El joven Léon de Poncins, en su libro Les Forces secrètes de la Révolution, publicado en 1929, demuestra el innegable rol desempeñado por masones y judíos en la concepción y ejecución de las revoluciones modernas. Pero ¿quién controla los ánimos revolucionarios, haciéndolos bailar al ritmo de sus propios intereses? ¿Responden todos acaso a un solo amo?

Para comprenderlo debemos investigar sobre los origines de quienes podrían ser aquel poder oculto tras el telón. Masones, Jesuitas e Illuminati existen recién a partir del renacimiento, en tanto que judíos han habido hasta en el antiguo Egipto. Identificados ellos por sus engaños y argucias, que justifican como dones de Dios para su pueblo escogido.

Francis Francia un judío nacido francés, del cual pocos datos se tienen, habría sido el primer masón según documentos de 1877. Se sabe que Francia apoyó la causa cristiana jacobita en Inglaterra, probablemente como agente infiltrando. Pero más impactante es que sea identificado como masón hacia 1716, un año antes de que se fundara la primera logia. Lo que hace pensar en Francia como gestor de la masonería.

Otro dato curioso es que en 1751, cuando Laurence Dermott forma la Antients Grand Lodge, basa su escudo en los grabados del judío Judah Leon Templo, quien hacia 1675 llevó a Londres una maqueta con la reconstrucción del Templo de Salomón. Dicho emblema hebreo se mantuvo cuando la Antients Grand Lodge se unió a la Grand Lodge of England en 1813.

El concepto mismo de los masones como arquitectos está relacionado con la idea judía de reconstruir el Templo de Salomón. Según su mitología el constructor de las columnas Jaquin y Boaz, que adornaban la puerta del templo, fue un tal Hiram Abif, nombre que hasta entonces aparecía así únicamente en la versión hebrea del Tanaj, y no en la biblia cristiana.

Es evidente que los rituales, la simbología y las creencias doctrinales de la masonería se basan en libros judíos como el Zohar, escrito en el siglo XIII por el judío Moisés de León, y el Sefer Yetzirah, escrito por un judío anónimo del siglo X. Ambos libros son considerados fundamentales para el judaísmo esotérico conocido como Kabbalah.

Además, el sistema de secretismo masón basado en grados, donde el miembro de un grado inferior no puede saber nada de lo que hacen sus grados superiores, y sin embargo debe obedecerles ciegamente. Y donde solo los superiores eligen quien será ascendido. Todo está basado en el sistema judío de gobierno conocido como Qahal.

De Poncins nos da a entender que son los judíos quienes manipulan la masonería hoy, pero postula la hipótesis de la inexistencia de judíos masones antes de Revolución Francesa. Sin embargo, el historiador judío Jacob Katz nos enumera algunos de los nombres judíos que participaron en la creación de la primera logia masónica oficial.

La Gran Logia de Londres es reconocida por ser la primera asociación de masones históricamente real. Cuando fue fundada en 1717 ya contaba con judíos de apellidos como Mendez, De Medina, De Costa, Alvares, y Baruh. Solo seis años después podemos encontrar judíos en casi todas las nuevas logias que surgieron en Europa.

Hacia 1723 el judío Abraham Ximenez era parte del Daniel’s Coffee House No. 84, y los judíos Isaac Chitty, Benjamin Deluze, James Diose, y Joshua Lewis eran miembros de la logia Dolphin en Tower Street. Hacia 1759 nombres como Jacub Moses, Lazars Levy, o Jacub Arons mantienen la tradición masónica de aceptar gran cantidad de hebreos.

Existe, por ejemplo, la solicitud presentada en 1756 por el judío Emanuel Harris, el cual deseaba unirse a la masonería inglesa luego de haberse llamado Menachem Mendel Herz Wolff en Alemania. Incluso el historiador del siglo XVIII, Oluf Gerhard Tychsen, indica que por aquel entonces una logia inglesa ya era conocida como La Judía.

El profesor judío Aubrey Newman incluye más nombres en la lista de judíos miembros de la primigenia masonería. Según sus investigaciones en 1723 aparece el judío Simon Ansell; hacia 1725 tenemos a los judíos Israel Segalas y Nicholas Abrahams; y ya por 1732 vemos a judíos como Solomon Mountford, Abraham Ximenes, o Abraham Cortissos.

Entre los primeros administradores del Gran Festival anual (un evento público que celebra la creación de la masonería) podemos encontrar a judíos como Solomon Mendez en 1732, Meyer Shamberg en 1735, Benjamin Da Costa en 1737, e Isaac Barrett, Joseph Harris, Samuel Lowman y Moses Mendez entre 1737 y 1738.

Cuando la logia Lebeck’s Head fue constituida en 1759 trece de sus miembros eran judíos. La Lodge of the Nine Muses fundada en 1777 poseía entre sus miembros a notables judíos como Francis Franco, Raphael Franco, Isaac Sequira, y Abraham Teixera. La logia Prince of Wales, que se hallaba restringida a gente cercana al príncipe, contaba también con varios judíos.

Uno de los primeros reportes en la prensa sobre la iniciación de un judío en la masonería lo podemos encontrar en la publicación del 22 de septiembre 1732 del Daily Post, donde se indica que el judío Edward Rose habría sido iniciado en presencia de judíos y gentiles, siendo el Maestro oficiante el rico mercader judío llamado Daniel Delvalle.

En la Lodge of Friendship existe una minuta del 2 de noviembre de 1752, donde se propone a un judío para que sea aceptado como masón. Luego de una votación el judío es rechazado y se resuelve no aceptar en el futuro a ningún judío en dicha logia. Ese mismo mes otro judío es iniciado en esa misma logia y tres años después es elegido como su Maestro.

Durante los primeros años de la masonería, en países como Francia y Holanda, los judíos fueron siempre miembros destacados. Tal aprecio por los semitas ha sido frecuentemente justificado con excusas como la igualdad y la inclusión social. Excepto en la nacionalista Alemania, donde los judíos se vieron obligados a presentarse como cristianos.

Caso destacado es el del masón alemán Adam Weishaupt, de quien muchos sospechan un origen judío, y que, luego de haber sido un joven profesor universitario y alumno jesuita, funda la secta terrorista de los Illuminati de Baviera en 1776, con el fin de eliminar las monarquías europeas para colocar en su lugar a la burguesía mercantil judía.

La temprana vida de Johann Adam Weishaupt es extraña y azarosa. Weishaupt nació el 6 de febrero de 1748. Hijo de un abogado y profesor de leyes en la Universidad de Ingolstadt, que murió cuando Adam tenía tan solo cinco años. A partir de entonces fue criado por su padrino Johann Adam von Ickstatt que, al igual que su padre, enseñaba leyes en Ingolstadt.

Von Ickstatt llevó a Weishaupt a estudiar al Colegio Jesuita de Ingolstadt. Luego de su etapa escolar Adam ingresa a la Universidad de Ingolstadt donde se gradúa en 1768 a la edad de veinte años, convirtiéndose poco después en profesor de la misma universidad. Cabe destacar que la Universidad de Ingolstadt se hallaba entonces totalmente controlada por jesuitas.

Igual que Weishaupt, masones revolucionarios como Voltaire o Diderot fueron también educados por jesuitas. Que es como se conoce a los miembros de la Societas Iesu o Compañía de Jesús. Fundada en 1534 por Íñigo López, un soldado herido en batalla que, al no poder continuar su carrera militar, decide convertirse en sacerdote y fundar su propia congregación.

Luego de crear la orden jesuita, dado que su familia practicaba el talmudismo y para no ser señalado como judaizante, López comienza a hacerse llamar Ignacio de Loyola. Sin embargo, cofundadores de la Compañía de Jesús fueron los judíos Alfonso Salmerón, Diego Laínez de Vivar, Alfonso Nicolás Pérez (conocido como Nicolás de Bobadilla) y Simão Rodrigues de Azevedo.

Juan Alfonso de Polanco, jesuita y marrano, fue confesor privado y secretario del primer general jesuita, Ignacio de Loyola; y luego de sus sucesores. Primero del judío Diego Laínez, y luego de Francisco de Borja (Borgia en Italiano) cuya familia de linaje judío, mediante actos inmorales, se apoderó del Vaticano cristiano hacia fines del siglo XV e inicios de siglo XVI.

En marzo de 1766 se produce en España el Motín de Esquilache que, presentándose aparentemente como una espontánea revuelta popular, puso en riesgo la vida del monarca Carlos III. Pasada la efervescencia y calmados los ánimos las investigaciones descubren que todo fue producto de una conspiración jesuita contra la nobleza española.

Los jesuitas, dominados por judíos, habían logrado infiltrarse en la Iglesia Católica para destruirla desde dentro, y favorecer así sus propios intereses. Dos siglos después de su creación el control de la orden de Loyola era tan grande que los reyes católicos de toda Europa exigieron al Vaticano la supresión de la peligrosa Societas Iesu.

A pesar de su inicial rechazo, el Papa Clemente XIV (educado por jesuitas) disuelve la Compañía de Jesús por subversiva y contraria a Roma el 21 de julio de 1773. Es recién entonces que Weishaupt intenta desligarse de sus mentores jesuitas, simulando criticarlos mientras que, como buen judío, atacaba la moral cristiana.

Con esta sediciosa ideología Weishaupt organiza el 1 de mayo de 1776, con veintiocho años de edad, la Bund der Perfektibilisten o Asociación de Perfectibilistas. Adoptando como símbolo la lechuza tipo mochuelo que en la mitología griega acompañaba a la diosa Atenea, y que para el tiempo en que vivió Weishaupt representaba la filosofía.

El objetivo de esta asociación fue llevar a la práctica del modo más brutal y sangriento lo que, instigados por intereses judíos ocultos, habrían promocionado teóricos masones del siglo XVIII como Diderot, Montesquieu, Rousseau, d’Alembert, Voltaire o Condorcet.

Su consigna fue primero hacerles creer a los pobres que luchaban por ellos. Luego hacerlos destronar a las monarquías europeas. Y por último poner en control a comerciantes judíos adinerados. Algo similar a lo que posteriormente propuso el judío Karl Marx.

En 1778, con el objetivo de atraer nuevos adeptos, se cambio el difícil nombre de Bund der Perfektibilisten, por el más comercial Illuminatenorden u Orden de los Illuminati. Y con tal apelativo cientos si no miles de masones gentiles fueron convencidos de involucrase en actividades terroristas que ingenuamente consideraban justas.

El príncipe elector Carlos Teodoro de Baviera luego de indagar sobre la sociedad revolucionaria de los Illuminati, y sintiendo amenazado su poder monárquico, prohíbe la existencia de dicha organización secreta dentro de dominios bávaros el 22 de junio de 1784. Los subversivos perseguidos buscaron entonces refugio junto a masones de países vecinos.

El propio Weishaupt se vio obligado a huir de Ingolstadt tras haber sido expulsado de su cátedra universitaria, y luego de un segundo edicto contra su secta terrorista emitido el 2 de marzo de 1785. El 20 de junio de 1785 cabalgaba Weishaupt bajo la tormenta, cerca de Regensburg, junto a Jakob Lanz, cuando este último fue alcanzado por un rayo.

El sacerdote Johann Jakob Lanz, como muchos otros religiosos, era también miembro de los Iluminados. Según el ensayista René Le Forestier, el destacado iluminado bávaro Thomas Maria Baron De Bassus, confesó que hacia 1778 en una reunión de iluminados en Múnich, vio cómo un abad francés atacó visceralmente a Cristo, su doctrina y su iglesia.

El cuerpo del cura Lanz fue abandonado por Weishaupt, que se hallaba más preocupado por huir. Y cuando las pertenencias del difunto fueron analizadas, las autoridades pudieron encontrar gran cantidad de nombres y direcciones que utilizaron para ingresar a las moradas de destacados Iluminados y confiscar importantes documentos.

Entre los textos incautados se hallaba una carta de inicios de 1777, escrita por Weishaupt y dirigida a Ajax (pseudónimo de un alumno de Ingolstadt llamado Max Edler Merz), donde Weishaupt decía: “Iré a Múnich y seré recibido en la famosa orden de francmasones, crearemos nuevos contactos y nos haremos más fuertes que otros”.

Basándose en esta carta, la historia oficial (la misma que dice que los Illuminati desaparecieron definitivamente en 1784) dice muy frecuentemente que Weishaupt se hizo masón para reclutar secretamente nuevos miembros y adoctrinarlos en su secta terrorista y subversiva. Sin embargo, esto solo es una forma de limpiar de toda culpa a la francmasonería.

En realidad es común que los masones pertenezcan a varias logias simultáneamente. Incluso existen registros de masones que, perteneciendo ya a reconocidas logias, habrían fundado otras nuevas, siendo miembros de todas al mismo tiempo. Que Weishaupt se haya unido a una logia masónica en 1777 no significa que no haya sido masón con anterioridad.

Podemos decir entonces que los verdaderos líderes francmasones, en su mayoría judíos, al ser su secta el principal instrumento de los Illuminati para reclutar nuevos adeptos, habrían concertado con Adam Weishaupt para que utilice en actividades subversivas a los miembros de la masonería, que harían cualquier cosa para ser reconocidos dentro de sus respectivas logias.

El masón Karl Wilhelm Ferdinand, duque de Brunswick, indica que hacia 1794, época de gran efervescencia revolucionaría, la francmasonería se hallaba completamente controlada por Weishaupt y sus Illuminati. Pero, si los Illuminati son sin duda la militancia violenta de la francmasonería, ¿a que intereses servía la secta de Weishaupt?

Bernard Lazare, un autor judío del siglo XIX escribió, en su obra El Antisemitismo de 1894, que solo judíos cabalistas rodeaban a Weishaupt. Además, de acuerdo a la historiadora Nesta Helen Webster, miembro del partido fascista británico, a partir de 1777 el mason judío Mayer Amschel Rothschild comenzó a apoyar económicamente a los Illuminati.

Es sabido que casi todos los miembros de la adinerada familia judía Rothschild han sido o son francmasones. Y es cierto también que han aportado, a lo largo de la historia, gran cantidad de ingresos a las logias masónicas. La familia Rothschild domina hoy la masonería, y domina también a los Illuminati. Así como domina la economía mundial y el entretenimiento.

El códice Illuminati, presentado por Weishaupt en términos masónicos, indica la necesidad talmúdica y judía de mentir, traicionar, e incluso asesinar, si el objetivo final es establecer un orden mundial controlado por judíos. En ese sentido es revelador que, tras la prohibición de los Illuminati en Baviera, su cuartel general en Ingolstad se haya convertido en una sinagoga judía.

Según el investigador Jüri Lina en su libro Bajo el Signo del Escorpión, publicado en 1996, se sabe que de 39 Iluminados en las más bajas posiciones 17 eran semitas. En los rangos superiores había incluso mayor cantidad de judíos, entre los que destacan el profesor judío Naphtali Hirz Wessely, el mercader Daniel Itzig y el banquero David Friedlander.

Todos estos hebreos, antes mencionados como muy cercanos a Weishaupt, fueron discípulos del ideólogo judío Moses Mendelssohn, de quien se sabe que era también miembro de los Illuminati y mentor de Weishaupt. El judío Mendelssohn es pues el instigador de las más inhumanas y crueles matanzas presentadas como justificada lucha del pueblo contra la opresión.

Siguiendo al judío Moses Mendelssohn, Weishaupt camufló sus ideas como una supuesta lucha popular contra el imaginario yugo de la iglesia y la monarquía, atrayendo así gran cantidad de idealistas. De este modo la masonería iluminada logró en la práctica consumar la brutal toma de la Bastilla y el sangriento legado de la Revolución Francesa.

De acuerdo al rabino judío Marvin Antelman, el judío sabateo Jacob Frank realizó un pacto con Adam Weishaupt hacia la década de 1770, donde Frank firmaba el apoyo de sus judíos Sabateos a Weishaupt solo si al final eran favorecidos los intereses del pueblo judío. Tras la Revolución Francesa, instigada por Weishaupt, los judíos fueron aceptados como ciudadanos legales.

Simultáneamente la masonería en Norteamérica se hallaba enfrascada en una guerra de independencia destinada a fundar un estado bajo el total control de esta secta. Masones extranjeros cercanos al masón George Washington como el francés Marqués de La Fayette y el venezolano Francisco de Miranda apoyaron la causa independentista americana.

Masones fueron también Benjamin Franklin, Thomas Jefferson y Paul Revere, los cuales participaron junto a Washington en la gesta de independencia americana. Se sabe pues que los Estados Unidos de Norteamérica fueron creados para servir al poder judío. Porque la masonería americana ha sido siempre muy obediente y cercana a la comunidad judía.

Una evidente demostración de apreció por la gente del pueblo de Israel en la mitología francmasona estadounidense es la invención de Mordecai Campanall, un imaginario judío que habría creado la primera logia norteamericana en Newport, Rhode Island, hacia 1658. Aunque en realidad nada se sepa de este personaje en los datos históricos reales.

Paralelamente sabemos que, según documentos de confirmada autenticidad, el judío Isaac da Costa ya formaba parte de la King Solomon’s Lodge en Charleston hacia 1753. Mientras que el judío Moses Michael Hays, que ayudo a introducir el rito escoses en la masonería americana, fue nombrado Diputado Inspector General de la Masonería en Norteamérica hacia 1768

Hays organizó la King David’s Lodge en Nueva York en 1769, expandiéndola a Newport en 1780. Hays fue también Gran Maestre de la logia de Massachusetts desde 1788 hasta 1792. Y el propio Paul Revere, reconocido masón patriota de la revolución americana, sirvió bajo el mandato del judío Moses Michael Hays como Diputado Gran Maestre de la Masonería.

A diferencia de negros, chinos o indígenas americanos, que nunca siquiera se acercaron al cargo de Diputado Inspector General de la Francmasonería, varios judíos ostentaron dicho honor a fines del siglo XVIII en los territorios de las Trece Colonias Británicas, convertidas luego, gracias a la revoltosa influencia masónica, en los Estados Unidos de Norteamérica.

El judío Solomon Bush fue Diputado Inspector General de la Masonería para Pennsylvania. El judío Joseph Myers fue nombrado Inspector General de los masones primero en Maryland y luego en Carolina del Sur. Y el judío Abraham Forst, originario de Londres y comerciante en Philadelphia, se convirtió en Diputado Inspector General para Virginia en 1781.

Durante la Guerra de Independencia la Sublime Lodge of Perfection de Philadelphia estuvo totalmente controlada por judíos. Siete años después de concluida la guerra, el 17 de agosto de 1790, el judío Moses Seixas envía una carta pública al novel presidente George Washington donde, apelando a los principios revolucionarios, reclama tolerancia y respeto para los judíos.

Al día siguiente, el 18 de agosto, Washington envía su respuesta a Seixas reafirmando la total libertad de los semitas en territorio americano. Tan positiva y pronta contestación tal vez se deba a otra carta escrita el mismo 17 de agosto por el propio Seixas, en la que se identifica ante Washington como su hermano masón y representante de la King David’s Lodge.

Poco después, y siempre bajo la presidencia de Washington, Seixas funda el Banco de Rhode Island en su casa de Newport, el 28 de octubre de 1795, junto al masón y esclavista Christopher Champlin. El judío Seixas fue un conocido masón, Diputado Gran Maestro de la Gran Logia de Rhode Island desde 1800, y reelecto Gran Maestro el 22 de junio de 1802.

Cuando en 1793 se colocó la primera piedra en la sinagoga judía de Charleston, la ceremonia fue conducida de acuerdo a los ritos masones. Porque la francmasonería americana siempre estuvo dominada por judíos. Incluso se sabe de algún judío que fue miembro de la original Fredericksburg Lodge a la que luego perteneció el propio George Washington.

El rol de la judería en el comunismo está más que comprobado. Pero, teniendo en cuenta que los semitas nunca han superado el 2% de la población en los países blancos, debemos también reconocer una exagerada representación de judíos en casi toda organización revolucionaria moderna. Muy probablemente porque son ellos, los judíos, el poder oculto que dirige el terror.

Fuentes: Redefining God / Fitzpatrick Informer / Bessel’s Homepage / Euro-med / Luis T. / Jewish Virtua Llibrary / Pietre Stones (1) / Pietre Stones (2) / Jewish Communities and Records / Academia / New World Order University / Mount Vernon / Rhode Island Currency

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