Sin usura, sin deuda, sin oro; solo trabajo. Los valores morales se elevaron y el pueblo alemán pudo evitar tanto sufrimiento y peleas entre hermanos, porque lo importante ya no era aplastar al otro por un beneficio material. No solo fue un cambio económico, se produjo un cambio de ideales; un cambio de lo material hacia lo sublime.

El sistema económico judío, que poco a poco ha logrado infiltrarse en la sociedad europea, es hoy la única forma que conocemos para entender la vida. Según dicho sistema, solo importa el bienestar material, el cual puede comprarse y venderse, incluso a costa de la propia dignidad, y por el que muchos son capaces de morir y matar.

Pero el hombre no es un ser puramente material, si lo alimentas y le das un techo inmediatamente comenzará a buscarle otro sentido a su vida. Ted Kaczynski, el Unabomber, pensaba que dado que el hombre actual ya no debe luchar por sobrevivir, busca entonces algo que represente un reto para él. Y aún así nunca está satisfecho.

Kaczynski creía que la satisfacción real del ser humano solo puede ser hallaba en la lucha por la vida. Nuestro objetivo sería entonces obtener recompensas materiales como sexo, comida y techo. Pero el ser humano no es solo eso. Buscamos más que nada hallarle un sentido trascendente a nuestra existencia, es decir que vivimos en busca de la felicidad.

Jean-Paul Sartre, emblemático representante del existencialismo, afirmó en su momento que la vida no tiene ningún sentido más allá de buscar cualquier placer efímero. Dichas elucubraciones se basan en la defensa que Sartre realiza de la moral y forma de vida judía. Su libro ‘Réflexions sur la question juive’ es una apología al judaísmo.

Vemos pues que el pensamiento judío, donde lo material es superior a lo espiritual, se halla profundamente enraizado en la cultura occidental debido al sistema económico imperante. Obtener siempre el mayor beneficio, aun a costa del sufrimiento ajeno, y buscar solo la satisfacción egoísta, son comportamientos intrínsecos al judaísmo.

Para la antigua religión judía el alma no existe, solo el cuerpo, y es por eso que la secta hebrea considera que la resurrección tras la muerte debe ser necesariamente en carne y hueso. Una vida puramente inmaterial es inconcebible para ellos. Por eso también rechazaron a Cristo, ya que esperaban un mesías guerrero que se rebele contra Roma.

Este modo de pensar enfermo e inhumano, que se fundamenta en la cosmovisión judía, solo nos ha conducido al dolor y al vicio. Dolor que se provoca cada vez que alguien aplasta y pisotea al otro por obtener alguna ventaja personal. Y vicio producto de la constante insatisfacción que padece todo aquel que solo busca el placer narcisista.

Porque para los judíos solo hay dos tipos de placer. Primero el que provoca la satisfacción del cuerpo y los sentidos. Y segundo, un psicópata deleite en el dolor ajeno. Dentro de su limitada capacidad emocional el sadismo, al ser intangible y abstracto, representa lo más elevado que pueden estar por sobre lo puramente material.

Desde la partida el alma europea Aria es completamente opuesta. El placer de los sentidos solo es tal si ilumina con su belleza y es capaz de inspirar los más altos valores y virtudes. Solo luego, nuestros mortales cuerpos, exaltados por el placer recibido, son capaces de comprometerse con los más elevados ideales de nuestra raza.

Así lo atestiguan las mudas estatuas griegas que tras el velo de los milenios nos observan a los ojos mostrando su belleza. Porque lo que hoy llamamos arte no inspira nada más que asco. Ya el Führer del Reich alemán condenó lo que en su gobierno se dio por llamar arte degenerado, y como tal envilecedor del alma humana.

En su lucha contra la degradación provocada por el materialismo de la judiada Hitler no solo rechazó la producción artística de los semitas. Simultáneamente aplicó drásticas medidas contra el eje mismo de su horroroso sistema. El Führer, como todo hombre Ario sano e inteligente, deseaba cambiar el esquema socioeconómico judío.

Hitler eliminó el cobro de intereses por prestar dinero, es decir que eliminó la usura. Y con frecuencia solía decir que cuando alguien presta cualquier bien se le devuelve únicamente el mismo bien prestado. Un cobro adicional se daría solo si el objeto prestado hubiese sido severamente dañado para compensar el costo de la reparación.

Igualmente Adolf Hitler reemplazó el dinero como representación del oro acumulado por el dinero como representación del trabajo real, ya sea este físico o intelectual. En la Alemania de Hitler si realizas un trabajo digno, recibes también un billete, el cual te sirve como medio de intercambio para comprar lo necesario para ti y tu familia.

Pero los judíos, viéndose amenazados con tan drásticas medidas que los ponían al descubierto, atacaron a Hitler primero boicoteando la producción alemana, y luego declarando abiertamente la guerra armada. El inicio de la Segunda Guerra Mundial nada tuvo que ver con Polonia, que tan solo solo fue una excusa premeditada por la horda hebraica.

El comunismo y el capitalismo se aliaron para eliminar a Hitler y su novedoso sistema económico. Porque tanto para el comunismo como para el capitalismo lo único importante es el beneficio material, para ellos no existe el alma humana ni la dignidad de los hombres. No es de extrañar que ambos sistemas sociales sean de origen judío.

El imperdonable pecado de Hitler fue desarrollar un nuevo sistema económico por el que los banqueros internacionales estaban privados de sus beneficios. Gracias al triunfo de los países aliados, dominados por judíos, se sigue utilizando hoy su salvaje sistema bancario. ¡Es hora de detenerlos! ¡No más guerras por los judíos de Sion!

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