Tras la muerte del judío Lenin, el 21 de enero de 1924, el designado sucesor para someter al pueblo ruso era el también judío Trotski. Sin embargo el criptojudío Stalin, creador del sionista Óblast Autónomo Hebreo de Birobidzhán en pleno territorio ruso, deseaba tanto el poder que utilizó su cargo de confianza para obtenerlo.

Stalin fue nombrado como Secretario General del Partido Comunista de la Unión Soviética el 3 de abril de 1922. Su cargo no era de tipo político, pero ostentaba una serie de atribuciones que le otorgaban importantes posibilidades. Stalin uso su cargo para obtener el apoyo de los más representativos personajes de la Unión Soviética.

Como Secretario General del Partido Comunista Stalin pudo mantener correspondencia con las células provinciales del partido, asignar trabajos, mantener los registros financieros, distribuir los fondos del partido, formular la estructura política del partido, y nombrar nuevo personal. Todos aquellos a los que ayudó le debían obediencia.

Es así que Trotski, el elegido por la mafia financiera judía de América y Europa, se vio desplazado por Stalin. Tanto que casi todos los líderes comunistas en Rusia apoyaron a Stalin y persiguieron a Trotski. Esto llevó a los líderes de la mafia judía a apoyar a Hitler pensando que éste derrocaría a Stalin.

Lo que no previeron los judíos es que Hitler no se sometería a los designios de la judiada. Ya que a pesar de haber recibido dinero en su campaña electoral de judíos camuflados como empresarios alemanes, cuando ellos pidieron algo a cambio, Hitler recalcó que sus aportes voluntarios no implicaban ninguna retribución.

El líder alemán les dijo a estos supuestos empresarios alemanes (que eran en realidad la fachada de intereses judíos) que si bien lo habían apoyado, estaba entendido que fue porque libremente apoyaban también su plan de gobierno. De modo tal que nada les daba la autoridad para exigir ningún cambio en su política.

Stalin persiguió hasta la muerte a Trotski, a quien consideraba una amenaza a su dominio total. Pero con el poder bajo sus manos no hizo más que continuar con las masacres, torturas y hambrunas perpetradas contra los sufridos rusos. Al final se unió a los aliados judíos contra Hitler en la segunda guerra mundial.

Ya que Stalin era un criptojudío, es decir un judío que aparenta no serlo, casi la totalidad de crímenes del régimen comunista ruso son atribuidos a un aparente hombre blanco. Pero nada es más falso. Stalin resultó ser un mal menor para los planes hebreos ya que al final siguió sirviéndoles para mantener su puesto.

Stalin, aparte de haberse aliado en la Segunda Guerra Mundial contra Hitler, apoyado por la City de Londres y el Wall Street de Nueva York. Siempre quiso congraciarse con sus amos sionistas mientras le fuese permitido dominar y aplastar al pueblo eslavo. La mayoría de altos funcionarios de Stalin siguieron siendo judíos.

Stalin no era antisemita, como nos ha querido vender la propaganda judía. Solo era un escollo menor y fácilmente superable. Nunca persiguió a los judíos en incluso les regaló la tierra de Birobidzhán. Y bajo su mandato cientos de judíos ocuparon cargos sumamente importantes en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.

El judío Matyas Rákosi fue nombrado líder de Hungría por Stalin. El judío Karl Pauker era su jefe personal de seguridad. El judío Nikolai Yezhov era oficial de la policía secreta. El judío Bolesław Bierut fue nombrado líder en Polonia por Stalin. Y el economista judío Hilary Minc se encargó de los asuntos financieros de Polonia.

La judía Ana Pauker fue nombrada por Stalin como ministra de relaciones exteriores en Rumania. El judío Abram Slutsky fue nombrado jefe del servicio de inteligencia. El judío Jakob Berman era considerado la mano derecha de Stalin. Y muy leal a Stalin era la sádica judía Julia Brystiger del aparato de torturas polaco.

El también torturador polaco Józef Różański, designado por Stalin, era judío. Anatol Fejgin fue comandante de la policía política estalinista. El espía y sicario oficial de Stalin fue el judío Iósif Grigulévich. Entonces nos preguntamos: ¿Dónde está el antisemitismo de Stalin? Solo en la imaginación de algunos filosemitas.

Fuente: Communism Blog

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