Racista, xenófobo y eurocéntrico es como califican a John Ronald Reuel Tolkien los más fervorosos antifascistas. Y es cierto que en su épico texto sobre el Señor de los Anillos los perversos orcos, enemigos del orden y la virtud, son descritos como negros, en tanto que los elevados elfos y los hombres nobles son blancos.

Sin embargo, en la vida real Tolkien fue un fervoroso amante de la fama y el dinero, por lo que siempre se mantuvo cerca de autores y editores judíos. Esto sin mencionar que copió del Anillo de los Nibelungos, de Richard Wagner, casi la totalidad de su mitología literaria. O que durante la segunda guerra mundial criticó duramente a Hitler.

Simon Tolkien, el nieto de John Ronald Reuel y actualmente principal representante de la obra de su abuelo, se casó con la judía Tracey Steinberg y sus hijos son judíos practicantes. El propio J. R. R. demostró en repetidas oportunidades su enfermizo aprecio hacia los pérfidos judíos e incluso se intuye el sionismo en su obra.

Cuando Tolkien pretendió publicar sus textos en Alemania hacia 1938, se le solicitó que demostrase no tener ancestros judíos, a lo que el autor estúpidamente respondió: “lamento poder afirmar que no tengo antepasados que pertenezcan a ese dotado pueblo”. Lo que demuestra una torpe adulación del judaísmo.

No sorprende pues que Tolkien indique en una entrevista, emitida por la BBC en enero de 1971, que: “los enanos, por supuesto son de un modo bastante obvio… Judíos”. Lo que evidencia una narrativa filosemita sobre el inocente pueblo que luego de ser esclavizado y maltratado, merece regresar a su tierra natal.

Tolkien habla como un vulgar sionista. Y en sus libros demuestra serlo al pervertir el mensaje del Anillo de los Nibelungos. John Tolkien copió demasiados elementos de la saga de Wagner, incluyendo nombres y lugares, pero cambió la representación que Wagner hizo de los enanos para convertirlos en admirables y dignos.

Según la saga Wagneriana los enanos, como los judíos, son seres despreciables a quienes solo les interesa acaparar riquezas. Para Tolkien los enanos fueron honrados mineros injustamente expulsados de sus tierras. Inicitando incluso la multiculturalidad simbolizada en la amistad del elfo blanco Legolas con el enano judío Gimli.

Cuando en 1961 se publicó el texto del Señor de los Anillos en sueco, el traductor Åke Ohlmark resaltó la similitud de la obra de Tolkien con la trama escrita por Wilhelm Richard Wagner para su drama sobre El anillo de los Nibelungos. Sólo por eso John Tolkien desacreditó a Ohlmark comenzando una visceral enemistad entre ellos.

Incluso el término Hobbit fue copiado de una antigua palabra para el Hobgoblin escocés. Y a pesar de todas las pruebas que demuestran un flagrante plagio de la historia wagneriana, John Tolkien dijo alguna vez sin vergüenza y en tono completamente pedante que: “lo único en común entre ambos anillos es su redondez”.

Nada original y bastante desagradable resulta la actitud soberbia de Tolkien. No le gustó que la Tierra Media de sus obras sea descrita como nórdica, porque influenciado por su entorno judío odiaba a los blancos nórdicos. Aún así muchos despistados racialitas siguen admirando a Tolkien como admiran a Nietzsche y a otros filosemitas.

Producto de su amor hacia los judíos que le dieron fama y fortuna Tolkien odió a Hitler, a quien catalogó de “idiota militar” y “pillo vulgar e ignorante”. E hipócritamente, luego de tan pomposos calificativos sobre el líder germano, resaltó que rechazaba la propaganda británica contra Alemania por ser demasiado demagógica y maniquea.

Igual que Tolkien en su momento, hoy los judíos en Hollywood y en la industria musical copian la habilidad de Wagner para provocar estados emocionales específicos mediante el uso del sonido. En sus costosas producciones repiten sin cesar los inmortales motivos wagnerianos, y luego cobran como si fuesen ellos los autores originales.

Como en las películas basadas en libros de Tolkien, el torpe remedo se repite una y otra vez. Mientras tanto la industria judía del entretenimiento se ha convertido ya en la principal estrategia de la judiada para alcanzar sus objetivos de dominio mundial mediante la destrucción de nuestros valores. ¡Debemos estar atentos!

Fuentes: Mosaic / Europa na mochila / Romanian Tolkien Society

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