Todo comenzó con un hombre y su deseo de ayudar a su pueblo. Ese hombre fue Adolf Hitler, y su legado de respeto, honor y amor por su gente sigue vigente hasta nuestros días. Pero hay un grupo de enemigos de la humanidad, cuyo único objetivo es esclavizarnos a todos. Y fueron ellos quienes vieron en Hitler a su más temible enemigo. Por eso inventaron una y mil patrañas con el objetivo de presentarlo bajo la peor luz posible.

Los judíos y sus vulgares negocios basados en el vicio y el crimen se vieron amenazados por la sana moral Aria impulsada por el líder alemán. Es así que, en su deseo de hundir y humillar al Führer, desataron una serie de calumnias contra él. Logrando que muchos incautos, al enterarse de tan escandalosas como infundadas difamaciones, se hayan puesto del lado de los criminales judíos y en contra de toda dignidad y sensatez.

Hans Michael Frank, abogado personal de Hitler, habría dicho en sus memorias escritas antes de ser ejecutado por los vencedores en 1946, y publicadas en 1953 con el título de ‘Im Angesicht des Galgens’, que el abuelo paterno de Hitler era judío. Según cuenta la leyenda, el sobrino de Hitler, William Patrick Hitler, habría llegado desde Inglaterra solicitando trabajo en el gobierno de su tío, siendo rechazado su pedido al ser considerado nepotismo.

El susodicho sobrino, viéndose maltratado, habría amenazado con hacer públicos los secretos más oscuros de la familia. Y en realidad William Patrick se sintió siempre mucho más cercano a la rama anglosajona de su madre, por lo que incluso cambió su nombre por el de William Patrick Stuart-Houston y se fue a vivir a los Estados Unidos en 1939, poco antes de iniciarse la guerra, con el fin de no llamar la atención sobre su ascendencia alemana.

La que sí quiso llamar la tensión fue la madre de William Patrick Hitler, la señora Bridget Dowling, que llegó a Norteamérica siguiendo a su hijo con el fin de vender un manuscrito al que dio el nombre de ‘My Brother-in-Law Adolf’, donde narraba cómo fue la vida en su casa de Liverpool cuando el joven Adolf la visitó, según cuenta ella, desde noviembre de 1912 hasta abril de 1913. Seis meses de los que muchos especulan sin probar nada.

El texto de Bridget Dowling nunca pudo ser vendido por ser demasiado fantasioso. Decía ser ella quien sugirió la forma en que Hitler luego cortaría su bigote, y que habría sido ella también quien inició a su cuñado en la astrología. Lo más indignante es que, basándose en estas fantasías, especuladores poco serios suponen que Hitler viajó a Inglaterra para ser entrenado por la oficina de propaganda británica conocida familiarmente como la ‘Wellington House’.

Toda una serie de mentiras. Primero porque Hitler nunca pisó Inglaterra, y no hay pruebas que demuestren lo contrario. Además, la ‘Wellington House’ recién comenzó sus operaciones en 1914. Y tanto la ‘Wellington House’ como la ‘Tavistock Clinic’, que se dice fue creada por la misma oficina de propaganda británica en 1920 para investigar nuevos métodos de manipulación social, tenían sus oficinas en Londres, y no en Liverpool.

Hoy en día, en pleno siglo XXI, un viaje en avión de Liverpool a Londres dura aproximadamente una hora. Por lo que, suponiendo que ya hubiese existido algo similar a la ‘Wellington House’ en 1913, para que Adolf fuese adiestrado por los ingleses, o debía viajar todos los días una gran distancia, o vivía con sus entrenadores en Liverpool (donde resultarían sospechosos), o nunca vivió con su tía si no en Londres… o toda esta historia es falsa.

Hans Michael Frank cuenta en sus memorias que recibió un encargo personal del propio Hitler para investigar el árbol genealógico del Führer. Esto tras las amenazas de su sobrino William Patrick. Encontrando que el abuelo paterno era un desconocido judío llamado Leopold Frankenberger para quien trabajaba la abuela. Al no ser reconocido por su padre judío, Alois Hitler (padre de Adolf) tuvo que llevar el apellido Schicklgruber de su madre.

Pero William Patrick Hitler llegó solicitando trabajo a Alemania recién en 1933, y Frank afirma que comenzó a investigar la ascendencia de Adolf Hitler ya en 1930. Nuevamente, las fechas no cuadran. Luego, sabemos que la madre de Alois, la señora Maria Schicklgruber provenía de la villa de Döllersheim, aunque Frank afirma que era natural de la ciudad de Leonding. Un error evidente entre muchos otros que provocan el rechazo de todo historiador serio.

Se dice que Maria Schicklgruber, abuela de Hitler, trabajó en Graz hacia 1836, año en que Alois Hitler, padre de Adolf, habría sido engendrado. Allí habría conocido al judío Frankenberger. Pero según el autor John Toland en su libro ‘Adolf Hitler: The Definitive Biography’ de 1976, el investigador Nikolaus Preradovic, de la Universidad de Graz, descubrió que los judíos no pudieron asentarse a vivir en Graz si no hasta 1856.

Aunque recién a partir de 1848 el emperador Francisco José I de Austria comenzó a ceder ante los intereses semitas, también es cierto que desde el siglo XVIII gran cantidad de judíos podían asistir a las ferias comerciales realizadas anualmente en Graz. Sin embargo, ante la falta de evidencias contundentes, se especula que el señor Frank solo uso una variante de su propio apellido, añadiéndole el sufijo ‘berger’ para hacerlo más judío.

Terminada la guerra los aliados arrasaron la villa de Döllersheim, donde nació el padre y la abuela de Adolf Hitler, y donde se hallaban los registros que habrían probado la estancia allí de la señora y la ausencia de judíos hacia la década de 1830. Hoy los mismos falsos historiadores que avalan mentiras como el holocausto, responsabilizan sin pruebas al propio Hitler de haber destruido la tierra de sus ancestros para ocultar su origen.

En realidad la historia es más sencilla. Hacia 1836 Johann Georg Hiedler con 45 años y Maria Schicklgruber con 42 conciben, sin esperarlo, a un niño llamado Alois. Al no estar ellos casados el niño es considerado ilegítimo y toma el apellido materno Schicklgruber. En 1842, cuando Alois tenía ya 5 años, sus padres contraen recién matrimonio. Y a los 10, tras la muerte de su madre, es enviado donde su más acomodado tío para que reciba una buena educación.

Lamentablemente los padres de Alois nunca se preocuparon por cambiar su apellido de Schicklgruber a Hiedler. Recién en 1876, con 39 años, el propio Alois se acercó al párroco de Döllersheim, junto a tres familiares presentados como testigos (entre ellos el mencionado tío Johann Nepomuk Hiedler), afirmando que sus padres se habían casado y por lo tanto deseaba llevar el apellido de su padre. En el acta se escribió Hitler en lugar de Hiedler.

En 1972 el psicólogo Walter Charles Langer publica el libro ‘The Mind of Adolf Hitler’ donde especula que la abuela de Hitler trabajo en Viena (no en Graz) como cocinera en la casa de los Rothschild (en lugar de Frankenberger). Teniendo allí un hijo ya sea con Anselm Salomon o con su padre Salomon Mayer. A pesar de ser judíos los Rothschild podían transitar libremente por Viena luego de haber comprado títulos nobiliarios en Austria.

Como ya es común en este tipo de cuentos, es evidente una total carencia de documentos históricos y datos comprobados. Baste decir que durante el Trecer Reich el régimen Nacional Socialista confiscó y cerró los bancos y negocios de la nefasta familia judía Rothschild. Y así lo muestran los diarios y publicaciones de aquella época. Bajo el mandato de Hitler la casa Rothschild no pudo seguir aprovechándose del pueblo con su usura.

Además, los abuelos de Hitler, tanto en la línea paterna como materna, eran de clase media y origen campesino, por lo que resulta casi imposible que la señora Maria Anna Schicklgruber haya trabajado al servicio de ningún judío, ya que de haber tenido necesidades económicas lo habría hecho en la casa de algún familiar, tal como lo hizo Klara Pölzl, madre de Hitler, en la casa de su abuelo, donde conoció a su tio y futuro esposo Alois.

Aunque siempre tendencioso y deseoso de complacer al establishment judío, casi la totalidad de documentos y datos fidedignos, comprobables y reales, y no simples especulaciones sobre Hitler, se los debemos al historiador alemán Werner Maser, quien fuera nombrado administrador de los bienes de Hitler y su familia tras la guerra, y que, seguramente sin querer, nos ha entregado los documentos que desmienten cualquier origen judío de Hitler.

Irónicamente, como lo relató por primera vez el Daily Mirror de Londres en 1933, el único judío llamado Adolf Hittler (con doble ‘t’) habría sido enterrado en el cementerio hebreo de Bucarest hacia 1892. Su lápida, que fue restaurada en 1987 cambiándola de lugar pero manteniendo las inscripciones originales, nos indica que su verdadero nombre era Avraham Eliyahu pero al parecer era conocido entre los gentiles como Adolf Hittler.

Fuentes: Poemas del río Wang / The Hitler Pages / Truth For Germans / Carolyn Yeager / Qué nos ocultan

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