En anteriores artículos hemos hablado ya sobre cómo los judíos pretenden obtener control absoluto sobre todos y cada uno de nosotros. Según lo estipulado en los Protocolos de Sión existen dos maneras de conquistar el mundo para los judíos. La primera es la opresión violenta contra quien se oponga, y la segunda es la opresión mental.

La opresión violenta fue aplicada en los regímenes comunistas pero aparte de ser muy costosa terminó siempre en fracaso porque la gente en lugar de doblegarse se rebeló. La opresión mental ha sido más exitosa al convencer a las multitudes de poseer todo tipo de libertades cuando en realidad hacen lo que dictan sus amos.

Pero, ¿qué es lo que desean esos amos ocultos? Para entenderlo mejor debemos retomar los Protocolos, según los cuales el objetivo final de la judiada es lograr un único gobierno universal donde sean ellos los supremos líderes. El resto de la humanidad deberá ser necesariamente esclavizada por medio de la ya mencionada opresión mental.

La primera forma de opresión mental, sobre la cual ya ahondamos en otra oportunidad, es la ilusión de igualdad. Según esta falacia no hay nada de malo en ser un mestizo medio negro y medio blanco, porque todos somos iguales. Tampoco es malo entonces ser un homosexual medio hombre y medio mujer, porque somos iguales.

Por lo que siguiendo estos preceptos tampoco es malo ser mitad humano y mitad animal, o medio humano y medio máquina, o medio planta o lo que sea. El caballo de Troya de estas ideologías es el placer sexual. Se nos trata de convencer que solo seremos libres si tenemos sexo con quien sea, como sea, y cuanto más mejor.

Así si un hombre no puede fornicar con una mujer lo hará con otro hombre, con un niño, con un animal, con un robot o hasta con un vegetal. En última instancia se induce al afectado a cambiar de sexo, lo que significa convertirse real y físicamente en el híbrido que mejor le venga. Pero entre tanta libertad hay una trampa.

El amante de la tecnología podrá implantarse extensiones cibernéticas, el homosexual podrá tener senos, la mujer vampiro podrá sufrir las modificaciones corporales que desee. Pero todo bajo el control de quien controla la sociedad, quien desde el poder puede implementar medidas restrictivas apelando razones de higiene y salubridad.

La segunda forma de opresión mental, y sobre la que trata esta entrada es no solo el control de nuestros cuerpos, como en el caso de la primera forma de opresión, si no que afecta nuestra propia vida y muerte. En este caso se trataría de una ilusión de libertad. Porque según nos dijeron, cada uno tiene derecho a hacer lo que quiera.

¿Pero si en realidad son ellos lo que nos dicen que querer? Porque utilizando sus medios de comunicación masiva pueden manipular nuestras opiniones haciendo uso de propagandas camufladas de entretenimiento o información. Como siempre, en un inicio presentarán su causa como moralmente legítima, para luego distorsionarla.

El caballo de Troya para la ilusión de libertad ha sido siempre el aborto, con su lema que nos quiere hacer creer que la mujer tiene derecho sobre el cuerpo y la vida de su hijo porque según sus absurdas excusas este nuevo ser sería parte del cuerpo de la madre, y por lo mismo ella tiene derecho a ‘extirparlo’ y matarlo.

Sin tener en cuenta que el ADN de la madre es completamente diferente al de su hijo, por lo que el hijo ya no sería parte del cuerpo de la madre que puede hacer con su cuerpo lo que quiera; debemos entender que aquí la causa del aborto se justifica si el hijo no deseado es capaz de ocasionar problemas psicológicos en su madre.

En realidad hasta una rata en la cocina puede ocasionar problemas psicológicos. Y más problemas psicológicos provoca el sistema materialista y consumista impuesto por los hebreos, donde gracias a una forzada escasez lo único que importa es el dinero, por lo que la madre se ve forzada a trabajar lejos abandonando a sus hijos.

Hoy nos dicen que es legítimo matar a un ser humano bajo la excusa de que nos hace algún tipo de daño del cual ¡NO ES CULPABLE! Como cuando a inicios del siglo XX, los que hoy son santos, nos dijeron que era legítimo matar a los inválidos mentales. Hitler por el contrario solo deseaba esterilizar a quienes poseían defectos heredables.

Pero esto no es lo más oscuro de su plan. Así como el estado, dominado por judíos, puede decidir que modificación corporal o cambio de apariencia es legal, apelando cuestiones de salubridad, de igual modo al reclamar la legalización absoluta del aborto, estamos poniendo en manos de la élite la decisión final sobre la vida y la muerte.

Hace algunos años los judíos nos decían que el aborto solo se aplica al humano dentro del vientre materno, a quien podemos matar por hallarse indefenso. Hoy nos dicen que podemos abortar la vida de niños prematuros y otros ya nacidos, porque no han logrado su total desarrollo al que biológicamente solo llegaran tras la adolescencia.

La muerte no es algo malo. Si la persona sufre y desea morir el suicidio no es inmoral ni equivocado. Lo aberrante del aborto es que quien muere nunca pudo dar su opinión, jamás fue libre y jamás fue considerado un ser humano igual a nosotros. Su falsa libertad e igualdad solo se aplica cuando les conviene. Eso se llama hipocresía judía.

La lógica de este macabro juego judío es simple. Si el feto indeseado merece ser eliminado, del mismo modo merece ser eliminado aquel que ya nació pero no es adecuado al sistema (que controla lo que la multitud desea o aborrece), y del mismo TU serás eliminado si eres indeseable para el sistema judaico universal.

Ahora bien, si para gozar de tan ilusorias igualdades y libertades estamos dispuestos a ponernos en manos de estos pérfidos judíos, estamos luego demostrando nuestra incapacidad mental y por lo mismo seremos eliminados. Como el viandante cualquiera que alegre compra su teléfono inteligente para ser controlado por ellos.

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