La Operación Aníbal fue una estrategia naval ideada por Karl Dönitz, comandante de la Marina de Guerra Alemana, poco antes del fin de la Segunda Guerra Mundial, para evacuar la mayor cantidad de refugiados que escapaban de la barbarie perpetrada por el ejército soviético. Sus objetivos eran exclusivamente humanitarios.

El crucero Wilhelm Gustloff, diseñado originalmente para brindar viajes a bajo costo, fue hundido el 30 de enero de 1945 por el submarino soviético S-13. El barco se hallaba entonces atestado de civiles alemanes huyendo de una inminente masacre tras la guerra. Casi nueve mil personas murieron. Es la mayor tragedia marítima de la historia.

Diez días después, el 10 de febrero de 1945, el buque General von Steuben fue hundido por el mismo submarino ruso S-13, repleto esta vez de soldados alemanes sobrevivientes. Dicho submarino estuvo en ambas ocasiones comandado por Aleksandr Marinesko, un indisciplinado y alcohólico oficial soviético que buscaba limpiar su reputación.

El barco hospital Goya transportaba alrededor de siete mil enfermos y pacientes alemanes cuando fue atacado el 16 de abril de 1945 por Vladimir Konovalov, comandante del submarino L-3. El obediente señor Konovalov solo obedecía órdenes, por lo que fue condecorado como Héroe de la Unión Soviética tres meses después.

Pero el más controvertido hundimiento perpetrado contra la Operación Aníbal fue el realizado por la fuerza aérea británica el 3 de mayo de 1945, cuando el oficial inglés Martin Scott Rumbold inició el ataque contra el crucero Cap Arcona. Plagado esta vez de prisioneros de los campos de concentración que los alemanes quería salvar.

Si, así es, nada más extraño e incoherente para la doctrina judía oficial que afirma que el llamado Holocausto fue algo real. Pero aquí, en esta nada conocida historia, el navío alemán repleto de judíos evacuados de los campos de prisioneros, junto a los vapores Athen, Deutschland y Thielbeck, todos fueron hundidos por los ingleses.

Tanto el Cap Arcona, como también los barcos Athen, Deutschland y Thielbeck habían sido destinados a rescatar a quienes, a pesar de sus maldades, aún merecían vivir dignamente y no víctimas de la desnutrición, deshidratación, y demás enfermedades producto de los bombardeos aliados que provocaron una drástica carencia de recursos.

Si el susodicho Holocausto hubiese sido real, los alemanes jamás habrían intentado salvar a sus prisioneros. Pero los vencedores como siempre escriben la historia. Y falazmente argumentan que para evitar que los judíos fuesen descubiertos como esclavos en los campos de concentración, decidieron matarlos en altamar.

Nuevamente, aportando pruebas fraguadas y falsos testimonios, los hebreos en el poder nos dicen que Hitler embarcó a los judíos prisioneros con el único fin de aniquilarlos en altamar. Pero que por una extraña incoherencia del destino, los ingleses atacaron el barco alemán suponiendo que solo viajaban alemanes dentro de él.

No solo se muestra aquí el anti-germanismo inocultable de la judiada. Sino que la mentira y charlatanería del hebreo se hace más que evidente. Lo que realmente sucedió es que los aliados en sus aviones pensaron que los barcos se hallaban llenos de alemanes. Su insaciable odio contra el teutón los llevó a exterminar judíos por error.

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