcisismo el judío considera que el único orden posible que permitirá mejorar la humanidad y eliminar el sufrimiento es aquel que él mismo impondrá de manera absoluta, sanguinaria y brutal. En realidad ese aparentemente sano anhelo de lograr el orden perfecto de la sociedad oculta su insaciable ansia de poder.

Todos los hombres somos iguales dijo la masonería y la revolución. Mujeres y hombres también somos iguales dijo el feminismo. Darwin dijo que somos iguales a los animales. Y el esoterismo de la nueva era nos dijo que éramos iguales a la más ínfima partícula de polvo. Por último Nietzsche nos dijo que éramos iguales a Dios.

Pero el comunismo de Marx aparentemente también abogaba por la igualdad entre obreros y empresarios, y terminó siendo el más perverso régimen en la historia de la humanidad. No es de extrañar que tan odioso sistema haya sido diseñado por los mismos judíos que buscan dominarnos hoy.

Esto no es una simple fantasía, es en verdad una crítica y alarmante advertencia sobre lo que tiene preparada la judiada contra nosotros. Desean convertirnos en esclavos autómatas a su servicio. Donde ya no seremos los mismos si no simples máquinas biológicas activadas por palancas químicas o electrónicas bajo su control.

Siguiendo los decretos enunciados en sus escrituras y detallados en sus protocolos, haciendo uso de mentiras y amenazas, los judíos han logrado un incuestionable poder sobre los medios de propaganda y comunicación (como la televisión, el cine, la música y las redes sociales en internet) que han usado para comenzar su cruzada.

Los marxistas nos dijeron que ricos y pobres son iguales, y como producto de un completo disparate irracional nos convencieron mediante sus periódicos de asesinar y exterminar a los ricos, incluso a los que nunca dañaron a nadie. Tampoco se salvaron aquellos que por causa del destino nacieron con ciertos privilegios sin buscarlos ni solicitarlos.

Pero así funciona la lógica judía del odio. Porque luego nos hicieron creer, negando los datos científicos, que no existen las razas. Pretenden convencernos de que el blanco es igual al negro, al chino y al mestizo. Pero al mismo tiempo la humanidad debe odiar y reprimir al pueblo blanco porque aparentemente somos privilegiados.

Como la mujer es igual al hombre, el hombre debe ser destruido. Y como según los ecologetas animalistas todos los animales son iguales a nosotros, entonces no debemos comer los necesarios nutrientes de la carne. Si te consideras diferente a una piedra por el hecho de ser humano eres tachado de sucio fundamentalista medieval.

La tecnología ya nos ha sometido haciendo uso de cámaras conectadas a centrales de reconocimiento facial. Y vigilan nuestros movimientos gracias al GPS instalado en nuestro móvil. Además, cualquiera conoce nuestros gustos, anhelos y frustraciones solo con leer lo que nosotros mismos publicamos en las redes sociales.

Pero lo que desean los dueños del avance científico es poder manipular directamente nuestra mente y nuestro cuerpo. En el cercano futuro todos los órganos, tejidos y células de tu cuerpo serán modificados por corporaciones privadas que buscan controlar tu cerebro, tus neuronas, tus recuerdos, pensamientos y sentimientos.

Y a eso están destinadas sus inversiones en el campo de la ciencia. A tenernos a todos conectados mediante modificaciones cibernéticas a una mente maestra incuestionable e inmortal a la que obedeceremos sin dudar. Todo bajo el disfraz de la filantropía, la bondad e incluso del beneficio personal y de la humanidad.

Ejemplo de ello es cómo se hicieron populares el tatuaje y la modificación corporal a finales del siglo XX al ser vendidos como supuesta manifestación de individualidad y libertad. Ya que hasta entonces eran tan solo un souvenir de marineros copiado por delincuentes sin patria que siempre abundan en las ciudades portuarias.

Del mismo modo se impuso la moda del homosexualismo y en general la indulgencia ante los trastornos de la identidad. La mujer que se cree gato, el viejo calvo y gordo que se viste como bebé, o el marica que se acuesta con hombres, ahora son todos valientes luchadores sociales que se enfrentan al opresivo patriarcado tradicional.

El transexual pretende cambiar su cuerpo basado en sus propias divagaciones. Piensa que por creerse de otro género tiene derecho a mutilarse emulando al rebelde progre que perfora sus mejillas y garganta, y busca así someterse a penosas intervenciones quirúrgicas, con el único fin de manifestar su anormal exclusividad.

Sin embargo, todos estos desequilibrios mentales son aceptados y promovidos con una única finalidad. La de eliminar la procreación natural y reemplazarla con métodos artificiales de reproducción asistida. Porque de forma sana un hombre no puede tener hijos con otro hombre, ni una mujer con un gato, ni un anciano con un bebé.

Pero mediante el mal uso de la ciencia hasta una rata puede mezclarse con una licuadora. La cabeza de un mono puede ser colocada en el cuerpo de un perro. Todo es solo una simple modificación corporal. Tus memorias y conocimientos pueden ser almacenados en un microchip. Y tu alma puede ser monitoreada por un ordenador.

Hoy médicos asalariados le permiten a la lesbiana tener el hijo que no puede procrear con otra mujer. Mañana cualquier estúpido amante de su videoconsola podrá unirse a ella y dar forma a un monstruoso cíborg. Y así mientras el judío consigue la inmortalidad, los imbéciles borregos se inmolan pensando que son especiales y dignos de atención.

Para convencernos los judíos hacen uso de un arma contundente pero que fácilmente puede pasar desapercibida. Estamos hablando del sexo, al que eufemísticamente llaman “amor”. ¿O acaso nunca os habéis preguntado de donde sale todo el dinero que financia esa misma pornografía que llega de forma gratuita a nuestros ordenadores?

Comenzaron con la novela romanticona donde la triste niña rica se acuesta con un pobre granjero del pueblo. Luego las intragables películas donde un repulsivo negrata seduce a la bella joven blanca. Y un gracioso personaje homosexual realiza una inofensiva aparición en una comedia infantil. Todo en nombre del amor.

En realidad lo que nos muestran es solo deseo, placer inmediato y sexo, el cual es difundido de manera incesante y enfermiza por todos los medios a su alcance. Hoy hombres enfermos marchan orgullosos y copulan con otros hombres en público. Y existen colectivos que abogan por legalizar las relaciones de adultos con niños y animales.

Actualmente los japoneses fornican más con objetos que con mujeres y quieren ser más robots que humanos. Desgraciadamente muchos europeos están cayendo también víctimas de esta estupidez. Los mismos seres deficientes mentales proclives al homosexualismo son los que se creen animales o se implantan chips en el cerebro.

Además el sexo como medio de dominación resulta ser un generador de satisfacción a corto plazo, por lo que disminuye la capacidad de respuesta y análisis frente a los verdaderos problemas que nos afectan. Como cualquier droga el adicto al sexo solo piensa en sexo, y para él lo más importante son sus relaciones eróticas con quien sea y como sea.

La ciencia ha avanzado de la mano con la tecnología, todo bajo intereses e inversiones judías. Los televisores son cada vez más grandes, y los teléfonos más inteligentes, todo con el fin de manipularnos. El objetivo no es solo seguir nuestros pasos y controlar a los disidentes. El objetivo final es controlarnos totalmente.

Del mismo modo en que el titiritero manipula los hilos de su títere, de igual manera intentan convertirnos en un simple objeto conectado a la matriz que lo ordena todo. Y los estúpidos humanos de buena gana harán lo posible por ser los primeros y subirse a la moda del implante cibernético que les permitirá ver, oír, cantar, hablar y moverse mejor.

Nos han hecho creer que entre nosotros y cualquier átomo o partícula inerte no hay diferencias. ¿Qué más da si mezclo mi ADN con un hervidor de agua, o tal vez con un bombardero o un tanque militar? Todo es lo mismo, todos somos iguales. La prótesis del manco y la visión aumentada del ciego son parte de la post-evolución.

Pero como todo lo que produce la retorcida mente judía, nada es lo que parece. Hablar de desarrollo humano es solo la fachada que esconde su fin último de dominación. Nos han inculcado mediante sus tiras cómicas y demás payasadas que los implantes tecnológicos son para mejorar nuestro organismo pero no es así.

El que hoy tiene dinero y poder, es decir los malditos judíos y uno que otro amigo de su causa, serán los únicos con capacidad de mejorar sus condiciones humanas mediante la tecnología hasta alcanzar la inmortalidad. Los demás, los pobres, los que no tenemos recursos suficientes, seremos relegados a ser sirvientes de una élite parasitaria.

La imagen apocalíptica del cercano futuro se pinta de manera clara. Una élite, una gran masa de personas controladas, unas pocas sirviendo como policías militares, y el resto exterminada por innecesaria e inútil. Nuestra carne humana será entonces solo materia prima para crear sus androides orgánicos. De nosotros no quedará nada.

Si tienes dinero puedes comprar las mejoras cibernéticas que te hacen más fuerte, inteligente e incluso inmortal. De lo contrario debes resignarte a recibir lo que te entreguen. Pero ¿quién será elegido como rey de la colmena? En última instancia los más altos rangos de su mafia terminarán peleando por el poder absoluto.

¿Qué debemos hacer? Pues, alejarnos de sus sistemas de dominación, rechazar su dinero e implementar el trueque. Dejar de consumir su inadecuado entretenimiento que no es más que manipulación. Y apartarnos para vivir en comunidades autosuficientes donde solo pueda habitar gente de raza blanca, físicamente sana y mentalmente saludable.

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