Los judíos se precian de ser excelentes comerciantes, sin embargo, ocultan el hecho de que sus negocios están siempre ligados a la inmoralidad y la degradación de la persona humana. Mafias judías han estado siempre ligadas a la prostitución, la pornografía, la pederastia, la esclavitud, el tráfico de armas y la provocación de guerras y masacres.

Pero ahora hablaremos de uno de sus campos de acción menos conocidos: el narcotráfico. En 1905 el rico comerciante judío David Sassoon expande sus agencias distribuidoras de opio desde Bagdad hasta India y China, siendo el mayor beneficiario de las llamadas guerras del opio por el control del narcotráfico en el lejano oriente.

Los descendientes de Sassoon soy hoy íntimos de la familia Rothschild. Y los productores de estupefacientes asiáticos están casi en su totalidad controlados por judíos. La revolución comunista china de 1949 estuvo orquestada por estos mismos que hoy dominan la mal llamada mafia china, la cual es solo un tentáculo más de la mafia judía.

Basta una mirada a los nombres de los involucrados en el narcotráfico que son divulgados por distintas agencias noticiosas, y notaremos un patrón común, casi todos los capos del tráfico ilícito de drogas son miembros de la comunidad judía. Sus nombres los delatan y por ello suelen intentar confundirnos con seudónimos.

Del mismo modo se hallan bajo tutela judía las mafias Rusa y Siciliana, siendo esta última fuertemente perseguida por Benito Mussolini en especial a partir de 1936. Pero los logros del líder italiano fueron revertidos por la alianza de países dominados por judíos como Estados Unidos y el reino Unido durante la segunda guerra mundial.

Es que el rol de la mafia judía, que en Norteamérica se hace llamar italiana, ha sido fundamental para hundir a los estadounidenses en el sucio pantano de degeneración y vicio que hoy los carcome. Tras la derrota de Mussolini en Italia y el triunfo de Mao en China, el camino estaba libre para la introducción de narcóticos en América.

Pero la marihuana hindú y el opio chino no eran suficientes, es por ello que se comienza a explotar la producción de cocaína en Sudamérica. Haciendo uso de guerrillas comunistas los judíos se han apoderado de vastos territorios donde pueden cultivar y producir las drogas que luego exportan a países blancos en todo el mundo.

Los países controlados por judíos luchan contra el narcotráfico solo porque productos como la cocaína y las drogas sintéticas aumentan así su precio considerablemente. La legalización de la marihuana es el paso previo que introduce a la joven multitud en un vicio que luego les obligará a tomar drogas mucho más fuertes y costosas.

Como en la política, en los negocios los judíos también se valen de personas egoístas que solo buscan el éxito fácil sin importarles el daño que causen a sus semejantes. Un caso execrable es el de los cárteles mexicanos que transportan la droga hacia los Estados Unidos. Es sabido que sus luchas por el control del tráfico es demencial.

Y mientras los miembros de estas agrupaciones clandestinas, conformadas en su mayoría por indo-mestizos, luchan a muerte entre si y demuestran su genética brutalidad sanguinaria, los judíos sobre ellos se regocijan con los ríos de aquella sangre no-judía que tanto les gusta. Porque tantos cárteles divididos jamás podrán enfrentar a sus amos semitas.

Prueba de ello es el libro ‘Dying for the Truth’ difundido por el morboso judío Adam Parfrey, dueño de la editorial americana Feral House. En dicho libro se relatan con apología la gran cantidad de atrocidades, torturas y asesinatos cometidos por los narcos mexicanos que son publicados en un misterioso sitio web llamado ‘Blog del Narco’.

En el susodicho sitio se revela con indolencia en fotos y videos explícitos el sufrimiento y desesperación de personas que mueren frente a las cámaras por una lucha absurda. Videos, imágenes, relatos y mucha más documentación cuyo origen resulta por lo menos sospechoso por la exclusividad de quienes lo transmiten.

A los judíos les encanta jugar con la vida y muerte de los infieles, y disfrutan cuando los que no pertenecemos a su culto maldito nos enfrentamos entre nosotros, y nos hundimos en la degeneración y la inmundicia. Utilizan para ello a las razas inferiores y violentas capaces de mancharse las manos de sangre mientras ellos gozan.

Los lujos y la ostentación, así como la falta de disciplina y amor por el sacrificio, son propias de quienes no son blancos. La dureza de la vida y el amor por los nuestros nos han enseñado a sufrir y luchar por lo que amamos. El respecto a la tradición y la sencillez de nuestros ancestros deben guiarnos para no caer en las garras del enemigo.

Fuentes: Aperire Secreta / Chiwulltun / Narcotráfico y violencia / El mundo del abogado / El confidencial / Jew age / Editorial Streicher

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