Lo que conocemos como raza es equivalente a lo que en biología se llama subespecie. Por ejemplo el Canis Lupus o lobo corresponde al género Canis y a la especie Lupus, ahora, dicha especie posee gran cantidad de subespecies o razas, atendiendo principalmente a ligeras variaciones físicas y conductuales en regiones geográficas distintas.

El Canis Lupus Lupus en Europa, el Canis Lupus Albus al norte de Rusia, el Canis Lupus Arctos en el Ártico, el Canis Lupus Occidentalis en Alaska y Canadá, el Canis Lupus Baileyi de México y Estados Unidos, el Canis Lupus Italicus en Italia, o el Canis Lupus Signatus de la Península Ibérica, son solo algunas de las diversas subespecies o razas de Lobos.

Todos los miembros de una misma especie, sin importar la raza, pueden reproducirse entre sí y generar descendencia fértil. Sin embargo este proceso de mestizaje, conocido científicamente como hibridación, es visto como algo negativo, ya que producto de la introgresión (o hibridación continua) se produce la extinción de las razas originales.

Hasta hace poco más de un siglo nadie hubiese puesto en duda el innegable hecho de que dentro de la especie humana también existen subespecies. De lo contrario el Homo Sapiens sería una extraña excepción en la naturaleza. Las evidentes diferencias fisiológicas y psicológicas entre distintas razas resultan innegables.

Hacia 1735 Carlos Linneo en su libro Systema Naturae clasificó al Homo Sapiens en cuatro subespecies a las que denominó Homo Sapiens Europaeus-albus (europeo blanco), Homo Sapiens Asiaticus-fuscus (asiático marrón), Homo Sapiens Americanus-rubescens (americano rojo) y Homo Sapiens Africanus-niger (africano negro).

Recién dentro del pensamiento políticamente correcto, implantado por judíos marxistas en la Escuela de Fráncfort a partir de 1923, se comienza a indicar que hablar de razas diferentes, con cualidades y aptitudes diferentes, podría herir los sentimientos de los menos favorecidos. Su solución fue una intensa campaña en descrédito de la raza.

Los judíos marxistas de Fráncfort dijeron que la idea de raza debía ser eliminada para evitar que cualquier blanco se sienta inferior al negro por no correr tan rápido, o que el negro se sienta intelectualmente inferior al chino calculador y poco empático. Pero principalmente para evitar que el blanco se sepa superior a las demás razas.

Este discurso aparentemente conciliador, que sin embargo negaba la realidad empíricamente comprobada sobre la existencia de razas, era la excusa perfecta para conseguir la homogeneidad genética, obligando emocionalmente a personas de distinto origen a mezclarse para superar los abusos provocados por la discriminación.

El chantaje psicológico dentro del discurso políticamente correcto obedecía al deseo judío de crear una masa homogénea de individuos mediocres, como fue detallado por el masón y criptojudío Richard Coudenhove-Kalergi en su serie de libros sobre Pan-Europa, cuya primera publicación coincide con el año de fundación de la Escuela de Fráncfort

En 1943 el gobierno Nacional Socialista retiró el título de Doctor en Filosofía entregado por la Universidad de Viena a Coudenhove-Kalergi, que vivía en los Estados Unidos desde 1940. Terminada la Segunda Guerra mundial el concepto de raza fue denigrado como causa y origen de grandes males, principalmente porque Hitler era racista.

Tras la derrota de Hitler, y debido a que Alemania bajo el Nacional Socialismo fue la nación más dedicada a defender su raza, es que se comienzan a aplicar variadas estrategias de propaganda para imponer la idea políticamente correcta, pero totalmente contraria a la ciencia, sobre la inexistencia de razas humanas.

La falacia lógica conocida como Reductio ad Hitlerum es el intento de invalidar cualquier punto de vista, sin analizarlo, solo porque el canciller germano Adolf Hilter sostuvo en vida el mismo punto de vista. Según este razonamiento, si crees en la existencia de razas terminarás exterminando a quienes no son como tú.

Según ellos solo existen etnias y no razas, donde la principal diferencia sería entonces cultural y no fisiológica. Es decir que la identidad es solo un constructo puramente mental que deriva del modo en que cada grupo afronta los retos de su entorno. En la realidad las etnias así entendidas solo existen como subproducto de la raza.

La piel de un niño no será negra aunque a sus padres blancos les guste quemarse bajo el sol. Y seguirá siendo negro el hijo de negros, aunque viva bajo tierra y nunca vea la luz. Los factores físicos reales dependen de elementos genéticos inmutables que tan solo pueden ser parcialmente modificados por el entorno.

Por selección natural el lobo ártico es de pelaje blanco (aquí no se aplica el concepto de mutación evolutiva). Y por selección natural el hombre blanco esta mejor adaptado al duro clima europeo como el negro está adaptado al clima africano. No porque estas realidades ofendan a quien sea vamos a dejar de reconocerlas.

Así como las diferentes subespecies de lobos no deben extinguirse, del mismo modo las razas humanas deben preservarse y no mezclarse. Lo más extraño es que la corrección política en relación a la raza solo se promueve en los países blancos, dejando que otras culturas se sientan siempre orgullosas de su herencia e identidad.

El mayor obstáculo para los planes de dominio mundial de la élite judía es el hombre blanco, el que lucha por la subsistencia de su familia día a día, y no acepta que nadie le imponga modos de conducta esclavizantes y hábitos consumistas. Aquel que no permite que lo manipulen gracias a los valores morales inscritos en su sangre.

Para el judío un tibetano, bosquimano, o esquimal tiene siempre más derechos que cualquier blanco. Porque en el fondo lo que les importa no es defender a nadie de heridas psicológicas por afrontar la propia inferioridad. Lo que les importa a los judíos es mezclar la genética blanca con otras culturas hasta convertirla en un recuerdo.

El genocidio de la raza blanca es una condición ineludible que la judiada debe alcanzar antes de obtener un paso libre y poder conquistarnos a todos hasta convertirnos en sus esclavos. Pero no lo vamos a permitir, porque defenderemos nuestra raza hasta la muerte si es necesario. Y nuestro legado será el honor y la gloria.

¡Dile NO al mestizaje!

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