Si en lugar de decir sexo utilizas la palabra ‘género’ significa que has sucumbido a un opresivo lavado cerebral. La culpa no es tuya si no de quienes te han mentido. Si piensas que no existen diferencias entre los sexos y que cada uno debe decidir a quién amar. Te hallas entonces entre las víctimas de sus mentiras.

El cerrado grupo de psicópatas que controlan el mundo, sus armas, su dinero y sus medios de comunicación desea lograr el poder absoluto. Lo intentaron ya muchas veces en el pasado y fallaron. El motivo y la razón de sus continuos fracasos fue la férrea identificación de la gente con lo que era suyo.

Si eres miembro de una raza y de una nación, por tu propio honor no puedes permitir que otro grupo ajeno te someta y te domine. Si realmente adoras a tus dioses, hasta con tu sangre impedirás que otros te impongan sus dioses extranjeros. Si amas, cuidas y respetas a tu familia, la defenderás con tu vida.

Como parte de un plan aun más extenso, la élite primero debe eliminar todo tipo de identidad. Y para lograrlo ha implementado un masivo sistema de propaganda destinado a confundir nuestra mente y por último eliminar toda lealtad que tengamos hacia aquello a lo que naturalmente pertenecemos.

Desligados de nuestras verdaderas identidades nos veremos obligados a mostrar sumisión y pleitesía ante la casta dominante que nos ha manipulado. Esto debido a un simple mecanismo psicológico que nos impulsa siempre a buscar la pertenencia y aceptación del grupo. Es por eso que nos imponen nuevas identidades.

Si normalmente te reconoces como un hombre blanco, heterosexual y cristiano; pero al día siguiente al despertar te has transformado en una lesbiana negra que practica el vudú, te sentirás desconcertado y alterado. Pero si el cambio se produce progresivamente y de manera muy lenta, es probable que ni siquiera lo notes.

Claro ejemplo de manipulación inducida es la llamada ‘ideología de género’ que pretende destruir la familia y transformar nuestra identidad sexual mediante una larga y persistente propaganda, haciendo uso principalmente de la música y el cine. También imponen sus falsas ideas en ámbitos académicos.

Nos muestran con elogios y adulaciones a cantantes y actores homosexuales, y nos hacen verlos día y noche cantando sobre sus sodomías e interpretando a maricones. Al mismo tiempo abundan en noticias sobre maltrato a la mujer y sesgadamente presentan al hombre como violento y abusador.

El rol del hombre siempre ha sido amar, proteger y dar sustento a su mujer, porque solo mediante ella puede guiar y cuidar a su familia, y con ella su estirpe, su pueblo y su raza. La ideología de género inventó al hombre agresivo y a la mujer victimizada, y como solución señaló el camino de la indefinición sexual.

Cualquier hombre cauteloso y discreto se volverá tímido por no asustar a ninguna mujer. Y la mujer igualmente asustada por la propaganda preferirá acostarse con otra mujer. La guerra del sexo nos quiere hacer creer que todo marica es sensible, todo hombre es violento, y si una mujer ama a un hombre ella es tonta.

El hombre ya se ha vuelto femenino y la mujer masculina. El objetivo es transformar nuestro sexo en algo intermedio e indefinido. Por eso solo serás alentado y aplaudido si rechazas tus naturales cualidades sexuales, genitales y genéticas, e incluso dirán que eres valiente y te facilitaran tratamientos quirúrgicos y hormonales.

Pero si siendo homosexual o transgénero deseas volver a ser normal, entonces dirán que los fundamentalistas te han lavado el cerebro, que el homosexualismo no se puede revertir, que no es una enfermedad y por lo tanto no tiene cura, y toda una serie de mentiras similares destinadas únicamente a eliminar tu identidad.

El feminismo complementa esta maniobra. Les dice a las mujeres que ser madre es malo y que deben buscar el éxito monetario. Negando y ocultando el natural deseo que sienten por procrear y ser madres. Nos privan de satisfacer nuestro necesario instinto gregario y el innegable instinto maternal de toda mujer.

Profesores, funcionarios y artistas asalariados justifican el aborto y el divorcio como elecciones normales y necesarias sin mencionar que esto hace más infelices a las propias mujeres, mientras los títeres políticos de las élites judías firman leyes que inculcan una aparente tolerancia en escuelas y universidades.

Interfieren en el derecho que todo padre tiene de educar a sus hijos, imponen sus creencias de forma obligatoria, y se muestran intolerantes si los desmientes. Los amantes de la tolerancia no toleran que digamos la verdad. Y por eso nuestra obligación hoy es clara, hacerle entender a toda persona sensata que la ideología de género es una completa estafa.

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