La teoría evolutiva sobre el origen de las especies ya había sido postulada más de dos milenios antes por Anaximandro en la antigua Grecia, cuando Charles Darwin recibió el encargo por parte de la masonería judía para popularizar la idea materialista sobre las causas de la diversidad biológica. Dicho objetivo, ateo y amoral, fue trazado por el iluminismo medio siglo atrás y fue luego reforzado por el comunismo.

Actualmente todas las conjeturas evolucionistas han sido refutadas por datos históricos y hechos científicos reales. Sin embargo aun existe quien defiende a Darwin debido al adoctrinamiento académico y mediático, que en muchas ocasiones es atizado por un odio visceral contra la religión. Sin estos elementos, irracionales y contrarios a la ciencia, la hipótesis evolutiva queda desenmascarada.

Por ejemplo, si la selección natural escoge mutaciones beneficiosas que generan cambios evolutivos, entonces ¿por qué ni los esquimales ni los nórdicos, ni los fueguinos al sur del planeta, mantuvieron el pelaje de sus simiescos ancestros? Ante dicho argumento los evolucionistas afirman que luego de usar ropa el hombre perdió el pelo porque ya no lo necesitaba. Pero ¿qué tan cierto es esto?

Este absurdo argumento nos obliga a pensar en un hombre simiesco lleno de pelos que por absolutamente nada decide usar ropa. Luego pierde los pelos por usar ropa y por eso nosotros, sus herederos, hemos perdido el pelaje de los animales. ¿Absurdo? Tal vez. Aunque también ensayan otras conjeturas. Una de ellas es que los humanos perdieron el pelo en zonas calientes y luego migraron a zonas más frías.

Pero, entonces ¿por qué la gran mayoría de mamíferos que habitan zonas calientes del planeta mantienen su pelaje? Si el ser humano es capaz de perpetuar, seleccionando artificialmente y por puro placer, la cualidad de ciertos gatos, por ejemplo, que por algún error de replicación en el ADN son incapaces de tener pelaje, ¿por qué la naturaleza no hizo lo mismo si el objetivo es la preservación de la especie mejor adaptada?

Hasta donde sabemos, todas las mutaciones naturales son perjudiciales o inocuas, y aun no se ha demostrado ninguna que represente una ventaja evolutiva. Existen insectos que por error desarrollan patas en lugar de antenas, pero las nuevas patas no añaden nueva información genética como sería la creación de manos. Y, peor aún, tampoco aportan nuevas funciones. La falta de pruebas evolutivas es abrumadora.

Estudios recientes confirman que la capacidad de resistencia de ciertos microbios a los antibióticos se debe a que ya existían grupos que naturalmente eran resistentes con anterioridad, y solo fueron seleccionados por ser más fuertes. En casos más aislados existen mutaciones en microbios virus que efectivamente los hacen resistentes, pero tienden a desaparecer debido a la incapacidad reproductiva de sus portadores.

Además, sin importar si es considerada beneficiosa o no, jamás se ha registrado el caso de una sola mutación natural que permita pasar de una especie a otra. Es decir que el individuo mutante, generalmente enfermo, sigue perteneciendo a la misma especie. La única forma conocida hasta hoy para la creación natural de nuevas especies es la hibridación, como sucede cuando perros, lobos o coyotes se cruzan entre ellos.

De acuerdo a lo que sabemos, solo la reproducción sexual entre especies ya existentes crea nuevas especies. Pero este escenario es imposible si todos provenimos de un único conglomerado químico que, por casualidad, tuvo la capacidad de duplicarse, y cuyos descendientes, por cambios inesperados durante dicha duplicación, crearon nuevas formas de vida. Por eso muchos evolucionistas ya no hablan sobre el origen de la vida si no solo sobre especiación.

Actualmente sabemos que cualquier mutación tiende a ser rechazada por los mecanismos reproductivos. El proceso mediante el cual se descartan los cambios inesperados en el código genético es conocido como reparación del ADN. Esto significa que si tan solo una célula, por error, inserta modificaciones mínimas en sus cromosomas, dicha célula es eliminada. Si el objetivo es evolucionar ¿por qué entonces el código genético busca repetirse?

Como hemos visto, la evidencia científica contradice el esquema evolucionista. Sin embargo, los darwinistas más radicales continúan creyendo que existe gran cantidad de evidencia a su favor. Nos dicen, por ejemplo, que los estratos geológicos muestran el progreso de la vida desde fósiles de seres primitivos en las capas más bajas, hasta las formas complejas que vemos hoy, pasando por gran cantidad de formas transicionales.

Este argumento tiene muchas fallas. La más evidente es el método utilizado por los paleontólogos para explicar la antigüedad de cualquier fósil. Generalmente se basan en las placas superpuestas de tierra disímil, donde aparentemente una es miles de años anterior a otra solo por su ubicación, cuando está probado que la superposición de estratos sucede rápidamente en cualquier terreno sujeto a sucesivas inundaciones.

También se suele aplicar la datación radiométrica, pero no del conocido carbono-14 que es utilizado para saber la edad de materiales que contienen carbono, ya que dicho isótopo solo funciona con restos orgánicos y los fósiles son piedras. Además tampoco se utiliza el radiocarbono porque desaparece luego de 50 000 años aproximadamente, por lo que no sirve para muestras de mucha mayor antigüedad.

Cuando en la práctica el carbono-14 comenzó a dar fechas muy recientes, de manera consistente, para fósiles de dinosaurios que debieron vivir millones de años antes que los hombres, se hablo de contaminación muestral y se pasó a probar infinidad de métodos diferentes, que tampoco calzaban con sus especulaciones, hasta que se llegó al potasio-40. Este sesgo obviamente distorsiona el análisis paleontológico.

Y aun si fuese correcta la datación, el registro fósil, no muestra un desarrollo progresivo y gradual lleno de formas transicionales. En realidad, tras supuestos milenios sin modificación visible, de repente se observan gran cantidad de seres que antes no existían. El ejemplo más llamativo es la explosión cámbrica, donde cientos de especies aparecen súbitamente en la tierra sin formas intermedias registradas.

De acuerdo a los fósiles encontrados sabemos que seres ancestrales, como los dinosaurios, habrían convivido con insectos, loros, monos, y demás especies actuales. Siendo los descendientes vivos idénticos a sus ancestros petrificados. Es decir que de repente, junto a especies extintas, aparecieron también las especies que hasta hoy nos acompañan sin cambio alguno. ¿Dónde quedaron los seres intermedios?

Los evolucionistas nos dicen que los seres transicionales se hallan por todas partes. Y cuando encuentran el pico con dientes de un ave extinta, afirman sin dudar que es un estado medio entre el cocodrilo y la gallina, aunque todos sepamos que incluso los gansos modernos tienen dientes. O encuentran el fémur de un chancho junto al cráneo de un mono común, y crean una quimera a la que tachan de eslabón perdido.

Además, cuando el evolucionismo habla de cambios graduales, nos lleva a pensar en que antes de aparecer ojos completos y funcionales, necesariamente debieron existir nervios que no llevaban a ningún lugar, cristalinos desligados de todo, y muchas otras partes inútiles por si solas, que solo resultan útiles cuando son puestas en actividad todas al mismo tiempo. Y que de no ser así no representan ninguna ventaja evolutiva.

¿Es posible que todas las mutaciones necesarias para que el ojo pueda funcionar se hayan generado simultáneamente? ¿Cuál es la probabilidad de que un ojo aparezca completo porque sus partes casualmente se formaron de modo simultáneo? ¿Realmente fue progresivo el origen de la vida? Porque hasta el día de hoy no se ha visto jamás que la materia se organice por sí sola. Y así lo confirma la física.

Los seres inanimados como rocas, arena y demás elementos inertes, están siempre sujetos a la inquebrantable ley del desgaste. Es decir que todo lo que existe se malogra. Un cuarto muy bien ordenado siempre termina desordenado. Una casa limpia termina sucia. Y por lo que sabemos, la materia muerta no puede, por si sola, organizarse y generar vida. Solo la vida genera un orden (relativo) a partir del caos.

La respuesta evolutiva ante tantos errores lógicos y experimentales fue inventar el llamado equilibrio puntuado, el cual afirma que la evolución no es gradual, si no que sucede en espacios de tiempo tan cortos que no dejan huella. Es decir que una especie puede mantenerse sin cambios durante eones, e inesperadamente cambiar de manera colosal para convertirse súbitamente en algo totalmente diferente.

Los darwinistas primero nos dijeron que, como no ha sido observada por el hombre ninguna mutación natural ventajosa, seguramente es porque son necesarios millones de años para que suceda. Y luego, enfrentados a la falta de evidencia en el registro fósil, afirman que, tras largos periodos de inactividad, una mutación inesperada puede generar una serie de mutaciones concatenadas que rápidamente dan lugar a nuevas especies.

Pero, si una teoría tan fácilmente puede cambiar sus postulados para justificar sus vacíos, entonces no es científica si no puramente especulativa. Porque aunque no sean imposibles, las ideas evolutivas hasta hoy siguen siendo improbables, y por lo tanto son un dogma de fe como cualquier otra creencia que no puede ser verificada. Entonces ¿cuál es el objetivo de promover una teoría prácticamente imposible?

Sin la evolución materialista un creador consciente es necesario. Ya sea que la vida en nuestro planeta haya sido causada por experimentos de seres extraterrestres, o generada por la voluntad del mismo Dios que formó el universo. Pero sin límites entre especies, y sin seres superiores o inferiores, todos somos iguales, y nuestra vida no vale más que la de una ameba. ¿A quién conviene este concepto materialista, ateo y amoral?

Anuncios