Durante décadas la prensa dominada por judíos nos ha hecho tragar una gran cantidad de conceptos totalmente falsos y contrarios a la realidad. Entre ellos la idea de que el feminismo, o al menos una parte de este, es contrario a la pornografía.

Argumentan algunas feministas que la pornografía heterosexual degrada a la mujer colocando al hombre como amo abusador. En tanto que otro tanto de feministas se oponen a esta propuesta y aducen que la pornografía libera a la mujer.

No ahondaremos ahora sobre las consecuencias psicológicas de la cosificación del acto sexual, que no tiene en cuenta sus inevitables consecuencias psicológicas y emocionales. Lo que hoy propongo es desmontar la dicotomía entre feminismo y porno.

En primer lugar debemos señalar que la pornografía a gran escala, así como la expansión ideológica del feminismo corresponden ambas a la decadencia, instigada por los medios de propaganda semita, que surge tras la segunda guerra mundial.

El feminismo se queja de que la mujer no es igualmente tratada que el hombre. Y en el campo de la relación sexual se descarta una sana complementariedad, colocando en su lugar una especie de competencia por el poder de los genitales.

En ese sentido, para las feministas, no importa si una mujer camina desnuda por la calle y comienza a masturbarse en público, aun en ese extremo caso cualquier hombre que la mire con el más mínimo deseo es tachado de machista.

Este razonamiento transgrede las leyes de la ciencia natural, olvidando el elemento instintivo inherente a todo ser humano, el cual no puede ser eliminado ni reducido sin atentar contra la salud e integridad del hombre.

Aún así, las feministas tachan de abuso cualquier acto sexual si es que este no ha sido explícitamente consentido por la mujer. Esto en la práctica significa que se puede acusar de violación a cualquier hombre si la mujer no firmó un papel indicando su consentimiento.

Y esto nos lleva al campo de la pornografía. Porque, dado que el hombre no puede ser libre ni para coquetear sinceramente con la mujer que lo atrae, lo único que le queda es recurrir a la pornografía, donde casualmente la mujer sí consintió en ser violada.

Se podría comparar este escenario a un universo distópico, donde respirar en cualquier parte está prohibido porque se requiere un consentimiento del aire para ser inhalado. En realidad el deseo sexual es tan natural como llenar de aire nuestros pulmones.

En esta sociedad apocalíptica, respirar aire es legal sólo cuando este es administrado por los poderosos. Del mismo modo, la pornografía es entregada por la mafia judía no solo para llenar de dinero sus bolsillos, porque además la usan para distraer a la gente.

El vicio del pueblo es sinónimo de tranquilidad para los poderosos. Ya que el pueblo obnubilado, cuyos hombres guerreros deberían rebelarse, al no poder conseguir mujeres reales, se vuelcan a la pornografía dominada por sus enemigos.

Y es así, de este modo, que los grandes magnates judíos, dueños de tu dinero y de tu alma, te dicen donde, cuando y con quién tener sexo. Y si no es posible con una mujer real, deberás tenerlo con una maquina, una muñeca, un árbol, o con tu propia mano.

El objetivo final es controlarte y controlar todos tus impulsos. Ya no eres libre de abordar a ninguna mujer. Porque eso es abuso y violación. Debes, por lo tanto, estar sujeto a lo que ellos decidan entregar de acuerdo a SU conveniencia.

Pero, ¿estás realmente dispuesto a aceptar esa forma de dominación? ¿Deseas perder tu libertad? …Y tú, mujer blanca, ¿deseas que aquellos que dicen representarte manipulen tus intereses? Si tu respuesta es NO, Únete a la resistencia anti-judía.

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