La verdad sobre las castas

Casta es una antigua palabra española que deriva de casto, es decir puro. Y hace referencia a la calidad de pureza que cada individuo ostenta en su herencia racial. Las castas habrían sido implementadas en los virreinatos españoles para otorgar o denegar ciertos derechos a sus habitantes dependiendo de su pureza racial.

Incluso dentro de círculos racialistas, lamentablemente basados en información inadecuada, nos han dicho que los colonos españoles habrían propiciado su propia decadencia al mezclarse con las razas conquistadas. Sin embargo dista la realidad de tales declaraciones. La impureza racial fue severamente castigada en los virreinatos.

El mestizaje se produjo solo tras las guerras de independencia contra España propiciadas en Latinoamérica por masones como San Martín en Argentina, O’Higgins en Chile, De Miranda en Venezuela, o Hidalgo en México. Y como todos sabemos, la masonería se halla en manos de la judería corrupta promotora del multirracialismo.

Durante el apogeo de los virreinatos solo las personas que directamente llegaban desde España y los descendientes de españoles nacidos en América (llamados criollos) poseyeron derechos como ciudadanos. La aplicación de las leyes Jim Crow en los Estados Unidos y las Leyes de Núremberg en Alemania derivan del sistema de castas español.

Tras la abolición de la esclavitud finalizada la guerra civil en Norteamérica, los estados independientes se vieron forzados a implementar una serie de leyes raciales para evitar que los negros se mezclen con los blancos provocando desorden social, problemas fisiológicos y de salud, así como falta de identidad.

Las leyes de Núremberg aplicadas en la Alemania de Adolf Hitler siguieron el mismo esquema. Indicando que los ciudadanos con cierto porcentaje de ancestros judíos deberían ser tratados de modo diferente que los puros alemanes. La intención de las leyes raciales a lo largo de la historia ha sido siempre promover la propia unidad.

Según la historia oficial el racismo fue inventado como excusa para justificar el colonialismo que desde el siglo XV propició la expansión de varios países europeos. En realidad el colonialismo es tan antiguo como Egipto o Roma. Casi todos los pueblos sobre la tierra buscan conquistar nuevos territorios con el fin de acceder a sus recursos.

En realidad fue el libro titulado Racismo, publicado en 1938 por el homosexual judío Magnus Hirschfeld, el que popularizó el término. En su libro Hirschfeld desacredita la natural tendencia de todo pueblo por preservar su propia idiosincrasia, atacando sin fundamentos claros los postulados de Gobineau, Chamberlain y otros.

Las leyes Jim Crow y las leyes De Núremberg se basaron en investigaciones históricas, así como en conocimientos empíricos que, tanto norteamericanos como alemanes, poseían sobre las diferentes castas en que fue separada la población colonial durante la época de dominio español sobre territorios americanos.

Las leyes Jim Crow afirmaban que con un dieciseisavo o menos de sangre negra (dependiendo del estado) el negro dejaba de ser negro. Igualmente en las leyes de Núremberg era judío solo aquel con dos o más abuelos judíos. Si tenía tres abuelos blancos y uno judío era calificado como blanco siempre que tuviese hijos solo con blancos.

En el sistema de castas de las colonias españolas la mezcla de blanco con indio (1/2 blanco) fue llamado mestizo. La mezcla de mestizo con indio era el cholo (1/4 blanco). Y la mezcla del mestizo con el blanco era el castizo (3/4 blanco). Solo el castizo fue tratado como blanco con derechos similares a los de cualquier español o criollo.

Al tratarse de negros las leyes son ligeramente más exigentes. La mezcla de negro y blanco fue el mulato (1/2 blanco), con derechos limitados como cualquier negro. La mezcla entre mulato y blanco fue el morisco (3/4 blanco), igualmente considerado negro. Porque la sangre negra es más fuerte y perjudicial que cualquier otra.

Solo a partir del hijo de morisco con blanco, el llamado albino (con 7/8 de blanco) se comienzan a reconocer ciertos derechos. Por último, aunque no existen muchos datos al respecto, se supone que el saltapatrás (1/16 negro) posee mayores prerrogativas. El multiculturalismo solo fue promovido tras las independencias americanas.

Desde su origen los pueblos iberos mantuvieron su pureza racial frente a las invasiones extranjeras. Aun frente a romanos y visigodos. Y mantuvo su pureza España frente al islámico invasor. De igual manera fue fundamental la pureza de sangre durante la colonia. Ellos lucharon por mantener tu sangre pura, no los traiciones.

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¿Qué son las razas?

Lo que conocemos como raza es equivalente a lo que en biología se llama subespecie. Por ejemplo el Canis Lupus o lobo corresponde al género Canis y a la especie Lupus, ahora, dicha especie posee gran cantidad de subespecies o razas, atendiendo principalmente a ligeras variaciones físicas y conductuales en regiones geográficas distintas.

El Canis Lupus Lupus en Europa, el Canis Lupus Albus al norte de Rusia, el Canis Lupus Arctos en el Ártico, el Canis Lupus Occidentalis en Alaska y Canadá, el Canis Lupus Baileyi de México y Estados Unidos, el Canis Lupus Italicus en Italia, o el Canis Lupus Signatus de la Península Ibérica, son solo algunas de las diversas subespecies o razas de Lobos.

Todos los miembros de una misma especie, sin importar la raza, pueden reproducirse entre sí y generar descendencia fértil. Sin embargo este proceso de mestizaje, conocido científicamente como hibridación, es visto como algo negativo, ya que producto de la introgresión (o hibridación continua) se produce la extinción de las razas originales.

Hasta hace poco más de un siglo nadie hubiese puesto en duda el innegable hecho de que dentro de la especie humana también existen subespecies. De lo contrario el Homo Sapiens sería una extraña excepción en la naturaleza. Las evidentes diferencias fisiológicas y psicológicas entre distintas razas resultan innegables.

Hacia 1735 Carlos Linneo en su libro Systema Naturae clasificó al Homo Sapiens en cuatro subespecies a las que denominó Homo Sapiens Europaeus-albus (europeo blanco), Homo Sapiens Asiaticus-fuscus (asiático marrón), Homo Sapiens Americanus-rubescens (americano rojo) y Homo Sapiens Africanus-niger (africano negro).

Recién dentro del pensamiento políticamente correcto, implantado por judíos marxistas en la Escuela de Fráncfort a partir de 1923, se comienza a indicar que hablar de razas diferentes, con cualidades y aptitudes diferentes, podría herir los sentimientos de los menos favorecidos. Su solución fue una intensa campaña en descrédito de la raza.

Los judíos marxistas de Fráncfort dijeron que la idea de raza debía ser eliminada para evitar que cualquier blanco se sienta inferior al negro por no correr tan rápido, o que el negro se sienta intelectualmente inferior al chino calculador y poco empático. Pero principalmente para evitar que el blanco se sepa superior a las demás razas.

Este discurso aparentemente conciliador, que sin embargo negaba la realidad empíricamente comprobada sobre la existencia de razas, era la excusa perfecta para conseguir la homogeneidad genética, obligando emocionalmente a personas de distinto origen a mezclarse para superar los abusos provocados por la discriminación.

El chantaje psicológico dentro del discurso políticamente correcto obedecía al deseo judío de crear una masa homogénea de individuos mediocres, como fue detallado por el masón y criptojudío Richard Coudenhove-Kalergi en su serie de libros sobre Pan-Europa, cuya primera publicación coincide con el año de fundación de la Escuela de Fráncfort

En 1943 el gobierno Nacional Socialista retiró el título de Doctor en Filosofía entregado por la Universidad de Viena a Coudenhove-Kalergi, que vivía en los Estados Unidos desde 1940. Terminada la Segunda Guerra mundial el concepto de raza fue denigrado como causa y origen de grandes males, principalmente porque Hitler era racista.

Tras la derrota de Hitler, y debido a que Alemania bajo el Nacional Socialismo fue la nación más dedicada a defender su raza, es que se comienzan a aplicar variadas estrategias de propaganda para imponer la idea políticamente correcta, pero totalmente contraria a la ciencia, sobre la inexistencia de razas humanas.

La falacia lógica conocida como Reductio ad Hitlerum es el intento de invalidar cualquier punto de vista, sin analizarlo, solo porque el canciller germano Adolf Hilter sostuvo en vida el mismo punto de vista. Según este razonamiento, si crees en la existencia de razas terminarás exterminando a quienes no son como tú.

Según ellos solo existen etnias y no razas, donde la principal diferencia sería entonces cultural y no fisiológica. Es decir que la identidad es solo un constructo puramente mental que deriva del modo en que cada grupo afronta los retos de su entorno. En la realidad las etnias así entendidas solo existen como subproducto de la raza.

La piel de un niño no será negra aunque a sus padres blancos les guste quemarse bajo el sol. Y seguirá siendo negro el hijo de negros, aunque viva bajo tierra y nunca vea la luz. Los factores físicos reales dependen de elementos genéticos inmutables que tan solo pueden ser parcialmente modificados por el entorno.

Por selección natural el lobo ártico es de pelaje blanco (aquí no se aplica el concepto de mutación evolutiva). Y por selección natural el hombre blanco esta mejor adaptado al duro clima europeo como el negro está adaptado al clima africano. No porque estas realidades ofendan a quien sea vamos a dejar de reconocerlas.

Así como las diferentes subespecies de lobos no deben extinguirse, del mismo modo las razas humanas deben preservarse y no mezclarse. Lo más extraño es que la corrección política en relación a la raza solo se promueve en los países blancos, dejando que otras culturas se sientan siempre orgullosas de su herencia e identidad.

El mayor obstáculo para los planes de dominio mundial de la élite judía es el hombre blanco, el que lucha por la subsistencia de su familia día a día, y no acepta que nadie le imponga modos de conducta esclavizantes y hábitos consumistas. Aquel que no permite que lo manipulen gracias a los valores morales inscritos en su sangre.

Para el judío un tibetano, bosquimano, o esquimal tiene siempre más derechos que cualquier blanco. Porque en el fondo lo que les importa no es defender a nadie de heridas psicológicas por afrontar la propia inferioridad. Lo que les importa a los judíos es mezclar la genética blanca con otras culturas hasta convertirla en un recuerdo.

El genocidio de la raza blanca es una condición ineludible que la judiada debe alcanzar antes de obtener un paso libre y poder conquistarnos a todos hasta convertirnos en sus esclavos. Pero no lo vamos a permitir, porque defenderemos nuestra raza hasta la muerte si es necesario. Y nuestro legado será el honor y la gloria.

¡Dile NO al mestizaje!

Cuando los ingleses exterminaron judíos.

La Operación Aníbal fue una estrategia naval ideada por Karl Dönitz, comandante de la Marina de Guerra Alemana, poco antes del fin de la Segunda Guerra Mundial, para evacuar la mayor cantidad de refugiados que escapaban de la barbarie perpetrada por el ejército soviético. Sus objetivos eran exclusivamente humanitarios.

El crucero Wilhelm Gustloff, diseñado originalmente para brindar viajes a bajo costo, fue hundido el 30 de enero de 1945 por el submarino soviético S-13. El barco se hallaba entonces atestado de civiles alemanes huyendo de una inminente masacre tras la guerra. Casi nueve mil personas murieron. Es la mayor tragedia marítima de la historia.

Diez días después, el 10 de febrero de 1945, el buque General von Steuben fue hundido por el mismo submarino ruso S-13, repleto esta vez de soldados alemanes sobrevivientes. Dicho submarino estuvo en ambas ocasiones comandado por Aleksandr Marinesko, un indisciplinado y alcohólico oficial soviético que buscaba limpiar su reputación.

El barco hospital Goya transportaba alrededor de siete mil enfermos y pacientes alemanes cuando fue atacado el 16 de abril de 1945 por Vladimir Konovalov, comandante del submarino L-3. El obediente señor Konovalov solo obedecía órdenes, por lo que fue condecorado como Héroe de la Unión Soviética tres meses después.

Pero el más controvertido hundimiento perpetrado contra la Operación Aníbal fue el realizado por la fuerza aérea británica el 3 de mayo de 1945, cuando el oficial inglés Martin Scott Rumbold inició el ataque contra el crucero Cap Arcona. Plagado esta vez de prisioneros de los campos de concentración que los alemanes quería salvar.

Si, así es, nada más extraño e incoherente para la doctrina judía oficial que afirma que el llamado Holocausto fue algo real. Pero aquí, en esta nada conocida historia, el navío alemán repleto de judíos evacuados de los campos de prisioneros, junto a los vapores Athen, Deutschland y Thielbeck, todos fueron hundidos por los ingleses.

Tanto el Cap Arcona, como también los barcos Athen, Deutschland y Thielbeck habían sido destinados a rescatar a quienes, a pesar de sus maldades, aún merecían vivir dignamente y no víctimas de la desnutrición, deshidratación, y demás enfermedades producto de los bombardeos aliados que provocaron una drástica carencia de recursos.

Si el susodicho Holocausto hubiese sido real, los alemanes jamás habrían intentado salvar a sus prisioneros. Pero los vencedores como siempre escriben la historia. Y falazmente argumentan que para evitar que los judíos fuesen descubiertos como esclavos en los campos de concentración, decidieron matarlos en altamar.

Nuevamente, aportando pruebas fraguadas y falsos testimonios, los hebreos en el poder nos dicen que Hitler embarcó a los judíos prisioneros con el único fin de aniquilarlos en altamar. Pero que por una extraña incoherencia del destino, los ingleses atacaron el barco alemán suponiendo que solo viajaban alemanes dentro de él.

No solo se muestra aquí el anti-germanismo inocultable de la judiada. Sino que la mentira y charlatanería del hebreo se hace más que evidente. Lo que realmente sucedió es que los aliados en sus aviones pensaron que los barcos se hallaban llenos de alemanes. Su insaciable odio contra el teutón los llevó a exterminar judíos por error.

La Economía Nacional Socialista

Sin usura, sin deuda, sin oro; solo trabajo. Los valores morales se elevaron y el pueblo alemán pudo evitar tanto sufrimiento y peleas entre hermanos, porque lo importante ya no era aplastar al otro por un beneficio material. No solo fue un cambio económico, se produjo un cambio de ideales; un cambio de lo material hacia lo sublime.

El sistema económico judío, que poco a poco ha logrado infiltrarse en la sociedad europea, es hoy la única forma que conocemos para entender la vida. Según dicho sistema, solo importa el bienestar material, el cual puede comprarse y venderse, incluso a costa de la propia dignidad, y por el que muchos son capaces de morir y matar.

Pero el hombre no es un ser puramente material, si lo alimentas y le das un techo inmediatamente comenzará a buscarle otro sentido a su vida. Ted Kaczynski, el Unabomber, pensaba que dado que el hombre actual ya no debe luchar por sobrevivir, busca entonces algo que represente un reto para él. Y aún así nunca está satisfecho.

Kaczynski creía que la satisfacción real del ser humano solo puede ser hallaba en la lucha por la vida. Nuestro objetivo sería entonces obtener recompensas materiales como sexo, comida y techo. Pero el ser humano no es solo eso. Buscamos más que nada hallarle un sentido trascendente a nuestra existencia, es decir que vivimos en busca de la felicidad.

Jean-Paul Sartre, emblemático representante del existencialismo, afirmó en su momento que la vida no tiene ningún sentido más allá de buscar cualquier placer efímero. Dichas elucubraciones se basan en la defensa que Sartre realiza de la moral y forma de vida judía. Su libro ‘Réflexions sur la question juive’ es una apología al judaísmo.

Vemos pues que el pensamiento judío, donde lo material es superior a lo espiritual, se halla profundamente enraizado en la cultura occidental debido al sistema económico imperante. Obtener siempre el mayor beneficio, aun a costa del sufrimiento ajeno, y buscar solo la satisfacción egoísta, son comportamientos intrínsecos al judaísmo.

Para la antigua religión judía el alma no existe, solo el cuerpo, y es por eso que la secta hebrea considera que la resurrección tras la muerte debe ser necesariamente en carne y hueso. Una vida puramente inmaterial es inconcebible para ellos. Por eso también rechazaron a Cristo, ya que esperaban un mesías guerrero que se rebele contra Roma.

Este modo de pensar enfermo e inhumano, que se fundamenta en la cosmovisión judía, solo nos ha conducido al dolor y al vicio. Dolor que se provoca cada vez que alguien aplasta y pisotea al otro por obtener alguna ventaja personal. Y vicio producto de la constante insatisfacción que padece todo aquel que solo busca el placer narcisista.

Porque para los judíos solo hay dos tipos de placer. Primero el que provoca la satisfacción del cuerpo y los sentidos. Y segundo, un psicópata deleite en el dolor ajeno. Dentro de su limitada capacidad emocional el sadismo, al ser intangible y abstracto, representa lo más elevado que pueden estar por sobre lo puramente material.

Desde la partida el alma europea Aria es completamente opuesta. El placer de los sentidos solo es tal si ilumina con su belleza y es capaz de inspirar los más altos valores y virtudes. Solo luego, nuestros mortales cuerpos, exaltados por el placer recibido, son capaces de comprometerse con los más elevados ideales de nuestra raza.

Así lo atestiguan las mudas estatuas griegas que tras el velo de los milenios nos observan a los ojos mostrando su belleza. Porque lo que hoy llamamos arte no inspira nada más que asco. Ya el Führer del Reich alemán condenó lo que en su gobierno se dio por llamar arte degenerado, y como tal envilecedor del alma humana.

En su lucha contra la degradación provocada por el materialismo de la judiada Hitler no solo rechazó la producción artística de los semitas. Simultáneamente aplicó drásticas medidas contra el eje mismo de su horroroso sistema. El Führer, como todo hombre Ario sano e inteligente, deseaba cambiar el esquema socioeconómico judío.

Hitler eliminó el cobro de intereses por prestar dinero, es decir que eliminó la usura. Y con frecuencia solía decir que cuando alguien presta cualquier bien se le devuelve únicamente el mismo bien prestado. Un cobro adicional se daría solo si el objeto prestado hubiese sido severamente dañado para compensar el costo de la reparación.

Igualmente Adolf Hitler reemplazó el dinero como representación del oro acumulado por el dinero como representación del trabajo real, ya sea este físico o intelectual. En la Alemania de Hitler si realizas un trabajo digno, recibes también un billete, el cual te sirve como medio de intercambio para comprar lo necesario para ti y tu familia.

Pero los judíos, viéndose amenazados con tan drásticas medidas que los ponían al descubierto, atacaron a Hitler primero boicoteando la producción alemana, y luego declarando abiertamente la guerra armada. El inicio de la Segunda Guerra Mundial nada tuvo que ver con Polonia, que tan solo solo fue una excusa premeditada por la horda hebraica.

El comunismo y el capitalismo se aliaron para eliminar a Hitler y su novedoso sistema económico. Porque tanto para el comunismo como para el capitalismo lo único importante es el beneficio material, para ellos no existe el alma humana ni la dignidad de los hombres. No es de extrañar que ambos sistemas sociales sean de origen judío.

El imperdonable pecado de Hitler fue desarrollar un nuevo sistema económico por el que los banqueros internacionales estaban privados de sus beneficios. Gracias al triunfo de los países aliados, dominados por judíos, se sigue utilizando hoy su salvaje sistema bancario. ¡Es hora de detenerlos! ¡No más guerras por los judíos de Sion!

Las mujeres de Hitler

Sabemos por periódicos, revistas y demás publicaciones de la época, que el líder alemán era todo un imán para las mujeres, y que aprovechando principalmente el sólido apoyo de la población femenina es que logró llegar al poder. Lo que no es cierto es que, utilizando un poder de atracción casi hipnótico, mezclado con una serie de depravados deseos sexuales, haya logrado sojuzgar brutalmente a las mujeres que quiso.

Se ha especulado que Hitler fue amate de Magda Goebbels, esposa de Paul Joseph Goebbels, ministro de Propaganda del Reich. O que Emmy Göring, esposa del Mariscal Hermann Göring, estuvo interesada en el Führer. También se dijo que Adolf mantuvo amoríos con la baronesa germana Sigrid von Laffert, en este caso el rumor fue propagado por Galeazzo Ciano, yerno de Benito Mussolini, quien solo supuso la existencia de un aparente romance.

La prensa judía mucho habló de Hitler y sus supuestos amoríos. Lo relacionaron con con la actriz rusa Olga Chekhova; con Winifred Wagner, nuera de Richard Wagner; con Leni Riefenstahl, fotógrafa y cineasta del Reich; con Erna Hanfstaengl, hermana del periodista y desertor Ernst Hanfstaengl; o con la comunista Martha Dodd, hija del embajador americano en Alemania. Sin embargo nunca se muestra nada que acredite estos chismes.

Incluso se dijo que Renate Müller, una actriz alemana que cayó por la ventana de un hospital al sufrir un ataque de epilepsia, se habría suicidado lanzándose al vacío porque los gendarmes de Hitler la estaban persiguiendo para entregarla al Führer. Sin embargo, la pérdida del conocimiento y los temblores violentos son característicos de la enfermedad que Renate padecía. Nada que ver con Hitler ni con imaginarios romances.

También se hablo de una tal Greta Schmidt quien habría sido una enfermera que aparentemente atendió a Hitler en algún momento. Se dice en ciertos textos que ella habría mantenido un amorío secreto con Adolf, lo cual naturalmente habría provocado la ira de su marido. Según esta fantasiosa historia la señora Greta fue asesinada por su cónyuge cuando se descubrió que ella le era infiel. Absolutamente nada de esto ha sido probado.

En 1926 Adolf Hitler, con 37 años, conoce a Maria Josepha Reiter de 17. Mitzi, como cariñosamente le llamaban. Pero Hitler no se siente atraído por ella y todo termina allí. El mismo año de 1926 Mitzi intenta suicidarse sin éxito. La muerte por cáncer de su madre habría provocado el comportamiento de la joven. Aunque los especuladores, como siempre, intentan vanamente ligar el suceso con Hitler. Maria Reiter murió en Munich a los 82 años.

Otro suceso artificialmente ligado a Hitler es el suicidio de Inga Ley, esposa de Robert Ley, máximo dirigente del Frente de Trabajo Alemán desde 1933. La señora Ley fue una actriz y escritora que padecía cuadros clínicos de depresión, por lo que terminó quitándose la vida en 1942. Tras lo cual, nuevamente, los buitres judíos vomitaron en sus medios que la causa sería una inexistente atracción obsesiva de Hitler hacia la señora Inga Ley.

Tal vez el caso más sonado sea el de la sobrina de Hitler, la señorita Angela Maria Raubal, conocida coloquialmente como Geli, cuya madre, la hermana mayor de Hitler, ayudaba con las labores domésticas en la casa del Führer. Se supone que Hitler, enamorado de su joven sobrina, la encerró impidiéndole todo contacto con el exterior, por lo que la desesperada joven de 23 años terminó quitándose la vida en 1931.

Pero la muerte de Geli no tuvo que ver con Hitler, como lo confirmó su hermano Leo Rudolf Raubal en una entrevista concedida al historiador Werner Maser en 1967, donde dijo que Hitler era absolutamente inocente. Se llegó a indicar también que Geli se suicidó porque fue descubierto por Hitler su romance con su chofer el señor Emil Maurice, pero paradójicamente Emil siguió siendo protegido por Hitler aun tras la muerte de Raubal.

Emil Maurice, a pesar de ser catalogado como alemán puro por las leyes de Nuremberg de 1935, no podía pertenecer a las SS de Himmler donde se exigía que todos los ancestros fuesen germanos a partir de 1750. Un ancestro de Maurice era el judío Charles Maurice Schwartzenberger, fundador del Teatro Thalia de Hamburgo en 1843, por lo que sin la anuencia de Hitler no habría podido continuar con su delicado cargo de confianza.

Al parecer Maurice no tuvo que ver con el suicidio de Raubal. La joven sobrina de Hitler tampoco quedó embarazada ni de su tío ni de nadie más, como algunos especuladores quieren hacernos creer. En realidad Geli, según su carta de despedida, deseaba casarse con un violinista de Linz en Viena. Pero, como su propia madre lo dijo ante los investigadores aliados tras la guerra, ella misma se lo impidió, decisión que fue secundada por Hitler.

Unity Valkyrie Freeman-Mitford era una joven de 20 años cuando conoció al líder alemán en 1934. Unity, que pertenecía a una aristocrática familia británica, era hermana de Diana Mitford, esposa del líder político inglés Oswald Mosley, fundador de la Unión Británica de Fascistas. Tanto Diana como Oswald eran cercanos amigos y admiradores de Hitler y Mussolini. Tanto así que celebraron su boda en 1936 en la casa de Joseph Goebbels.

Unity llegó a Alemania en 1934 decidida a quedarse allí para apoyar al Führer. Durante los años de paz ella albergaba el más sentido deseo de que Inglaterra abriese los ojos y se una a los esfuerzos de Hilter por eliminar la nefasta influencia judía en su patria. Cuando en 1939 Inglaterra le declara la guerra a Alemania, Unity Mitford, desesperada y pesimista, intenta suicidarse. Con deteriorada salud y una bala en la cabeza vive hasta 1948.

En realidad los amores de Hitler fueron siempre totalmente normales. Según su amigo de juventud August Kubizek, el adolescente Adolf con 16 años se habría enamorado platónicamente de la joven soprano Stefanie Beata Isak de 18. Al parecer dicho romance nunca se hizo realidad dada la timidez del futuro canciller. Cinco años después ella se casa con Maximilian Rabatsch, y muere como Stefanie Rabatsch en 2002 con 114 años de edad.

Pero la más notoria relación que mantuvo Hitler con una mujer fue con su esposa Eva Anna Paula Braun, con quien se casó poco antes de morir en 1945. Hitler conoció a Braun en el otoño de 1929, cuando Heinrich Hoffmann, fotógrafo oficial de Hitler, le presenta a su asistente que entonces tenía 17 años, 23 años menor que Hitler como mayor fue su padre Alois Hitler con respecto a su madre Klara, quien a su vez era también su sobrina.

Las primeras difamaciones que tildan a Hitler de enfermo sexual son las aportadas por el traidor comunista Otto Strasser, quien en un inicio se hizo pasar por Nacional Socialista, solo con el fin de crear luego un cisma dentro del NSDAP. Pero la principal fuente de desinformación le corresponde al periodista judío Konrad Heiden. Quien además es conocido por popularizar el peyorativo término Nazi para hablar del Nacional Socialismo.

Al parecer la vida amorosa de Hitler, quien abiertamente rechazaba la promiscuidad y el libertinaje, no resultaba interesante para la mafia judía del espectáculo. Sus detractores se vieron entonces obligados a inventar historias donde cualquier suceso trágico, que de algún modo pueda estar vinculado al Fürher, debía ser tergiversado hasta convertirlo en muestra de un supuesto comportamiento enfermizo e inmoral.

Los judíos de Stalin

Tras la muerte del judío Lenin, el 21 de enero de 1924, el designado sucesor para someter al pueblo ruso era el también judío Trotski. Sin embargo el criptojudío Stalin, creador del sionista Óblast Autónomo Hebreo de Birobidzhán en pleno territorio ruso, deseaba tanto el poder que utilizó su cargo de confianza para obtenerlo.

Stalin fue nombrado como Secretario General del Partido Comunista de la Unión Soviética el 3 de abril de 1922. Su cargo no era de tipo político, pero ostentaba una serie de atribuciones que le otorgaban importantes posibilidades. Stalin uso su cargo para obtener el apoyo de los más representativos personajes de la Unión Soviética.

Como Secretario General del Partido Comunista Stalin pudo mantener correspondencia con las células provinciales del partido, asignar trabajos, mantener los registros financieros, distribuir los fondos del partido, formular la estructura política del partido, y nombrar nuevo personal. Todos aquellos a los que ayudó le debían obediencia.

Es así que Trotski, el elegido por la mafia financiera judía de América y Europa, se vio desplazado por Stalin. Tanto que casi todos los líderes comunistas en Rusia apoyaron a Stalin y persiguieron a Trotski. Esto llevó a los líderes de la mafia judía a apoyar a Hitler pensando que éste derrocaría a Stalin.

Lo que no previeron los judíos es que Hitler no se sometería a los designios de la judiada. Ya que a pesar de haber recibido dinero en su campaña electoral de judíos camuflados como empresarios alemanes, cuando ellos pidieron algo a cambio, Hitler recalcó que sus aportes voluntarios no implicaban ninguna retribución.

El líder alemán les dijo a estos supuestos empresarios alemanes (que eran en realidad la fachada de intereses judíos) que si bien lo habían apoyado, estaba entendido que fue porque libremente apoyaban también su plan de gobierno. De modo tal que nada les daba la autoridad para exigir ningún cambio en su política.

Stalin persiguió hasta la muerte a Trotski, a quien consideraba una amenaza a su dominio total. Pero con el poder bajo sus manos no hizo más que continuar con las masacres, torturas y hambrunas perpetradas contra los sufridos rusos. Al final se unió a los aliados judíos contra Hitler en la segunda guerra mundial.

Ya que Stalin era un criptojudío, es decir un judío que aparenta no serlo, casi la totalidad de crímenes del régimen comunista ruso son atribuidos a un aparente hombre blanco. Pero nada es más falso. Stalin resultó ser un mal menor para los planes hebreos ya que al final siguió sirviéndoles para mantener su puesto.

Stalin, aparte de haberse aliado en la Segunda Guerra Mundial contra Hitler, apoyado por la City de Londres y el Wall Street de Nueva York. Siempre quiso congraciarse con sus amos sionistas mientras le fuese permitido dominar y aplastar al pueblo eslavo. La mayoría de altos funcionarios de Stalin siguieron siendo judíos.

Stalin no era antisemita, como nos ha querido vender la propaganda judía. Solo era un escollo menor y fácilmente superable. Nunca persiguió a los judíos en incluso les regaló la tierra de Birobidzhán. Y bajo su mandato cientos de judíos ocuparon cargos sumamente importantes en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.

El judío Matyas Rákosi fue nombrado líder de Hungría por Stalin. El judío Karl Pauker era su jefe personal de seguridad. El judío Nikolai Yezhov era oficial de la policía secreta. El judío Bolesław Bierut fue nombrado líder en Polonia por Stalin. Y el economista judío Hilary Minc se encargó de los asuntos financieros de Polonia.

La judía Ana Pauker fue nombrada por Stalin como ministra de relaciones exteriores en Rumania. El judío Abram Slutsky fue nombrado jefe del servicio de inteligencia. El judío Jakob Berman era considerado la mano derecha de Stalin. Y muy leal a Stalin era la sádica judía Julia Brystiger del aparato de torturas polaco.

El también torturador polaco Józef Różański, designado por Stalin, era judío. Anatol Fejgin fue comandante de la policía política estalinista. El espía y sicario oficial de Stalin fue el judío Iósif Grigulévich. Entonces nos preguntamos: ¿Dónde está el antisemitismo de Stalin? Solo en la imaginación de algunos filosemitas.

Fuente: Communism Blog

El Islam es Judío

Los musulmanes son una especie en expansión. Desean destruir nuestro mundo occidental, desean implantar su ley. Pero extrañamente muy pocos blancos resisten, y menos son los que se rebelan contra el orden impuesto por la susodicha tolerancia.

Estos árabes implantan sus propias leyes y desean asimilar su cultura hasta mezclarla con la cultura europea. Reclaman derechos a nuestros estados. Y aun a pesar de ello no intentan siquiera pertenecer a nuestro pueblo.

Los pueblos europeos, y principalmente cristianos, han promovido siempre la existencia de hospitales, bomberos, rescatistas y similares instituciones que prestan ayuda en toda clase de emergencias, ideando diversas formas de promover la caridad.

Pero ¿existen instituciones musulmanas dedicadas a la caridad? ¿Han desarrollado los musulmanes algún tipo de tecnología o ciencia en Europa? Porque si la desarrollaron en sus tierras y no en Europa, mejor sería que regresen a su tierra para hacerla grande.

Los inmigrantes refugiados musulmanes árabes reclaman de todo, pero nunca aportan nada. Protestan para recibir toda clase de beneficios, y son incapaces de mostrar el más mínimo respeto por nuestra cultura blanca aria europea.

Pero cabe preguntarse si son muslimes los que predican la tolerancia y el multiculturalismo. ¿O acaso predican también el feminismo? ¿Acaso son musulmanes los que desde los gobiernos, parlamentos y democráticos partidos promueven la banca usurera?

La respuesta es clara: los islamistas son los perros del judaísmo. Las falsas banderas del terrorismo islámico están destinadas a diezmar moralmente a la sociedad occidental blanca. Los judíos nos odian y por ello utilizan a sus terroristas árabes.

Los judíos, en su estúpida locura mundialista de control total (creen ellos ser elegidos por su dios para dominar la tierra), en su insana carrera por el poder, han decidido desestabilizar el sano mundo que nosotros, hombres blancos, hemos creado.

Ellos atacan pueblos árabes directamente mediante al estado invasor sionista de Israel. Como lo demuestran sus múltiples guerras contra Egipto, Jordania, Siria y Líbano. El deseo expansionista judío genera así millones de exiliados que buscan asilo en Europa.

Además controlan a los terroristas “rebeldes” de Al Qaeda y el Estado Islámico, entrenados por los Estados Unidos en Arabia Saudí y los Emiratos Árabes, para atacar Irak, Libia y Afganistán. Así como el grupo Boko Haram en Nigeria. Todo para justificar el ingreso de refugiados en Europa

Pero como todo en los judíos es un arma de doble filo. Si desean mezclarnos con sus mestizos árabes para eliminar nuestra identidad cultural. Y si desean también que recibamos más de los refugiados que ellos nos mandan. Primero deberían recibirlos en Israel.

La judiada pretende exterminarnos por envidia, por rechazar su usura, y principalmente por nuestro honor. La única salida es actuar. La revolución blanca es la única solución. Debemos asegurar la existencia de nuestro pueblo y un futuro para los niños blancos.

Raza y cultura (contra el multiculturalismo)

¿Qué es cultura? ¿De qué hablamos cuando usamos la palabra: multicultural? En realidad nos referimos a la mezcla de diferentes culturas. Y la utópica propaganda nos indica que debemos pensar en diversas culturas que, gracias a su convivencia, terminarán poniéndose de acuerdo y llevando una pacífica vida de consenso.

¡Nada más lejos de la realidad! Las personas de diferente raza no son iguales. Nuestra cultura occidental europea no es igual a la cultura negra africana, tampoco es similar a la cultura asiática, ni se parece a las culturas mestizas. Nuestra cultura es incompatible con las culturas de otros pueblos.

Cultura es todo aquello que cualquier hombre hace en el sentido que le da el ars latino o el griego tekné. Además, nuestra cultura (es decir todo lo que hacemos) depende del conocimiento que nos permite crear, y al mismo tiempo se halla motivado por nuestras creencias. Cultura es sinónimo de: hacer, conocer y creer.

Un ejemplo práctico sería el David de Miguel Ángel. Su obra material es el objeto físico que hasta hoy vemos expuesto, hecho de piedra y formas. El saber se halla en el conocimiento del autor para tallar la piedra, mediante métodos específicos, hasta convertirla en un símil humano. La motivación sería el cristianismo bíblico.

Es decir que, dado que Miguel Ángel intentaba transmitir un mensaje cristiano, y además sabía cómo tallar la piedra, logra pues plasmar su obra creando aquello que llamamos cultura. Si los orientales son calculadores y los negros impulsivos, todo su hacer será radicalmente diferente.

La cultura, el hacer, puede hallarse en distintos niveles. Desde lo que haga, sepa y opine un solo hombre, hasta lo que se pueda crear en una más amplia comunidad. Con la adecuada motivación usamos nuestros conocimientos para crear beneficios materiales en transporte, comunicación, salud y más.

El hombre es capaz de crear e innovar. Pero naturalmente sirve primero a su propia familia, a sus hijos y a su mujer para cuidarlos y defenderlos. Y su familia a su vez se somete ante su pueblo, su patria y su raza. Ideal sería dar un paso más allá y compartir la multiculturalidad. Pero es imposible.

Solo una raza, de las tres principales que existen en nuestro mundo, solo una y nada más que una ha aportado más del 99% de inventos y avances. Y aun así las demás razas, puras o mestizas, pretenden eliminarnos. En su insana envidia desean ellos que los blancos desaparezcan de la tierra.

Los más envidiosos son siempre judíos. Y su meta es el exterminio blanco. Con tan radicales motivaciones nos resulta imposible una sana convivencia. Si los negros son tontos y los chinos arteros, es realmente imposible que podamos dialogar ni fundir ideas para forjar una mejor sociedad.

Las razas que no son blancas son culturalmente opuestas y nada aportan a nuestro pueblo Ario. Luego, en la estupidez de su cultura, al llegar como refugiados, no intentan dialogar ni adaptase, si no crear guetos e imponer sus opiniones. Por lo tanto, es evidente que no podemos convivir.

El blanco y la negra conviviendo pacíficamente solo es propaganda judía de Hollywood. Lo seres humanos de distintas razas no compartimos nada más que andar erguidos y hablar. Por lo demás ellos no son iguales a nosotros. No han aportado nada a la humanidad y no deben mezclarse con nosotros.

Mezclando razas solo rebajamos nuestra cultura. Mezclando culturas creamos mediocridad. Nuestra meta y último objetivo como racistas es alcanzar un estado puro. Donde la sana creatividad blanca pueda desarrollarse libremente. Y donde las demás culturas degeneradas e inferiores no tengan cabida.

Fuente: Reason and Religion

El Arte de la Guerra y el Nuevo Orden Mundial

Se dice que en el autor chino Sun Tzu escribió, entre el siglo V y IV antes de Cristo, un tratado sobre el ‘Arte De La Guerra’. Lo llamativo del texto es su desprecio por la honradez, la caballerosidad y la justa contienda. Y su elogio del engaño y la mentira.

Según el autor chino todo triunfo en la batalla se basa en conocer y estudiar todas las fortalezas y debilidades, propias y del enemigo, para luego saber cómo, cuándo y dónde aparentar frente al enemigo para hacerlo caer en infinitas trampas.

En alguno de sus sabios consejos el estratega Sun Tzu nos dice que “Cuando se está cerca, se debe parecer lejos, cuando se está lejos, se debe parecer cerca. Se muestran carnadas para incitar al enemigo. Se finge desorden y se lo aplasta”.

Todo lo contrario de la caballeresca lucha occidental, Aria y europea, Donde el honor es lo principal. Pero necesario es que conozcamos las tretas y argucias de estas razas tan diferentes a la nuestra. Solo así podremos darles batalla.

En principio, lo que os quiero decir es que: si bien podemos reservar la digna lucha a los miembros de nuestra estirpe. Del mismo modo, y con sus mismas armas deberemos exterminar al enemigo invasor que intenta doblegarnos.

Sun Tzu dice que “si utilizas al enemigo para derrotar al enemigo, serás poderoso en cualquier lugar a donde vayas”. Y no le falta razón. Por ello es que el judío internacional nos hace pelear entre hermanos blancos en interminables guerras fratricidas.

Y así lo hicieron los aliados comandados por oscuros judíos durante la segunda guerra mundial. Y aun hoy avivan la llama de discordia entre pueblos hermanos fomentando separatismos y chauvinismos absurdos. Despertad hermanos. La guerra ha comenzado.

Hombres blancos en todo el orbe, uníos contra la pérfida judiada. Ese es y será siempre el grito de nuestro pueblo. La unión hace la fuerza. Divide y vencerás. El enemigo lo sabe, es momento de entenderlo nosotros también. Solo nuestra blanca unidad nos otorgará la victoria.

“La mejor victoria es vencer sin combatir”, afirma el chino aquel. E incluso nos recalca luego que “un general alcanza la perfección cuando rinde a su enemigo sin presentar batalla.”. Y analizando notamos que nos habla de manipulación.

Es muy caro y costoso someter al enemigo luchando cara a cara, dignamente, como lo hemos hecho en Europa durante cientos de años. Para ellos siempre será mucho más fácil y conveniente manipular y tergiversar la realidad. La mentira es su espada.

Poco a poco vamos entendiendo el enrevezado libro oriental. Y al entenderlo entendemos también que esas mismas tácticas son las que usa hoy la judería del mundo para implantar su nefasto y tiránico nuevo orden mundial.

En resumen, se puede citar la máxima de la guerra sin cuartel cuando Sun Tzu indica que “lo supremo en el ‘Arte De La Guerra’ consiste en someter al enemigo sin darle batalla”. La sociedad aborregada que nos rodea lo confirma.

Nos dicen los judíos qué y cómo pensar. Lo logran utilizando su prensa, su cine y todos los medios a su disposición. Que la homosexualidad está bien, nos dijeron. Que el sexo debe ser por placer y que la pornografía y la prostitución son cosas sanas y normales.

Abortar y matar a tu propio hijo es algo saludable según ellos, y faltarle el respeto a tus abuelos y demás ancestros es lo mejor que puedes hacer. Porque si no, según ellos, no eres libre. No has logrado nada si no reniegas de los padres que te criaron.

Pura mierda, falacias y mentiras. Todas inoculadas lentamente en tu cerebro inconsciente. Constantemente martilladas frases absurdas hasta que creas que realizas tu propia voluntad en plena libertad. Pero la realidad es más cruda.

Ellos, los judíos, los esbirros de Rothschild, no quieren gastar en armas ni en guerras contra el pueblo europeo. Tras la revolución Rusa y la derrota alemana en la Segunda Guerra notaron que más les convenía manipularnos y engañarnos.

El peor esclavo es el que defiende a su amo. Así el corruptor y asesino puede decirte que mueras por él. Que mates por él. Y tú nunca sabrás para quien trabajas porque piensas que eres libre. Los malos consejeros son como venenosas lenguas de serpiente.

No hagas caso de aquellos oscuros consejos. No seas como aquel rey que confiando ciegamente en sus asesores, perdió de vista su propio juicio y cayó su reino en manos del enemigo infiltrado. Es momento de despertar.

El hombre blanco debe resurgir como el fénix de la ceniza. No nos han derrotado con sus engaños. Valientes y exiguos, seguimos sin embargo en pie de guerra. Porque nuestra guerra es justa. Porque amamos a los nuestros. Por eso luchamos.

Luchan ellos solo por material placer y por vicio. Se regocijan ellos viéndonos morir y bregar en charcos de sangre creados por su maldito odio. Quieren vernos sufrir pero yo no lo permitiré. Si es que intentan engañarme. Simplemente ¡los aniquilaré!

La familia judía de Hitler

Todo comenzó con un hombre y su deseo de ayudar a su pueblo. Ese hombre fue Adolf Hitler, y su legado de respeto, honor y amor por su gente sigue vigente hasta nuestros días. Pero hay un grupo de enemigos de la humanidad, cuyo único objetivo es esclavizarnos a todos. Y fueron ellos quienes vieron en Hitler a su más temible enemigo. Por eso inventaron una y mil patrañas con el objetivo de presentarlo bajo la peor luz posible.

Los judíos y sus vulgares negocios basados en el vicio y el crimen se vieron amenazados por la sana moral Aria impulsada por el líder alemán. Es así que, en su deseo de hundir y humillar al Führer, desataron una serie de calumnias contra él. Logrando que muchos incautos, al enterarse de tan escandalosas como infundadas difamaciones, se hayan puesto del lado de los criminales judíos y en contra de toda dignidad y sensatez.

Hans Michael Frank, abogado personal de Hitler, habría dicho en sus memorias escritas antes de ser ejecutado por los vencedores en 1946, y publicadas en 1953 con el título de ‘Im Angesicht des Galgens’, que el abuelo paterno de Hitler era judío. Según cuenta la leyenda, el sobrino de Hitler, William Patrick Hitler, habría llegado desde Inglaterra solicitando trabajo en el gobierno de su tío, siendo rechazado su pedido al ser considerado nepotismo.

El susodicho sobrino, viéndose maltratado, habría amenazado con hacer públicos los secretos más oscuros de la familia. Y en realidad William Patrick se sintió siempre mucho más cercano a la rama anglosajona de su madre, por lo que incluso cambió su nombre por el de William Patrick Stuart-Houston y se fue a vivir a los Estados Unidos en 1939, poco antes de iniciarse la guerra, con el fin de no llamar la atención sobre su ascendencia alemana.

La que sí quiso llamar la tensión fue la madre de William Patrick Hitler, la señora Bridget Dowling, que llegó a Norteamérica siguiendo a su hijo con el fin de vender un manuscrito al que dio el nombre de ‘My Brother-in-Law Adolf’, donde narraba cómo fue la vida en su casa de Liverpool cuando el joven Adolf la visitó, según cuenta ella, desde noviembre de 1912 hasta abril de 1913. Seis meses de los que muchos especulan sin probar nada.

El texto de Bridget Dowling nunca pudo ser vendido por ser demasiado fantasioso. Decía ser ella quien sugirió la forma en que Hitler luego cortaría su bigote, y que habría sido ella también quien inició a su cuñado en la astrología. Lo más indignante es que, basándose en estas fantasías, especuladores poco serios suponen que Hitler viajó a Inglaterra para ser entrenado por la oficina de propaganda británica conocida familiarmente como la ‘Wellington House’.

Toda una serie de mentiras. Primero porque Hitler nunca pisó Inglaterra, y no hay pruebas que demuestren lo contrario. Además, la ‘Wellington House’ recién comenzó sus operaciones en 1914. Y tanto la ‘Wellington House’ como la ‘Tavistock Clinic’, que se dice fue creada por la misma oficina de propaganda británica en 1920 para investigar nuevos métodos de manipulación social, tenían sus oficinas en Londres, y no en Liverpool.

Hoy en día, en pleno siglo XXI, un viaje en avión de Liverpool a Londres dura aproximadamente una hora. Por lo que, suponiendo que ya hubiese existido algo similar a la ‘Wellington House’ en 1913, para que Adolf fuese adiestrado por los ingleses, o debía viajar todos los días una gran distancia, o vivía con sus entrenadores en Liverpool (donde resultarían sospechosos), o nunca vivió con su tía si no en Londres… o toda esta historia es falsa.

Hans Michael Frank cuenta en sus memorias que recibió un encargo personal del propio Hitler para investigar el árbol genealógico del Führer. Esto tras las amenazas de su sobrino William Patrick. Encontrando que el abuelo paterno era un desconocido judío llamado Leopold Frankenberger para quien trabajaba la abuela. Al no ser reconocido por su padre judío, Alois Hitler (padre de Adolf) tuvo que llevar el apellido Schicklgruber de su madre.

Pero William Patrick Hitler llegó solicitando trabajo a Alemania recién en 1933, y Frank afirma que comenzó a investigar la ascendencia de Adolf Hitler ya en 1930. Nuevamente, las fechas no cuadran. Luego, sabemos que la madre de Alois, la señora Maria Schicklgruber provenía de la villa de Döllersheim, aunque Frank afirma que era natural de la ciudad de Leonding. Un error evidente entre muchos otros que provocan el rechazo de todo historiador serio.

Se dice que Maria Schicklgruber, abuela de Hitler, trabajó en Graz hacia 1836, año en que Alois Hitler, padre de Adolf, habría sido engendrado. Allí habría conocido al judío Frankenberger. Pero según el autor John Toland en su libro ‘Adolf Hitler: The Definitive Biography’ de 1976, el investigador Nikolaus Preradovic, de la Universidad de Graz, descubrió que los judíos no pudieron asentarse a vivir en Graz si no hasta 1856.

Aunque recién a partir de 1848 el emperador Francisco José I de Austria comenzó a ceder ante los intereses semitas, también es cierto que desde el siglo XVIII gran cantidad de judíos podían asistir a las ferias comerciales realizadas anualmente en Graz. Sin embargo, ante la falta de evidencias contundentes, se especula que el señor Frank solo uso una variante de su propio apellido, añadiéndole el sufijo ‘berger’ para hacerlo más judío.

Terminada la guerra los aliados arrasaron la villa de Döllersheim, donde nació el padre y la abuela de Adolf Hitler, y donde se hallaban los registros que habrían probado la estancia allí de la señora y la ausencia de judíos hacia la década de 1830. Hoy los mismos falsos historiadores que avalan mentiras como el holocausto, responsabilizan sin pruebas al propio Hitler de haber destruido la tierra de sus ancestros para ocultar su origen.

En realidad la historia es más sencilla. Hacia 1836 Johann Georg Hiedler con 45 años y Maria Schicklgruber con 42 conciben, sin esperarlo, a un niño llamado Alois. Al no estar ellos casados el niño es considerado ilegítimo y toma el apellido materno Schicklgruber. En 1842, cuando Alois tenía ya 5 años, sus padres contraen recién matrimonio. Y a los 10, tras la muerte de su madre, es enviado donde su más acomodado tío para que reciba una buena educación.

Lamentablemente los padres de Alois nunca se preocuparon por cambiar su apellido de Schicklgruber a Hiedler. Recién en 1876, con 39 años, el propio Alois se acercó al párroco de Döllersheim, junto a tres familiares presentados como testigos (entre ellos el mencionado tío Johann Nepomuk Hiedler), afirmando que sus padres se habían casado y por lo tanto deseaba llevar el apellido de su padre. En el acta se escribió Hitler en lugar de Hiedler.

En 1972 el psicólogo Walter Charles Langer publica el libro ‘The Mind of Adolf Hitler’ donde especula que la abuela de Hitler trabajo en Viena (no en Graz) como cocinera en la casa de los Rothschild (en lugar de Frankenberger). Teniendo allí un hijo ya sea con Anselm Salomon o con su padre Salomon Mayer. A pesar de ser judíos los Rothschild podían transitar libremente por Viena luego de haber comprado títulos nobiliarios en Austria.

Como ya es común en este tipo de cuentos, es evidente una total carencia de documentos históricos y datos comprobados. Baste decir que durante el Trecer Reich el régimen Nacional Socialista confiscó y cerró los bancos y negocios de la nefasta familia judía Rothschild. Y así lo muestran los diarios y publicaciones de aquella época. Bajo el mandato de Hitler la casa Rothschild no pudo seguir aprovechándose del pueblo con su usura.

Además, los abuelos de Hitler, tanto en la línea paterna como materna, eran de clase media y origen campesino, por lo que resulta casi imposible que la señora Maria Anna Schicklgruber haya trabajado al servicio de ningún judío, ya que de haber tenido necesidades económicas lo habría hecho en la casa de algún familiar, tal como lo hizo Klara Pölzl, madre de Hitler, en la casa de su abuelo, donde conoció a su tio y futuro esposo Alois.

Aunque siempre tendencioso y deseoso de complacer al establishment judío, casi la totalidad de documentos y datos fidedignos, comprobables y reales, y no simples especulaciones sobre Hitler, se los debemos al historiador alemán Werner Maser, quien fuera nombrado administrador de los bienes de Hitler y su familia tras la guerra, y que, seguramente sin querer, nos ha entregado los documentos que desmienten cualquier origen judío de Hitler.

Irónicamente, como lo relató por primera vez el Daily Mirror de Londres en 1933, el único judío llamado Adolf Hittler (con doble ‘t’) habría sido enterrado en el cementerio hebreo de Bucarest hacia 1892. Su lápida, que fue restaurada en 1987 cambiándola de lugar pero manteniendo las inscripciones originales, nos indica que su verdadero nombre era Avraham Eliyahu pero al parecer era conocido entre los gentiles como Adolf Hittler.

Fuentes: Poemas del río Wang / The Hitler Pages / Truth For Germans / Carolyn Yeager / Qué nos ocultan