Decir élites es usar un término ambiguo para designar a las castas gobernantes que nos oprimen y manipulan a su antojo. Decir que los miembros de estas élites son siempre judíos aporta algo más de datos. Y si bien los judíos en general, así como todos masones, responden a los dictados de estas élites, la gran mayoría de ellos no son más que lacayos de los más poderosos.

Los nombres de los judíos en la cúspide de la pirámide de poder son difíciles de elucubrar ya que por todos los medios tratan de ocultar su verdadera identidad como el ladrón que se esconde tras la máscara para no ser identificados como autores de las más nefastas fechorías y crímenes contra la humanidad. Aunque hasta el momento lo más probable es que dichos nombres tengan mucho que ver con el apellido Rothschild.

Pero, ¿Por qué lo hacen? ¿Por qué quieren esclavizar a todo ser vivo sobre la tierra y adueñarse hasta del último recurso natural? ¿Por qué han logrado poseer la mayoría de medios de producción y tienen un control casi absoluto del dinero y la economía del mundo? ¿Que los impulsa a sojuzgar, corromper y asesinar? ¿Cuál es el objetivo final de las élites?

Comparemos: una familia europea blanca cualquiera en la edad media, respetaba a su rey y confiaba en la nobleza, acudía los domingos a la iglesia y el principal objetivo de su existencia era entregarle lo mejor a las futuras generaciones. Ser entonces un señor feudal era más una responsabilidad que un privilegio. Porque ningún sistema político ha logrado ser perfecto, pero la realidad dista mucho de la leyenda negra que nos vende la propaganda de una época llena de oscurantismo y sufrimiento.

Ahora veamos a una familia judía durante el mismo lapso de la historia humana. De raigambre religiosa oriental y barbárica, el judío perpetuaba aquel atavismo ancestral donde cada tribu se consideraba superior a las tribus vecinas, y en virtud de dicha superioridad alegaba que su dios particular la habría designado como dueña y poseedora de todo cuanto existe. Todo esto mucho antes de la existencia de los Rothschild o el sionismo.

La familia judía medieval también deseaba entregarle lo mejor a las futuras generaciones judías, pero a diferencia del europeo promedio de origen Ario que buscaba la paz espiritual y el honor como ideal de vida, la familia judía, de origen mestizo, se interesaba más bien por la acumulación de bienes materiales como única forma de bridarle seguridad a los suyos. Esto debido a dos formas de ver la vida que desde un inicio son diametralmente opuestas.

Las razones raciales de ambas cosmovisiones son evidentes, por un lado la raza pura europea, de piel clara y costumbres virtuosas, y por el otro la casta mestiza, mezcla de negros, amarillos y blancos que dieron forma al primer judaísmo justamente en la región de confluencia de estas tres razas primordiales, y cuya mayor fuente de placer no es la virtud si no el vicio y el goce banal de placeres sensuales.

Para obtener placeres sensuales se necesita poder terrenal sobre los demás, y de allí parte la insaciable búsqueda del pueblo judío por poseer todo lo que se pueda poseer. Desde nuestros pensamientos y deseos, hasta nuestros cuerpos y nuestras actividades. Todo bajo un infranqueable puño que a pesar de que ya nos ha oprimido bastante, intenta aun oprimirnos más. Hasta convertirnos en esclavos robotizados plenamente controlados.

El objetivo final de las élites es el goce banal de placeres sensuales. Eso, por lo visto, es evidente. Ahora, ¿Cómo pretenden lograrlo hasta no dejar ni un solo espacio para la libertad? ¿Cómo pretenden tenerlo todo? ¿Cómo han obtenido lo que han querido desde la edad media hasta nuestros días? ¿Qué nos han hecho para henchir sus cuerpos de inmerecidas gracias? ¿Qué pasos han seguido estos seres inmorales para conseguir lo que quieren?

La respuesta es retorcida, perversa, pero simple. Lo único que han hecho es identificar aquello que dificulta el logro de su objetivo, para luego proceder a eliminarlo de la manera más abyecta e inmoral que pueda ser imaginada. Y ¿Qué es aquello que se cruza en su camino? Pues en su camino se cruza principalmente toda persona que no desea ser humillada ni obedecer a una élite parasitaria que únicamente busca satisfacer sus vicios.

La raza blanca, como lo ha demostrado la historia, es la menos dispuesta para someterse a la despiadada esclavitud judaica. Aunque otros problemas menores, a los que realmente han dedicado menos tiempo y esfuerzos también existen, la principal barrera que incluso hoy se opone al plan de dominio mundial es aquella misma familia humilde que solo busca lo mejor para los suyos.

¿Cómo destruirnos? ¿Cómo eliminar a la raza blanca? Los ataques llegan de distintos lados y atacan distintos objetivos. Pero primero y antes que nada se trata de lograr el genocidio y la total extinción de nuestra raza. Si bien se aplican también técnicas de control poblacional sobre sociedades que no son blancas, lo cierto es que el exterminio definitivo está destinado exclusivamente a la raza blanca, en tanto que las demás etnias solo están siendo diezmadas para conseguir un mínimo de esclavos útiles que puedan servir sin representar una amenaza real si se rebelan.

Para eliminarnos han implementado lo que se ha dado por llamar disgenesia, o sea la selección artificial de nuevos seres humanos por nacer no para que sobrevivan los mejores y más aptos, si no para que solo sobrevivan los más egoístas, insensibles, brutos y obedientes. En tanto que la eugenesia, es decir la reproducción de seres sanos, sin enfermedades, bellos, y sabios sería una exclusividad de las clases adineradas.

El control de la natalidad y mortalidad es fundamental, principal y primordial para ellos. ¡Y la propaganda es su arma letal! Luego está la generación artificial de escases y necesidades, y por último nada, que con eso ya tienen todo. Pero no ahondaré ahora sobre como lograron poseer los medios económicos, políticos y mediáticos, por ahora solo diré chantaje y estafa, amenaza y engaño, nada más.

Para controlar la natalidad impulsan por ejemplo el feminismo. Colocan a las familias en tal estado de necesidad que la madre se ve obligada también a trabajar en lugar de criar a sus hijos. Y el estado, controlado por la élite, se encarga entonces de la educación, mientras que la triste madre se une a la fila de pobres empleados que, a pesar de ganar muy poco, deben pagar ingentes impuestos. Pero la propaganda dice otra cosa…

La mujer liberada es presentada como aquella fumadora alcohólica votante que trabaja y no desea tener hijos porque le impiden el progreso económico, y esta propaganda ha sido impuesta a martillazos a pesar de que hasta hoy las encuestas muestran que lo que más interesa a las mujeres tanto psicológica como fisiológicamente es educar, alimentar, criar y ver crecer a sus propios hijos, en tanto que un sano varón las defienda y cuide también de sus retoños.

Otros métodos de exterminio son la homosexualidad, donde seres que no pueden procrear naturalmente son estimulados a mantener relaciones anormales con la esperanza de que la ciencia pueda darles críos. Sin embargo nunca notan que aquellos centros donde se producen humanos artificialmente forman parte de todo el conglomerado empresarial dominado por la élite judía. En fin, serán ellos (la élite) los que decidan qué aumentar, quitar o dejar en el código genético de los futuros seres humanos.

Se promueve pues el sexo como simple placer, desligado del innegable impacto psicológico que produce. No es lo mismo una clase de matemáticas o química en la escuela que una charla sobre educación sexual. El aborto y la anticoncepción son instrumentos destinados a disminuir y eliminar grupos específicos de seres humanos.

La máxima latina “divide et impera” es utilizada constantemente por la judiada, enfrentando hombres contra mujeres (feminismo), trabajadores contra empresarios (marxismo), maricas y personas normales (homosexualismo), religiosos contra ateos (nihilismo), y más de lo mismo en todos los ámbitos de la sociedad. Porque si no somos capaces de unirnos y nos peleamos por absurdas diferencias, jamás seremos capaces de luchar contra ellos.

El dividir para reinar se resume con el siguiente falso argumento: nos dicen que, si todos somos iguales debemos luchar contra las falsas diferencias que la cultura nos ha impuesto y transformarnos todos en seres idénticos. La realidad, por el contrario, nos demuestra que todos somos física y metafísicamente diferentes. Y que por lo tanto debemos cooperar unos con otros para lograr nuestros objetivos mediante una sana complementariedad.

La primera propaganda es el “divide et impera”, la segunda e igualmente importante es el “panem et circenses”, lo cual significa entregarle al pueblo algo de diversión para que se distraiga y no preste atención a los muros que se erigen a su alrededor para confinarlo en una cárcel en la que el propio prisionero se ha colocado.

Tenernos a todos controlados hasta el más mínimo detalle es el sueño ideal e utópico de la casta cultural (más que racial) de los hebreos. Para ello han implementado el uso de las tecnologías informáticas, tan beneficiosas en sí mismas, para transformarlas en armas de espionaje y seguimiento de disidentes que no tardarán en ser eliminados si su actividad se torna peligrosa.

La inmigración es otra arma letal contra la civilización europea. Mientras los judíos impiden el ingreso a su usurpada tierra de Israel, al mismo tiempo promueven el ingreso de inmigrantes racial y culturalmente diferentes a nosotros en nuestras tierras. Quieren que nos mezclemos con ellos pero ellos no se mezclan con nadie. Solo otra forma de exterminar nuestra raza.

La guerra fue en un pasado cercano otra forma de exterminio racial contra los pueblos europeos al enfrentarnos como hermanos blancos en absurdas disputas sin sentido, sin embargo hoy la judiada ha dejado de lado aquella estrategia por ser muy costosa. Ahora promueven guerras en países subdesarrollados para forzar a sus habitantes a migrar como refugiados hacia los países blancos más desarrollados, en tanto que se apoderan ellos de las tierras abandonadas.

Pero la inmigración forzada y el mestizaje obligatorio no son los únicos métodos de los poderosos. También inoculan químicos particulares en vacunas, comidas, agua, plásticos, organismos genéticamente modificados y pesticidas que sus empresas producen. Incluso en los países miembros de la Unión Europea y la OTAN han estado dispersando los mismos elementos sobre la población y en el aire que respiramos (chemtrails) con el único objetivo de reducir nuestra fertilidad y aumentar nuestra morbilidad.

La idea final de aquellos que enfermizamente desean hacerse dueños del universo es sencilla. Primero: no dejar ni un solo hombre o mujer de raza blanca sobre la tierra. Segundo: crear una raza mestiza única y sin identidad que ciegamente obedezca a la casta judía dominante. Y tercero: dominar y controlar inescrupulosamente a las masas de iguales mediante métodos tecnológicos y cibernéticos paradójicamente desarrollados por hombres blancos.

Pronto la sociedad post-industrial será controlada por los amos que, conectados cibernéticamente mediante chips implantados en sus cerebros copiados a memorias digitales para asegurar su inmortalidad, implementarán simples comandos sobre organismos cibernéticos, mitad humanos y mitad máquinas, que sin dudas ni incertidumbres ejecutarán lo que sus amos hayan ordenado.

¿Deseas tú, hombre blanco, que esta horrible predicción se convierta en realidad en nuestro muy cercano futuro? Si tu respuesta es NO, debes entonces reaccionar. Los grupos de poder te odian y desean verte muerto. Aquí no existe la ambigüedad. Ya han asesinado a muchos de los nuestros y a otros los han puesto en prisión. ¡Es momento de actuar!

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