Las modernas aplicaciones sociales en internet han puesto de moda el reconocimiento facial. Donde las imágenes digitales que muestran rostros pueden ser procesadas para reconocer las características específicas de cada individuo. Para ello se deben reconocer primero los puntos clave de cada cara como cejas, nariz y boca principalmente, para luego realizar las mediciones de tamaño y distancia entre estos puntos.

El principal objetivo de estos algoritmos es concentrar una gran cantidad de datos sobre cada persona en particular, haciéndola detectable mediante cámaras de seguimiento. Toda una herramienta de presión ejercida por las élites sobre la población. Sin embargo, ahora nos concentraremos en como esos mismos que nos dicen que las razas no existen se basan en mediciones y etiquetas raciales para identificarnos.

Casi la totalidad de programas destinados a la identificación de rostros se basan en unas pocas características específicas para identificar la raza. Por ejemplo, y sin tener en cuenta el color debido a la posible baja calidad de las fotos o videos en los que aparecen los rostros, estos serán orientales si la posición de las cejas es alta, será baja si son nórdicos, intermedia en otros blancos, intermedia en los semitas y alta en los negros.

El grosor de las cejas es delgado para los orientales, también delgado para los nórdicos, promedio para otros blancos, grueso para los semitas y nuevamente delgado para los negros. También se podría definir la raza de acuerdo al grosor de los párpados, pero esto no aparece en las fotos bidimensionales. Además, este tipo de clasificación evita una gran variedad de grupos mestizos frecuentemente denominados como “otros”.

El grosor de la nariz es ancho para los orientales, delgado para los nórdicos, promedio para otros blancos, intermedio para los semitas, y grueso para los negros. Y los labios son intermedios para los orientales, delgados para los nórdicos, promedio para otros blancos, gruesos los semitas y grueso para los negros. Todo basándose en fotos de frente que no muestran claramente curvaturas nasales ni orejas.

Como vemos, aun sin que sus creadores lo acepten, estos programas para ordenador tienen un claro fundamento en la sana discriminación racial. Definiendo grandes grupos como blancos (a los que dividen entre nórdicos y demás), negros, orientales y mestizos (donde algunos algoritmos reconocen, aparte de los semitas, a hispanos e incluso amerindios). Lo que inevitablemente demuestra que las razas existen.

Estas aplicaciones políticamente correctas (aparentemente) nada tienen que ver con defender la cultura o tradiciones de nadie. Pero simultáneamente los procesos de reconocimiento racial son usados por los judíos que controlan Facebook y otras redes sociales digitales para vigilar a todos y cada uno de los individuos que inocentemente entregan todos sus datos, fotos e información al enemigo.

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